A partir de su experiencia directa en el proceso sinodal, el Pbro. Leonardo Marius, párroco de la parroquia Santo Domingo de Guzmán y encargado de la fase de apropiación en la Arquidiócesis de Caracas, ha compartido las conclusiones de un camino eclesial que, tras cuatro años de escucha y discernimiento, busca consolidar una Iglesia más misionera, inclusiva y corresponsable.
El sueño misionero de llegar a todos
El proceso forma parte del Sínodo de la Sinodalidad, convocado por el Papa Francisco en 2021 bajo el lema “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. En este contexto, la Iglesia caraqueña ha culminado en marzo de 2026 la fase de apropiación del Documento Final, movilizando a cientos de comunidades parroquiales hacia una renovación.
Según explicó el propio sacerdote, “en nuestra arquidiócesis, hemos realizado todo el proceso propuesto para la iglesia universal, comenzando en febrero del 2022. Luego de realizar consultas (para escuchar al pueblo de Dios), encuentros, reflexiones y propuestas diversas, hemos culminado la apropiación del Documento Final de la Sinodalidad este mes de marzo de 2026 con la presentación de los aportes de las diversas parroquias y arciprestazgos”.
El P. Marius señaló que este camino ha ido más allá de una respuesta institucional, convirtiéndose en una experiencia transformadora: “Lo que comenzó como una respuesta a la convocatoria del Papa Francisco se ha transformado en un proceso de conversión personal, eclesial y pastoral que busca, por encima de todo, el «sueño misionero de llegar a todos» siguiendo el modelo de iglesia que nos dejó el Concilio Vaticano II y el Concilio Plenario de Venezuela”.
Proceso vivido desde la escucha
El sacerdote explicó que lo vivido en Caracas fue un proceso orgánico y participativo desarrollado en tres etapas. La primera fue la consulta universal entre 2022 y 2023, en la que se realizaron más de 300 consultas grupales en parroquias, colegios y organizaciones sociales y empresariales, donde la Iglesia local se preguntó cómo vivir hoy el “caminar juntos” en la misión.
Posteriormente, en 2024, se desarrolló la fase de síntesis, que incluyó 100 consultas focalizadas tras la devolución de la primera síntesis universal a las diócesis, contribuyendo al Instrumento de Trabajo para la segunda sesión del Sínodo.
En 2025, se llevó a cabo la apropiación del Documento Final. “Tras la sesión de octubre de 2024, la arquidiócesis dedicó un año entero a estudiar y discernir las prioridades para su aplicación en el bienio 2025-26”, explicó.
“Somos corresponsables por el bautismo de la misión de la Iglesia”
En esta etapa, impulsada por la Vicaría de Pastoral, se realizaron cinco asambleas de agentes pastorales, cinco asambleas parroquiales y vicariales correspondientes a los cinco capítulos del documento, y dos asambleas arciprestales en cada arciprestazgo, una inicial para motivar el trabajo y otra final para evaluar el proceso.
El eje de reflexión fue la pregunta: “¿Qué aspectos, afirmaciones u orientaciones pastorales del Documento Final del Sínodo debemos asumir de modo prioritario en la acción pastoral de la arquidiócesis de Caracas?”, con el objetivo de comprender que “somos corresponsables por el bautismo de la misión de la Iglesia y asumir los desafíos y las prioridades pastorales para un futuro plan pastoral para nuestra arquidiócesis construido desde las comunidades”.
Iglesia llamada a la conversión
Entre las conclusiones más relevantes, el P. Marius destacó que el proceso sinodal representa “un llamado del Espíritu a la conversión personal, pastoral y eclesial”, invitando a la Iglesia a volver al “primer amor” y a caminar juntos sin miedo.
A su vez, subrayó la importancia de recuperar la dignidad bautismal del laicado para promover la corresponsabilidad y la santidad en la vida eclesial, superando las tendencias al clericalismo que contradicen el espíritu del Concilio Vaticano II.
Entre las prioridades pastorales se encuentra la creación de ministerios para acompañar a personas alejadas, como divorciados vueltos a casar, así como a sectores vulnerables como presos, ancianos y personas con discapacidad. También se plantea fortalecer la pastoral juvenil, familiar y catequética desde una clave sinodal que valore la diversidad de carismas y la escucha activa.
“El proceso subraya que la fraternidad es indispensable para la sinodalidad” y propone una formación continua que permita pasar de una “pastoral de mantenimiento/ritualista” a una “decididamente misionera/profética y social”.
Formación, laicado y liderazgo al estilo de Jesús
El sacerdote señaló que uno de los aspectos más recurrentes en las asambleas es la necesidad de una conversión en el liderazgo eclesial al estilo de Jesús, junto con la urgencia de fortalecer la formación integral del laicado.
Explicó que se requiere una formación que no sea solo doctrinal, sino que incluya discernimiento, Doctrina Social de la Iglesia y herramientas espirituales y organizativas para los consejos pastorales.
También resaltó la importancia de que los laicos “no sean solo colaboradores, sino corresponsables activos en la comunidad cristiana”, así como la necesidad de superar el “clericalismo”, promoviendo un liderazgo basado en el servicio, la escucha y no en el poder o el centralismo. P. Marius sintetizó el cambio de enfoque pastoral en una imagen: pasar de una lógica individualista, como la “pesca con caña”, a una acción comunitaria y articulada, como la “pesca con red”.
Iglesia en salida ante la realidad venezolana
El testimonio del sacerdote también refleja una Iglesia que quiere responder a la realidad social de Venezuela. En este sentido, habló sobre la atención a las “periferias” existenciales mediante la creación de ministerios que acompañen a los más vulnerables, entre ellos pobres, presos, adultos mayores abandonados y personas con discapacidad.
Asimismo, señaló la necesidad de avanzar hacia una mayor inclusión. “Nuestras comunidades muchas veces están cerradas en sí mismas”, reconoció, por lo que se impulsa una conversión hacia una Iglesia en salida, abierta a todos. A nivel social, se plantea el desafío de construir puentes que ayuden a superar la polarización.
En el ámbito institucional, el proceso también propone fortalecer la transparencia y la rendición de cuentas, especialmente a través de los Consejos Económicos, para gestionar los recursos con criterios evangélicos y generar confianza en la comunidad.
Además, el sacerdote remarcó el valor del entorno digital, proponiendo incluso la creación de un “apostolado digital” que permita evangelizar y contribuir a reducir la polarización.
Retos y nuevos horizontes
Entre los principales desafíos, el P. Marius mencionó la necesidad de pasar de decisiones unilaterales a procesos de discernimiento comunitario, así como la creación de ministerios de escucha y acompañamiento para personas en crisis espiritual o existencial.
También compartió su visión sobre el reto de superar una presencia meramente cultual para avanzar hacia una Iglesia cercana en hospitales, cárceles y espacios culturales y deportivos, delegando responsabilidades reales a los jóvenes. A esto se suma el desafío de establecer “indicadores objetivos” que permitan evaluar el trabajo pastoral.
El sacerdote reconoció que este proceso sinodal es “progresivo y lento como todo proceso de verdadera conversión”, pero aseguró que ha despertado un gran interés en el laicado caraqueño, lo cual considera “un fruto visible del Espíritu Santo”, impulsado por el arzobispo, la Vicaría de Pastoral, el Consejo Presbiteral y los secretariados arquidiocesanos.
Hacia una Iglesia constitutivamente misionera
De cara al futuro, explicó que la nueva fase tiene el propósito de renovar y fortalecer, en clave sinodal, las estructuras de participación, especialmente los Consejos Pastorales en sus distintos niveles, bajo una espiritualidad de escucha y corresponsabilidad.
“Metodológicamente, se propone asumir el discernimiento comunitario – el método de la Conversación en el Espíritu – para la toma de decisiones, estableciendo indicadores objetivos para medir los frutos pastorales”, indicó.
El P. Leonardo Marius expresó que la Arquidiócesis de Caracas, tras este proceso de estudio y discernimiento, desea avanzar hacia una Iglesia “constitutivamente misionera” que “alcance, abrace, escuche y acompañe a todos, al estilo de Jesús «el Nazareno», que sigue caminando entre nosotros”.
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