Con una sesión solemne en el Plenario Ulysses Guimarães de la Cámara de Diputados, Brasil conmemoró este 3 de marzo el bicentenario de las relaciones diplomáticas con la Santa Sede, un vínculo iniciado en 1826 que ha atravesado distintos momentos históricos y regímenes políticos, manteniendo como eje el respeto mutuo, la cooperación y la promoción del bien común.
La ceremonia, que forma parte del calendario oficial de celebraciones en el país, reunió a los obispos del Consejo Permanente de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB), parlamentarios, miembros del cuerpo diplomático y autoridades civiles y eclesiásticas.
Vínculo que nació con la independencia
Durante la sesión se proyectó un video producido por la CNBB que repasó los 200 años de colaboración entre Brasil y la Santa Sede. La pieza recordó los esfuerzos del Imperio brasileño por obtener el reconocimiento internacional tras la independencia de 1822. En ese contexto, el emperador Don Pedro I envió al Vaticano a monseñor Francisco Corrêa Vidigal para negociar el reconocimiento formal del nuevo Estado.
El 23 de enero de 1826, el papa León XII aceptó las cartas credenciales del representante brasileño, dando inicio oficial a las relaciones diplomáticas entre ambos Estados. Desde entonces, la cooperación se ha mantenido como un compromiso compartido en favor del bien común.
Brasil se convirtió así en el primer país del continente americano en formalizar lazos diplomáticos con la Sede Apostólica y el cuarto en el mundo en hacerlo. El video presentado también evocó las celebraciones realizadas en Roma en enero de este año, los principales frutos de esta relación y las proyecciones de colaboración futura.
El mensaje del Papa León XIV
Se dio lectura al mensaje enviado por el Papa León XIV, a cargo del Nuncio Apostólico en Brasil, monseñor Giambattista Diquattro.
En su carta, fechada el 11 de febrero de 2026, el Pontífice expresó su acción de gracias por este aniversario, que calificó como “un hito de singular importancia para la nación brasileña y para la Iglesia”. Resaltó que la celebración pone de relieve “la longevidad de una amistad auténtica”, capaz de adaptarse a las transformaciones sociales y políticas tanto del país como del mundo.
El Papa hizo hincapié en el trabajo “diligente – y muchas veces silencioso – de diplomáticos y eclesiásticos” que, desde 1826, han contribuido a consolidar una relación profunda y vigorosa. En su mensaje, recordó el papel decisivo de la Iglesia en Brasil en los ámbitos educativo, cultural y moral, señalando que, desde el período colonial, contribuyó a la formación de identidades locales, a la difusión de valores éticos comunes y al debate público sobre temas como la justicia y el bien común.
Asimismo, afirmó que la separación jurídica entre Iglesia y Estado no significó ruptura, sino el perfeccionamiento de una colaboración respetuosa y enriquecedora para ambas partes. En ese sentido, remarcó que el bicentenario confirma que la Santa Sede tiene en Brasil “un socio privilegiado” para promover la paz, la dignidad humana, el cuidado de los más pobres y la protección de la casa común. El Pontífice concluyó invocando la intercesión de Nuestra Señora Aparecida, patrona de Brasil, y concediendo su Bendición Apostólica a todos los participantes y al pueblo brasileño.
Madurez institucional
En su intervención, el cardenal Paulo Cezar Costa, arzobispo de Brasilia, recordó que las relaciones diplomáticas acompañaron momentos decisivos de la historia nacional, desde el Imperio hasta la consolidación de la República. Mencionó episodios como la “Cuestión Religiosa” (1873-1875) y el Decreto 119-A de 1890, que formalizó la separación entre Iglesia y Estado al poner fin al régimen del patronato.
Según el purpurado, este proceso dio lugar en Brasil a un modelo de “laicidad positiva”, en el cual Estado e Iglesia son distintos e independientes, pero colaboran en favor de la sociedad. También evocó las visitas de san Juan Pablo II y del Papa Francisco, así como el Acuerdo Brasil-Santa Sede, firmado en 2008 y promulgado en 2010, como expresión de madurez jurídica y garantía de libertad religiosa en el marco del Estado laico.
Por su parte, el presidente de la CNBB y arzobispo de Porto Alegre, cardenal Jaime Spengler, afirmó que el bicentenario es ocasión para recordar “un camino espiritual y humano” en el que la diplomacia estuvo al servicio de la paz y de la dignidad de la persona humana. Señaló que, a lo largo de dos siglos, el fundamento de esta relación ha sido la centralidad de la persona, creada a imagen de Dios y llamada a la libertad y la responsabilidad.
Compromiso con el futuro
El enviado especial del Papa para las celebraciones, el cardenal Lorenzo Baldisseri, dijo que este aniversario no solo invita a celebrar, sino también a revisar la historia común entre Iglesia y Estado en Brasil, resaltó que el acuerdo de 2008 consolidó jurídicamente aspectos ya vividos en la práctica y brindó mayor seguridad jurídica a la acción pastoral.
La sesión solemne fue un espacio para continuar una relación basada en el diálogo, la autonomía institucional y la cooperación en favor del bien común. Las actividades conmemorativas continúan con una misa de acción de gracias en la Catedral Metropolitana de Brasilia, la inauguración de un nuevo centro de distribución de Edições CNBB y una recepción diplomática organizada por la Nunciatura Apostólica.
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