Al concluir el Año Jubilar 2025, la Iglesia en las Antillas emitió un mensaje dirigido a todo el Pueblo de Dios en la región, en el que reflexiona sobre los frutos espirituales del año y la importancia de caminar juntos como Iglesia sinodal. El comunicado, titulado “The Journey Continues – Walking Together in Faith and Struggle”, subraya que la esperanza cristiana no es una negación del sufrimiento, sino la confianza en el amor fiel de Dios que transforma la historia desde dentro.
Los obispos resaltan que “la esperanza cristiana no es una negación del sufrimiento, sino la confianza en el amor fiel de Dios que acompaña la historia y la transforma desde dentro”.
Este tiempo jubilar, expresan, ha fortalecido el coraje del Pueblo de Dios para enfrentar las sombras: personales, eclesiales y sociales, “no con miedo, sino con confianza”, y ha renovado la certeza de que incluso en la fragilidad y la lucha, Dios obra pacientemente, generando nueva vida en lo que parece roto o inconcluso.
Jubileo y el camino sinodal
El mensaje resalta la estrecha relación entre la sinodalidad y la esperanza vivida en el Jubileo: “Caminar como Iglesia sinodal requiere paciencia, humildad, atención y perseverancia. Nos llama a escuchar profundamente, a dejarnos desafiar y a permanecer abiertos a la conversión”.
La experiencia del Jubileo invita a “soltar viejas seguridades y confiar en que Cristo camina con nosotros en el camino, especialmente cuando el futuro es incierto”.
Los obispos explican que la esperanza, anclada en la fidelidad de Dios, “nos sostiene mientras aprendemos a escuchar, discernir y caminar juntos como Pueblo de Dios”.
Gracias del Año Jubilar
Entre los dones más destacados, los obispos mencionan: Gracia para entrar en la oscuridad – confiando en Dios juntos: “La luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad no la ha vencido” (Jn 1,5). El Jubileo ha dado el valor de reconocer la oscuridad —confusión, fracaso, miedo y quebranto— y permanecer en ella con fe. Los obispos señalan que “como los discípulos en el camino a Emaús, aprendemos que Cristo nos encuentra precisamente en el camino de la lucha. Cuando se acoge con confianza, la oscuridad se convierte en espacio donde se forman la compasión, la humildad y la comunión”.
Gracia de conversión – del “Yo” al “Nosotros”: “Sed transformados por la renovación de vuestra mente” (Rom 12,2). El Jubileo ha renovado el llamado a la conversión de corazones, mentes y estructuras. Esta conversión implica abandonar hábitos que no sirven al Evangelio y abrirse a una experiencia de Iglesia en la que obispos, clero, religiosos y laicos participan en la conversión constante del corazón y la mente, pasando de decisiones individuales a discernimiento comunitario.
Gracia de responsabilidad: “Os daré pastores según mi corazón” (Jer 3,5). La sinodalidad, subrayan los obispos, exige liderazgo intencional: discernimiento, humildad, colaboración, formación constante y procesos sinodales estables y creíbles. La profecía de la Iglesia se sostiene no solo con palabras, sino con liderazgo coherente, responsable y arraigado en la oración.
Gracias de comunión y esperanza
Gracia de comunión para la misión – amor que envía: “Se dedicaban a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión” (Hch 2,42). Los frutos de la sinodalidad incluyen comunión más profunda, fraternidad renovada y alegría compartida. Donde clero, religiosos y laicos participan en escucha y discernimiento genuinos, emergen relaciones fortalecidas y nueva vitalidad. La sinodalidad se fundamenta en el amor, que une y envía en misión.
Gracia de esperanza – coraje para continuar:
“Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas” (Is 40,31). El Jubileo ha renovado la esperanza que no defrauda, porque se ancla en la confianza en el amor fiel de Dios. Esta esperanza da fuerza y valor para perseverar en medio de desafíos.
Los obispos insisten en que “la sinodalidad no es una iniciativa temporal, sino un estilo de vida que el Espíritu está formando en nosotros. Cristo permanece como nuestro compañero en el camino. El amanecer vendrá. El viaje continúa”.
Compromisos para las diócesis
El comunicado exhorta a cada diócesis de las Antillas a implementar activamente los frutos del Documento Final de la Asamblea Sinodal 2024, integrando sus enseñanzas en prioridades pastorales, estilos de liderazgo, programas de formación y procesos de toma de decisiones.
Se recomienda evaluar regularmente: “¿Dónde nos estamos volviendo más participativos? ¿Dónde resistimos la conversión? ¿Cómo estamos formando e invitando a los discípulos a caminar juntos?”
Los obispos encomiendan la continuidad de este camino a la protección maternal de Nuestra Señora de Guadalupe, Emperatriz de las Américas, y piden valentía para seguir a su Hijo y construir “una Iglesia que se vacíe a sí misma, que se relacione, escuche, discierna y sea valiente para llevar la Buena Nueva a los pobres”.
Letter-on-the-Closing-of-the-Jubilee-Year-17.12.2025-1-1Le puede interesar: La Iglesia en Venezuela advierte sobre la pérdida de tranquilidad y llama a construir la paz desde la justicia
Suscríbete gratis por a nuestro canal de Whatsapp https://bit.ly/4hbWWN0
Inscríbete en “Together”, la plataforma de formación masiva sobre sinodalidad https://bit.ly/4mkqeuk
Porque hay que cuidar a quienes protegen la creación, llega el podcast La Vida pende de un Hilo https://bit.ly/46cGUiB
Escucha el Himno del Jubileo en su versión latinoamericana y caribeña https://bit.ly/41l312</a













Post a comment