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Observatorios sociopastorales: conocimiento, territorio y acción para transformar la realidad latinoamericana

El Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam) llevó a cabo el cuarto coloquio del ciclo dedicado a la creación y fortalecimiento de observatorios sociopastorales, en el marco del espacio “Life de Investigaciones Celam”, una iniciativa orientada a “dialogar, discernir y compartir experiencias” desde una perspectiva socioantropológica y pastoral.

La iniciativa forma parte de la Red Sinodal de Observación Sociopastoral, impulsada por el Centro de Gestión del Conocimiento del Celam. Su coordinador, el Dr. Aldo Vázquez, dio la bienvenida resaltando que estos espacios permiten “conocer la experiencia de otros observatorios” y fortalecer una mirada común sobre la realidad del continente.

La investigación como dimensión esencial de la misión

“La investigación tiene que estar presente en toda nuestra acción evangelizadora”, señaló Jeanette Rincón Morales, coordinadora del Observatorio Socioantropológico Pastoral y moderadora, quien dijo que la Iglesia está llamada a comprender las realidades sociales que acompaña.

En este contexto, se presentó la experiencia del Observatorio Socioeconómico de la Universidad Católica de La Plata, Argentina, dirigido por Rodrigo Adrián Martín. Su testimonio quiso aportar claves concretas para otros equipos interesados en desarrollar iniciativas similares.

El expositor planteó la idea de que los observatorios no deben ser solo herramientas técnicas, sino respuestas prácticas a las necesidades del pueblo: “No nace como una herramienta técnica, sino como una respuesta a un llamado”.

El origen del observatorio: medir para transformar

El Observatorio Socioeconómico de La Plata fue creado en 2017 en un contexto de escasez de datos confiables sobre la realidad social en Argentina. Según Martín, existía un “vacío muy importante” en la medición de las condiciones de vida, especialmente en los sectores más vulnerables.

Inspirados por la Jornada Mundial de los Pobres convocada por el Papa Francisco, el equipo decidió iniciar un camino basado en la consigna evangélica de “no amar de palabra, sino con obras”. Así surgió una lógica de trabajo centrada en “medir para generar acción”.

Desde el comienzo, el proyecto asumió una perspectiva territorial, enfocándose en las periferias. Se trató de construir una “universidad en salida”, que no se limite a observar desde la distancia, sino que se inserte en la realidad concreta del pueblo.

Universidad en salida y en diálogo con el pueblo

El enfoque del observatorio se basa en una concepción eclesial y social del conocimiento. “No miren la vida desde el balcón”, recordó Martín citando al Papa Francisco, insistiendo en que la universidad debe comprometerse con los dolores de su comunidad.

En esta línea, se propuso una universidad “de salida, pero también de llegada”, capaz de recoger los saberes populares. Se reconoce que el pueblo posee conocimientos valiosos que deben ser integrados en los procesos de investigación.

El objetivo fue desde el inicio: poner “los dolores del pueblo en el centro”, para que la academia pueda responder con acciones concretas y pertinentes.

Identificar la pobreza real

El primer paso del observatorio fue realizar un relevamiento de barrios vulnerables en la diócesis de La Plata. A partir de datos oficiales y recorridos en territorio, se identificaron asentamientos que no figuraban en registros públicos.

Durante este proceso, el equipo descubrió que la realidad superaba ampliamente la información disponible. “Encontrábamos más barrios de los que teníamos en los registros oficiales”, señaló Martín, evidenciando la invisibilidad de muchas comunidades.

El relevamiento incluyó variables estructurales como acceso a servicios básicos, condiciones de vivienda y presencia de riesgos ambientales, permitiendo construir un diagnóstico integral de la situación.

De los datos a la acción

Uno de los principios fundamentales del observatorio fue la socialización de la información. No se trataba solo de investigar, sino de generar conciencia pública y promover acciones.

Un ejemplo significativo se dio durante la pandemia de COVID-19, cuando el observatorio identificó que más del 60% de los barrios tenía problemas de conectividad. Este dato permitió implementar soluciones como la instalación de puntos Wi-Fi en zonas vulnerables.

La experiencia confirmó que la información puede convertirse en una herramienta transformadora: “Poner luz en este tema iba a generar una inercia” social, explicó el expositor.

Nuevas problemáticas

Con el tiempo, el observatorio amplió sus variables hasta alcanzar 42 indicadores, incorporando dimensiones como salud, educación, cohesión social y riesgos ambientales.

Entre los hallazgos más preocupantes surgieron nuevas problemáticas vinculadas al acceso a internet, como la ludopatía y la exposición a contenidos inapropiados. “Una variable que sumaba en un momento, en otro creaba otro problema”, advirtió Martín.

Asimismo, se evidenció que la pobreza no puede reducirse a ingresos económicos: “No es lo mismo vivir en el centro que en un barrio precario”, dijo, señalando la acumulación de desigualdades.

Mapas, tecnología e inteligencia social

El uso de herramientas tecnológicas permitió avanzar hacia una georreferenciación detallada de los barrios, facilitando la identificación de riesgos y necesidades específicas.

A través de mapas y análisis satelitales, el observatorio logró visualizar dinámicas como expansión urbana en zonas peligrosas o acumulación de residuos. Esto permitió anticipar situaciones de riesgo y planificar intervenciones preventivas.

“Hoy podemos combinar inteligencia artificial, imágenes satelitales y datos territoriales”, explicó Martín, destacando el potencial de estas herramientas para construir diagnósticos más precisos.

Hacia una red continental de observatorios

Uno de los planteamientos del encuentro fue la posibilidad de construir un registro internacional de barrios vulnerables en América Latina.

El expositor propuso avanzar hacia una “infraestructura continental de inteligencia social”, que permita compartir datos y experiencias entre países, superando las diferencias metodológicas.

Esta red podría contribuir a generar diagnósticos comunes y fortalecer la acción pastoral y social en el continente, en clave sinodal.

El papel de la Iglesia en los territorios

En el diálogo posterior, se resaltó la importancia de las parroquias y comunidades eclesiales en el trabajo territorial. Según el observatorio, las iglesias son “la primera y más importante institución” en muchos barrios.

Estas comunidades además de brindar asistencia, también generan cohesión social y acompañamiento integral, especialmente en contextos de alta vulnerabilidad.

Se resaltó su rol en la educación y la alimentación, siendo muchas veces el motivo principal por el cual los niños asisten a la escuela.

Trabajo en red

Consultado sobre las claves del trabajo territorial, Martín enfatizó la importancia de la constancia y el vínculo directo con las comunidades. “Hay que ir, hay que estar”, manifestó.

El proceso implicó construir confianza, generar espacios de encuentro y articular con diversas organizaciones, como Cáritas y otras instituciones sociales.

Este trabajo permitió no solo relevar datos, sino también impulsar acciones, como talleres de nutrición, salud y acompañamiento social.

Discapacidad y realidad intrahogar

Entre los desafíos pendientes, el observatorio señaló la necesidad de profundizar en el análisis de la realidad intrahogar, especialmente en situaciones de discapacidad.

Se señaló que ciertas condiciones, como la dependencia de equipos médicos, incrementan significativamente la vulnerabilidad dentro de los mismos barrios.

Para abordar este problema, se están explorando soluciones basadas en tecnología, como el uso de teléfonos móviles para recolectar información y facilitar el acceso a servicios de salud.

Iglesia que investiga y actúa

El encuentro concluyó haciendo hincapié en el valor de experiencias que integran conocimiento y compromiso social, en línea con el llamado del Papa Francisco a una Iglesia en salida.

Se reconoció que iniciativas como el observatorio de La Plata contribuyen a construir una “economía con rostro humano”, orientada al bien común y a la dignidad de los más pobres.

Se manifestó la necesidad de seguir fortaleciendo estas redes de investigación y acción, como herramientas para discernir y responder a los desafíos de América Latina y el Caribe.

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