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Paraguay celebra la declaratoria de la Festividad de Caacupé como Patrimonio Cultural Inmaterial

Foto: Episcopado paraguayo

Este 8 de diciembre, la Secretaría Nacional de Cultura declaró la festividad de la Virgen de los Milagros de Caacupé como Patrimonio Cultural Inmaterial, un reconocimiento que subraya su papel decisivo en la vida espiritual del Paraguay y su permanente influencia en la cultura devocional del país.

El anuncio se realizó este lunes, en plena solemnidad de la Inmaculada Concepción y antes de la Misa Central. Con la resolución N.º 791/2025, la Secretaría de Cultura destacó la relevancia histórica y religiosa de esta tradición. Frente al atrio de la Basílica, la ministra Adriana Ortiz y monseñor Ricardo Valenzuela descubrieron la placa que dejará testimonio perdurable de este reconocimiento.

Identidad, fe y memoria compartida

La declaratoria no solo alude a un hecho religioso, sino a una práctica profundamente arraigada en la vida del pueblo paraguayo. Es así como cada año, peregrinaciones y expresiones de fe fortalecen una devoción que va más allá de lo litúrgico y actúa como un lazo de identidad nacional. Para la Secretaría, esta festividad evidencia la capacidad del país de mantener y compartir su espiritualidad en comunidad.

El acto cobra un valor importante, pues se presenta en un momento en que el país enfrenta tensiones sociales, dificultades económicas y retos éticos que demandan unidad y un camino de esperanza para su población. Al convertirse en patrimonio histórico de la ciudad, la festividad de Caacupé se ratifica como un espacio donde familias y comunidades encuentran identidad y fuerzas para afrontar los desafíos del presente.

La voz de la Iglesia en un país que busca esperanza

Por otra parte, al cierre de este momento solemne del destape de la placa frente al atrio de la Basílica, la diócesis de Caacupé, guiada por monseñor Valenzuela, dio inicio a la misa por la solemnidad de la Inmaculada Concepción. En su homilía, inspirada en el lema “Denles ustedes mismos de comer”, hizo un llamado a la comunidad a mirar las necesidades actuales y a responder desde una fe con acciones solidarias y justas hacia los más vulnerables.

Igualmente, invitó a tomar a María como ejemplo de entrega, subrayó que la fe se constata en obras concretas hacia el prójimo. Ante las desigualdades que tocan actualmente al país, el prelado pidió renovar la solidaridad siendo capaces de ir más allá del interés personal y “compartir el pan” con quien más lo necesita. Su mensaje quiso despertar la conciencia social frente a quienes viven carencias, soledad o falta de oportunidades.

Un llamado ético frente a los desafíos nacionales

El prelado alertó sobre la indiferencia y la corrupción, prácticas que —dijo— debilitan la convivencia. Además, recordó que el compromiso cristiano va desde cuidar la dignidad de los más vulnerables y promover el bien común. Notó que la solidaridad es una obligación moral capaz de transformar realidades y fortalecer la confianza en las instituciones y entre las personas.

El líder religioso observó que la educación, la honestidad y la participación responsable son el trípode que no pueden faltar para la construcción de un país más justo y equitativo. En el marco de la fiesta de Caacupé, invitó a reconocer que cada gesto de generosidad contribuye a sostener la vida comunitaria. Por último, dijo que este tiempo ofrece la ocasión de unirse como país y reforzar el compromiso de servicio.

 

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