En el contexto de la vigilia de oración por la paz de este 11 de abril, el Papa León XIV dirigió un mensaje claro y contundente a los líderes mundiales, instándolos a asumir su responsabilidad histórica y detener los conflictos armados, alertando sobre una hora decisiva para la humanidad.
Rodeado de una multitud de fieles junto a la tumba de San Pedro y en comunión con comunidades de diversos países, el Papa afirmó que la guerra no solo separa a las naciones, sino que ahonda el sufrimiento humano, mientras que la fe y la esperanza tienen el poder de renovar la realidad.
Un llamado urgente a los líderes mundiales
En su mensaje, el obispo de Roma fue contundente al dirigirse a los responsables del poder político y militar, reclamándoles detener el avance de la violencia y elegir caminos de mediación y diálogo en lugar del rearme o la confrontación.
León XIV alertó sobre el avance de una lógica de poder más agresiva y descontrolada, afectando gravemente el equilibrio de la humanidad. Asimismo, denunció el uso de la religión como justificación de la violencia, una práctica que —advirtió— distorsiona la fe y rompe la fraternidad entre los pueblos.
- Foto: Vatican Media
La oración como compromiso y no evasión
El pontífice rechazó entender la oración como un refugio pasivo y la describió como una fuerza que moviliza hacia el compromiso concreto. Mencionó que orar implica cambiar la manera de pensar y de obrar, dejando atrás el odio y favoreciendo vínculos basados en la dignidad y la reconciliación.
En este contexto, afirmó que la paz no se fundamenta en la violencia ni en intereses políticos o económicos, sino desde el valor inalienable de cada persona. También indicó que quienes se abren a Dios desarrollan una mayor conciencia de sus límites y una menor disposición a la violencia.
“¡Basta ya de la guerra!”
En un tono fuerte y firme, dijo ¡Basta ya de la guerra! como mecanismo para resolver disputas. León XIV cuestionó la “idolatría del poder y del dinero” que sostiene la violencia y propuso el servicio como la forma más genuina de ejercer la fuerza.
Al citar a sus predecesores, insistió en que con la paz nada se pierde y con la guerra todo está en riesgo. En ese sentido, retomó la histórica consigna de “nunca más la guerra”, destacando su plena actualidad.
- Foto: Vatican Media
Responsabilidad compartida y cultura del encuentro
El pontífice también destacó que la construcción de la paz no recae únicamente en los líderes políticos, sino en toda la sociedad. Invitó a los ciudadanos a rechazar la violencia con hechos concretos y a promover una cultura del encuentro en los espacios cotidianos, como la familia, la escuela y la comunidad. Invitó a traducir el rechazo a la violencia en acciones concretas y a promover el encuentro en los ámbitos cotidianos.
Asimismo, resaltó el testimonio de los niños que le escriben en contextos de conflicto, en estos mensajes señaló «se percibe, con la verdad de la inocencia, todo el horror y la inhumanidad de acciones de las que algunos adultos se jactan con orgullo. ¡Escuchemos la voz de los niños!», afirmó.
Por último, el pontífice invitó a fortalecer el compromiso personal y colectivo con la paz, insistiendo en que no se trata de una utopía, sino una tarea alcanzable que exige constancia, diálogo y una profunda conversión interior. Añadió que la Iglesia permanecerá al servicio de la reconciliación, aun en contextos adversos.
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