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Mons. José Domingo Ulloa: “Abandonar los combustibles fósiles no es solo una decisión técnica, es una decisión moral”

“Hablo desde Panamá, ese pequeño país-puente que une continentes, pero que hoy también une dolores. Un país donde el mar ya empieza a ganar terreno, donde comunidades como los Guna Yala ven amenazada su propia existencia, donde la presión sobre los recursos naturales pone en riesgo no solo la biodiversidad, sino la vida misma de nuestros pueblos”, compartió Mons. José Domingo Ulloa al inicio de su intervención en el Encuentro de Espiritualidades por una Transición más allá de los Combustibles Fósiles, celebrado en Santa Marta el 24 de abril de 2026.

Desde el sufrimiento y la esperanza

El también segundo vicepresidente del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam) situó su intervención desde una Iglesia encarnada en la realidad de los pueblos: “Hablo desde una Iglesia que no observa el sufrimiento desde lejos, sino que lo acompaña, lo toca, lo llora, y por eso no puede callar”. En ese sentido, remarcó la articulación con el Celam, el Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar (Secam) y la Federación de Conferencias Episcopales de Asia (FABC), subrayando que el proceso impulsado no es “un manifiesto más”, sino que “fue fruto de un discernimiento eclesial que nace del clamor de la tierra y del clamor de los pobres”.

En el núcleo de su reflexión, Mons. Ulloa se refirió a la dimensión espiritual de la crisis ecológica: “Desde la fe, no miramos la creación como un recurso que se explota, sino como un don que se custodia. Creemos en un Dios creador que nos ha confiado la casa común no para dominarla sin límites, sino para cultivarla y cuidarla con responsabilidad y amor”.

Sostuvo que “la crisis ecológica no es solo un problema técnico o económico: es, ante todo, un llamado moral y espiritual”, insistiendo en la interconexión entre justicia social y ambiental: “Nos mueve la certeza de que todo está conectado: el clamor de la tierra y el clamor de los pobres son un mismo grito que llega hasta el corazón de Dios. Persistir en un modelo basado en los combustibles fósiles, que agrava el cambio climático y golpea con mayor dureza a los más vulnerables, contradice el mandato evangélico de amar al prójimo y de cuidar la vida”.

“Ya no basta escuchar, hay que actuar”

Inspirado en el magisterio del Papa Francisco, especialmente en Laudato Si’ y Laudate Deum, el arzobispo recordó el itinerario recorrido por la Iglesia: “Comenzó cuando el Papa Francisco, con la encíclica Laudato Si’, nos enseñó a escuchar. A escuchar una verdad que muchos querían ignorar: que la tierra grita y que los pobres gritan con ella. Luego, con Laudate Deum, nos dijo algo aún más fuerte: ya no basta escuchar, hay que actuar”.

En continuidad, subrayó el impulso del Papa León XIV: “Hoy, bajo el impulso del Papa León XIV, entendemos que esta no es una conversación sobre el futuro, es una decisión del presente. No estamos empezando un camino. Estamos en un punto en el que debemos decidir si seguimos hablando o comenzamos a transformar”.

La autoridad eclesial contextualizó el momento actual como un paso decisivo en el proceso eclesial: “Lo que vivimos hoy en Santa Marta tiene historia. En la COP30, en Belém, las Iglesias del Sur Global alzamos una sola voz. Eso fue inédito. Pero hoy damos un paso más. Hoy pasamos del diagnóstico a la acción”. En esa línea, explicó que “el Manifiesto que presentamos no repite lo anterior, lo profundiza, lo concreta, lo convierte en propuesta de cara a la COP31. Ya no basta decir lo que está mal, tenemos que señalar el camino”.

Cinco convicciones para la transición energética

El arzobispo delineó cinco principios fundamentales. En primer lugar: “Abandonar los combustibles fósiles no es solo una decisión técnica, es una decisión moral. No estamos hablando solo de energía, estamos hablando de justicia”. En segundo lugar, denunció: “Existe una deuda ecológica. Existe un sistema que hace que los países más pobres paguen más por sus deudas que lo que reciben para enfrentar la crisis climática”.

En tercer lugar: “No podemos caer en engaños. No toda solución es verdadera solución. Cambiar petróleo por otros extractivismos, o reducir todo a mercados de carbono, no resuelve el problema, solo lo disfraza”. En cuarto lugar, sostuvo: “Necesitamos instrumentos concretos. Por eso apoyamos el Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, porque la fe, cuando es auténtica, se traduce en decisiones”.

Y en quito lugar, planteó un cambio de vida: “Necesitamos un cambio de estilo de vida. La sobriedad no es pobreza, es libertad. El buen vivir no es atraso, es humanidad”.

Sin decisiones la espiritualidad se queda en palabras

Retomando el llamado del Papa León XIV, el prelado vinculó la crisis energética con los conflictos globales: “El Papa León XIV ha sido muy claro: es tiempo de pasar de las palabras a las acciones, con responsabilidad, justicia y equidad. Y cuando él habla de una paz desarmada y desarmante, nos está diciendo algo muy profundo: muchos de los conflictos que hoy vemos tienen detrás la lucha por los recursos energéticos. Por eso, superar los combustibles fósiles es también trabajar por la paz”.

Mons. Ulloa hizo hincapié en la autoridad moral de las Iglesias del Sur Global: “Las Iglesias del Sur Global no hablan sobre los afectados por el cambio climático, son comunidades afectadas. Eso cambia el tono, eso cambia la autoridad, eso cambia la urgencia. Hoy el Sur no pide permiso para hablar, hoy el Sur convoca, convoca al Norte, convoca a los gobiernos, convoca a la humanidad entera, y lo hace no desde el poder, sino desde el sufrimiento y la esperanza”.

El arzobispo definió el momento actual como decisivo: “Yo creo profundamente que este momento es un kairós, un momento en el que la historia se abre y nos pide una decisión, no porque sea el último momento, sino porque es el momento en que lo que creemos puede convertirse en lo que hacemos”. Añadió además: “Aquí, en este espacio, la espiritualidad puede convertirse en acción, aquí la fe puede tomar forma en decisiones concretas, porque sin alma los acuerdos se vacían, pero sin decisiones la espiritualidad se queda en palabras”.

Como cierre, dejó una pregunta que interpela a todos los actores: “¿Estamos realmente dispuestos a cambiar? ¿Estamos dispuestos a renunciar a aquello que destruye para abrazar aquello que da vida? ¿Estamos dispuestos a escuchar no solo a los expertos, sino también a los pobres, a los pueblos originarios y a la misma creación? Porque cuidar la casa común no es una opción secundaria, es una expresión concreta de nuestra fe, es una manera de decirle al mundo que creemos en un Dios que no abandona su creación”.

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