La hermana Birgit Weiler, religiosa y teóloga, consultora del Sínodo de Obispos, ofreció importantes reflexiones durante el IV Congreso Continental de Teología Latinoamericana, realizado en Perú del 22 al 24 de octubre de 2025.
En este evento, organizado por Amerindia, el Instituto Bartolomé de las Casas (IBC) y la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), bajo el lema “Horizontes de liberación, tejiendo esperanzas desde abajo«, la religiosa señaló que “estamos viviendo un Kairós”, es decir, un tiempo especial en el que Dios nos invita a abrirnos a su acción.
“Es un momento en el cual Dios nos invita mucho a acoger este momento porque encierra la posibilidad de crecer en la fe, en nuestro testimonio, en la vivencia del Reino de Dios y sus valores», expresó.
Weiler destacó también el camino sinodal que ha recorrido la Iglesia en nuestra región, resaltando la importancia de las distintas fases del proceso en que participó activamente.
“Participando en las distintas fases del sínodo, contribuimos con nuestras voces, nuestras experiencias de fe”, afirmó, y agregó que ahora es momento de poner en práctica todo lo aprendido.
La participación activa ha sido fundamental para consolidar una Iglesia que escucha, acompaña y camina en comunión, en coherencia con el espíritu del camino sinodal propuesto por el Papa Francisco.
Anunciar a Cristo
La sinodalidad, según Weiler, implica que toda la Iglesia debe estar en salida, comprometida con los más pobres y marginados, promoviendo justicia, paz y dignidad para todos desde la dignidad de bautizados.
Weiler enfatizó que la sinodalidad tiene una dimensión profundamente misionera. “La sinodalidad es para anunciar a Cristo en la misión”, afirmó.
Esto requiere que todos los miembros de la Iglesia experimenten una verdadera conversión en sus relaciones, “aprendiendo a tratarnos de igual a igual y a respetar la dignidad de cada persona”.
La misión no puede limitarse solo a predicar – indicó –, sino que debe traducirse en acciones concretas que alivien el sufrimiento de los más vulnerables y de nuestras propias relaciones con los demás, por ejemplo, “debemos aprender más a cuidar nuestra casa común y escuchar entonces con atención el clamor de la tierra y de los pobres”.
La religiosa resaltó que responder a este clamor requiere una actitud valiente y profética para cuidar la vida de “nuestros hermanos y hermanas en pobreza y vulnerabilidad”.
“La misión sinodal, que implica conversión y escucha activa, busca transformar nuestras relaciones con Dios, entre hombres y mujeres, con los otros y con toda la creación, en un camino de solidaridad y justicia”, puntualizó.
La sinodalidad como camino de esperanza activa
La hermana Weiler remarcó que la sinodalidad impulsa a la Iglesia a ser más profética y valiente frente a los grandes desafíos actuales.
“Es fundamental que la Iglesia se convierta en un testimonio vivo del Evangelio, que promueva una justicia ecológica y social”, afirmó.
La participación activa de todos los miembros y la escucha atenta a las voces de los marginados y la naturaleza son pilares para avanzar en esa esperanza.
Finalmente, Weiler insistió en que la sinodalidad requiere que la Iglesia sea un espacio abierto, que fomente relaciones de respeto, igualdad y escucha mutua.
“Solo así podremos sembrar semillas del Reino que transformen realidades y sean signos de esperanza en medio de tantas crisis”, concluyó.
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