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Presidentes de Episcopados de las Américas proyectan acciones comunes desde la escucha y el discernimiento sinodal

Los presidentes y representantes de las Conferencias Episcopales de América se reunieron en la ciudad de Tampa para fortalecer la comunión eclesial y proyectar respuestas conjuntas ante los desafíos que atraviesa el continente.

El encuentro, desarrollado del 14 al 17 de febrero, congregó a las presidencias de la Conferencia de Obispos de Estados Unidos (USCCB), la Conferencia de Obispos de Canadá (CCCB) y el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), en continuidad con una tradición de diálogo episcopal iniciada en 1959 y orientada hoy por el horizonte de la sinodalidad.

Orar, conocerse y discernir juntos

El cardenal Jaime Spengler, presidente del Celam, señaló el valor eclesial del espacio compartido: “Nosotros del Celam, junto con la presidencia de la Conferencia Episcopal Estadounidense y Canadiense, nos encontramos aquí para conocernos mejor, para orar juntos y para reflexionar sobre temas que afectan la realidad de nuestras iglesias”.

Entre los asuntos abordados resaltó la migración, la sinodalidad y la polarización social y eclesial. “El tema de la inmigración es un tema decisivo para todos nosotros. El tema de la sinodalidad, este camino iniciado por el Papa Francisco y en el cual debemos avanzar en el tiempo y en las realidades eclesiales locales. El tema de la polarización es algo que nos divide, y nosotros somos llamados a construir comunión, unidad”, expresó.

El presidente del Celam confió además el proceso pastoral a la intercesión mariana: “Interceda por nosotros la Virgen de Guadalupe, a fin de que en todo momento podamos escuchar esto que su Hijo tiene que decirnos en el tiempo presente, para que podamos avanzar en el proceso evangelizador del continente y de América”.

Experiencia práctica de sinodalidad

Mons. Pierre Goudreault, presidente de la CCCB, se refirió al carácter sinodal de la cita continental: “Este encuentro permite reunir a las conferencias episcopales de Estados Unidos, Canadá, así como al Celam, que representa por sí solo a 22 conferencias episcopales”. El obispo explicó que el espacio ofreció “un tiempo precioso a nosotros, los obispos, para aprender a conocernos mejor, crear vínculos, reflexionar juntos sobre preocupaciones comunes y, por supuesto, escucharnos unos a otros y aprender de nuestras experiencias”.

Entre los temas tratados mencionó “la inmigración y sus desafíos, (…) la polarización y el proceso de implantación de la sinodalidad en nuestras iglesias locales”. Para el presidente de la conferencia canadiense, la reunión fue “una hermosa expresión de la sinodalidad donde, entre obispos, nos tomamos el tiempo para escucharnos, aprender y también, yo diría, para cambiar nuestra mirada sobre la situación de las iglesias locales en las diferentes regiones de las Américas”.

Asimismo, adelantó que el encuentro contempla la publicación de un mensaje dirigido al Pueblo de Dios en todo el continente, para expresar cercanía ante “diferentes dificultades, esperanzas y angustias”, particularmente las vinculadas a la migración, la violencia y la inseguridad. “Es importante estar presentes ante esta cuestión, pero también renovar al Pueblo de Dios. De aquí el deseo de los obispos de estar a su servicio, de caminar juntos por el bien del anuncio del Evangelio en las Américas”, sostuvo.

Fraternidad episcopal y colegialidad continental

Por su parte, Mons. Paul S. Coakley, presidente de la USCCB, valoró el encuentro como una vivencia inédita en su ministerio: “Esta es mi primera experiencia en la conferencia de la Iglesia en América, en la cual los obispos de Estados Unidos, Canadá y América Latina nos reunimos. Es una hermosa experiencia de fraternidad, ciertamente de colegialidad, y también una nueva experiencia de sinodalidad”, expresó.

El prelado agradeció la oportunidad de compartir: “Un buen momento para conocer a hermanos obispos de todos los rincones de las Américas. Por ello, estoy agradecido por la oportunidad de unirnos, de aprender unos de otros, de escucharnos mutuamente y de apoyarnos entre nosotros”.

Desafíos comunes del continente

Durante la cumbre, los obispos oraron y discernieron sobre problemáticas que atraviesan a la Iglesia y a la sociedad en América: pobreza y exclusión, migración y refugio, reconciliación con pueblos indígenas, trata de personas, narcotráfico y dinámicas de narcoestado.

En sus declaraciones conjuntas señalaron el deseo de responder de manera más articulada al sufrimiento del Pueblo de Dios, especialmente ante la estigmatización de migrantes, el agravamiento de la pobreza, las tensiones políticas y la inseguridad social.

Como fruto del encuentro, los prelados manifestaron su decisión de fortalecer la cooperación pastoral sinodal en todo el continente, convencidos de que la comunión episcopal es clave para afrontar los retos actuales.

Mensaje de esperanza para el Pueblo de Dios

Ningún migrante es extranjero para la Iglesia”, es la convicción del Mensaje final que preparan los obispos, invitando a comunidades, parroquias y familias a ser signo concreto de esperanza.

Inspirados en la exhortación paulina a hablar “a una sola voz” (cf. Rom 15,6), los pastores reiteraron su voluntad de seguir caminando juntos, generando espacios de encuentro episcopal continental capaces de responder evangélicamente a los desafíos del tiempo presente y de sostener el proceso evangelizador en todas las Américas.

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