Con ocasión del segundo Encuentro Regional de Centroamérica-México (Camex), celebrado en Tegucigalpa del 20 al 23 de abril, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, segundo vicepresidente del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño, instó a los asistentes a asumir con firmeza la sinodalidad como respuesta a las realidades de la región.
En continuidad con el camino iniciado el año anterior, el encuentro reunió a 53 delegados de siete países para impulsar la comunión, la participación y la misión de la Iglesia desde una perspectiva sinodal. En ese marco, Ulloa insistió en que el encuentro no debe verse únicamente como un espacio organizativo.
“Este encuentro que estamos celebrando en la región Camex no es simplemente una instancia de coordinación pastoral. Es un verdadero kairós, un tiempo de gracia en el que el Espíritu Santo nos convoca para renovar nuestra manera de ser Iglesia: más fraterna, más articulada, más misionera”, expresó.
Protagonismo eclesial y corresponsabilidad
En su intervención, insistió en que quienes forman parte de este proceso tienen un papel protagónico, ya que la transformación de la Iglesia requiere un compromiso común. “No son espectadores de un proceso, son protagonistas. No están aquí solo para escuchar, sino para aportar, construir y discernir juntos”, afirmó.
Asimismo, llamó a dejar atrás los esfuerzos aislados para consolidar una comunión articulada entre las Iglesias de la región. “Hoy más que nunca, sentimos el llamado a pasar de esfuerzos aislados a una auténtica comunión articulada”, señaló, proponiendo reconocerse como una sola familia en la fe y la misión.
Asimismo, indicó que la vocación misionera no depende exclusivamente de estrategias o estructuras pastorales, sino se fundamenta en la calidad de las relaciones humanas y comunitarias. “Ser reconocidos como comunidad de discípulos en misión no depende solo de nuestros planes o estructuras, sino de la calidad de nuestras relaciones”, sostuvo.
Escucha, comunión y audacia misionera
En su exposición, el prelado identificó tres actitudes centrales para vivir la sinodalidad: escucha sincera, comunión efectiva y audacia misionera. Según explicó, estas disposiciones permiten abrirse a la acción del Espíritu y discernir los signos de los tiempos.
“Escucha sincera, que abre el corazón a la voz de Dios y de los hermanos. Comunión efectiva, que supera protagonismos y nos hace corresponsables de la misión. Audacia misionera, que nos impulsa a salir, a proponer y a arriesgar por el Evangelio”, enumeró.
Del mismo modo, alentó a asumir con confianza los cambios y los nuevos caminos. “No tengamos miedo de soñar juntos. No tengamos miedo de replantear caminos. No tengamos miedo de dar pasos nuevos”, exhortó, insistiendo en que el Espíritu Santo continúa obrando en la Iglesia.
Como cierre, instó a que los resultados del encuentro no queden solo en el papel, sino que se traduzcan en procesos concretos. “Que este encuentro no termine en conclusiones escritas, sino que se traduzca en procesos vivos, en acciones concretas”, puntualizó.
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