En ocasión de la VI Asamblea General de la Conferencia Eclesial de la Amazonía, el cardenal Jaime Spengler, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño, presidió la celebración eucarística del miércoles 18 de marzo, ofreciendo una reflexión centrada en el amor como fundamento de la vida cristiana y en la misión profética de la Iglesia en tiempos de crisis.
El amor, fundamento de la vida
En su homilía, el purpurado habló sobre el núcleo del mensaje cristiano a partir de la relación entre el Padre y el Hijo: “¡El Padre ama! Y cuanto más nos adentramos en el misterio del Padre que es amor, más descubrimos nuevos mares, ríos, horizontes, posibilidades…”.
A partir de esta afirmación, remarcó que “la relación Padre – Hijo constituye la base de la existencia humana”, “Por lo tanto, el amor es la base de la existencia humana”.
El Card. Spengler explicó que en Jesucristo se revela plenamente esta verdad, pues “Jesús nos devuelve así nuestro rostro oculto, que es el mismo de Dios, el Padre”, haciendo visible que la vida es posible gracias a la “relación de amor”.
Ser profetas en medio de las crisis
El presidente del Celam invitó a redescubrir en Cristo el sentido profundo de la existencia: “En Jesús encontramos nuestro lugar”, manifestando que acogerlo implica “asumirlo como maestro y señor, sanarnos de una existencia orientada hacia la muerte y cultivar, y promover la vida de hijos e hijas, de hermanos y hermanas”.
En este camino, recordó que la vida cristiana es don y tarea: “¡La vida! ¡La vida que es gracia! ¡La vida que es don y compromiso!”, y resaltó que los discípulos están llamados “a amar, a cuidar, sanar, promover, testimoniar y anunciar”.
En un contexto donde se enfrentan múltiples desafíos sociales y ambientales, el cardenal hizo un llamado a asumir una actitud profética: “En estos tiempos de múltiples crisis, con sus dificultades, desafíos y oportunidades se nos exhorta, como discípulos del hombre que pasó entre nosotros haciendo el bien y que hacía bien todas las cosas, a ser profetas de la vida”. Explicó que el profeta no es alguien ajeno a la realidad, sino inserto en ella: “El profeta es por excelencia una persona del presente, implicado en la vida de la comunidad de fe, en la sociedad y en los dramas de su tiempo”. En ese sentido, señaló que la misión profética consiste en “comunicar la palabra divina para el tiempo concreto” y en mantener viva la fidelidad a Dios en la historia.
Iglesia al servicio de la vida
Hacia el final de su reflexión, el Card. Spengler invitó a abrirse a la acción de Dios más allá de esquemas limitados: “Pidamos al Señor la gracia de salir de nuestros esquemas que a veces son demasiado estrechos”.
Asimismo, animó a los participantes de la Asamblea a reconocerse como “discípulos de Él que es la vida. Siervos de la vida”, y a orientar toda acción hacia la voluntad de Cristo: “Que en todo hagamos no nuestra voluntad, sino la voluntad de nuestro Maestro y Señor: ‘El que es el amor encarnado del Padre’”.
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