En la explanada del templo San José de Ybycuí, el 4 de julio, los obispos del Paraguay concluyeron la 245.ª Asamblea General Ordinaria de la Conferencia Episcopal Paraguaya con una eucaristía presidida por monseñor Pierre Jubinville, obispo de San Pedro Apóstol y presidente del episcopado. La liturgia, se realizó en el marco del 82.º aniversario del fallecimiento del Siervo de Dios padre Julio Cesar Duarte Ortellado y dio cierre a una semana dedicada a la espiritualidad sinodal.
Ante fieles, laicos y religiosas, Jubinville evocó el pasaje bíblico de la sepultura de Sara y la elección de Rebeca para subrayar cómo la confianza de Abraham abre espacio a la libertad humana y al cumplimiento de la promesa divina. “Nos toca ser vistos en estado vocacional”, indicó, haciendo notar que todo cristiano está llamado a dar razón de su esperanza con la vida misma.
Un testimonio de vocación y servicio
Inspirado por la figura del padre Julio César, el prelado describió la vocación como un dinamismo de salida permanente. Releyó las cartas que el sacerdote enviaba a su familia —“Perdón, papá, por no poder estar contigo”, repetía— para mostrar la entrega que implica responder a la voz de Dios. Esto agregó, implica “dejar la propia tierra, asumir tareas pastorales y sociales y recorrer territorios desconocidos”.
- Foto: Episcopado paraguayo
El directivo, trasladó esa experiencia al presente e invitó a los obispos a compartir, también entre ellos, cómo fueron tocados por la llamada al ministerio y las resistencias que el Señor venció en sus corazones. “Es por Cristo que estoy aquí”, enfatizó, insistiendo en que la autenticidad de la misión se acredita en la transparencia de la vida cotidiana y en la coherencia con el estilo de Jesús.
Legado del Padre Julio César
La eucaristía jubilar permitió a la asamblea reconocer en el Siervo de Dios, un espejo de la propia historia vocacional. Entre tanto, monseñor Osmar López (Misiones y Ñeembucú) y monseñor Celestino Ocampos (Carapeguá) ofrecieron una actualización del proceso de beatificación e invitaron a perseverar en la oración “para que pronto sea elevado a los altares”.
El cierre litúrgico confirmó la comunión que los obispos mantuvieron durante el retiro y proyectó el compromiso de seguir “haciendo todo por Cristo”, tal como proclamó Jubinville. Con la bendición final, la Asamblea quedó oficialmente clausurada y los pastores partieron a sus diócesis con el propósito de contagiar el ardor misionero que marcó estos días.
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