La comunidad eclesial y civil despidió al sargento segundo de Carabineros Javier Figueroa Manquemilla, quien falleció luego de permanecer varios días en estado crítico tras recibir un disparo durante un procedimiento policial en la comuna de Puerto Varas, el pasado 11 de marzo.
La Eucaristía exequial se celebró en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús y fue presidida por el arzobispo de Puerto Montt, monseñor Fernando Ramos Pérez, junto a sacerdotes vinculados a la pastoral de Carabineros y capellanes de distintas instituciones. A la ceremonia asistieron autoridades civiles y militares, además de numerosos fieles que acompañaron a la familia del funcionario en este momento de duelo.
Durante la homilía, el prelado reconoció el impacto que provoca una muerte violenta, señalando que este tipo de hechos “golpea profundamente” a las personas y a la sociedad. Dijo que el dolor se intensifica cuando la vida es arrebatada en circunstancias de violencia, lo que interpela a todos a reflexionar sobre el valor de la vida humana y la responsabilidad compartida en la convivencia social.
No normalizar la violencia
Monseñor Ramos llamó a no normalizar la violencia y a trabajar por una sociedad más fraterna, donde el respeto y la dignidad de cada persona sean pilares fundamentales. Asimismo, señaló que el testimonio del sargento Figueroa debe permanecer como un llamado a fortalecer los vínculos comunitarios y promover relaciones más justas.
“El dolor es real, pero no tiene la última palabra”, expresó el arzobispo, al invitar a los presentes a sostener la esperanza desde la fe cristiana. Recordó que, para los creyentes, la vida trasciende la muerte y que Dios es quien tiene la última palabra, incluso en medio del sufrimiento.
La ceremonia también contó con la presencia del presidente de la República, José Antonio Kast, junto a la primera dama, Pía Adriasola, quienes manifestaron su cercanía con la familia del carabinero.
Justicia y unidad
El mandatario hizo un llamado a la ciudadanía a colaborar con la justicia y a valorar el servicio de quienes trabajan por la seguridad pública, señalando que la muerte del sargento no debe quedar en el olvido.
En la misma línea, insistió en la necesidad de construir una sociedad donde prevalezcan la paz y el orden, resaltando que el legado del funcionario fallecido debe convertirse en un impulso para fortalecer la unidad.
La Iglesia de Puerto Montt, por su parte, se unió en oración por el eterno descanso del sargento Figueroa, pidiendo consuelo para su familia, fortaleza para sus compañeros y paz para todo el país, en un contexto de crecientes desafíos en materia de seguridad y convivencia social.
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