El Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile publicó un mensaje en el que expresa su preocupación por el deterioro del clima político y social del país, haciendo un llamado urgente a recuperar el diálogo, la concordia y el respeto en la vida pública.
Bajo el título “Recuperar la paz social y el diálogo político”, el documento advierte sobre el aumento de la violencia verbal, las descalificaciones y la polarización, señalando que estas conductas dañan la convivencia democrática y debilitan las instituciones.
“El país necesita y desea esa paz”, dicen los obispos en el texto difundido el 13 de mayo desde Santiago de Chile.
La paz social como base del desarrollo
En el mensaje, los obispos subrayan que la paz social no puede entenderse solamente como ausencia de violencia: “La paz social no es solo ausencia de violencia, sino obra de la justicia, del respeto mutuo y de la voluntad sincera de buscar juntos el bien común”.
Los prelados recuerdan además las palabras de San Agustín, quien definía la paz de la ciudad como “la ordenada concordia de sus ciudadanos”.
Según la Conferencia Episcopal, cuando una sociedad pierde la capacidad de construir concordia, “debilita su futuro” y pone en riesgo las bases morales, culturales y espirituales de su desarrollo.
Crítica al clima de agresividad en la política
El Comité Permanente manifestó especial preocupación por el nivel de confrontación que se observa en las instituciones públicas y en el debate político. Los obispos señalaron que las autoridades, especialmente quienes tienen responsabilidades legislativas, deben ser ejemplo de prudencia, respeto y rectitud.
“Resulta doloroso y motivo de justo escándalo para la ciudadanía, y sobre todo para nuestra juventud, observar a autoridades enfrascadas en disputas constantes, descalificaciones personales, lenguaje impropio e incluso expresiones soeces”, advierte el texto.
La Iglesia chilena considera que estas prácticas no solo dañan la dignidad del servicio público, sino que además contribuyen al desprestigio de las instituciones democráticas. “Cuando quienes deben elevar el debate lo rebajan, no solo dañan su propia investidura, sino que contribuyen al desprestigio de las instituciones”, sostienen los obispos.
El diálogo y los consensos como deber moral
El mensaje insiste en que la política debe entenderse como una expresión de servicio y amor al prójimo, capaz de acoger la diversidad de perspectivas sin caer en la confrontación destructiva.
“La búsqueda de consensos no es debilidad, sino signo de madurez política y amor al país”, señala el documento. En este contexto, los obispos citan al Papa León XIV, quien recientemente recordó que la paz entre las naciones y dentro de ellas exige “rehabilitar el lenguaje de la razón, del derecho y de la verdad”. La Conferencia Episcopal sostiene que la ciudadanía necesita líderes capaces de escucharse mutuamente, corregirse y colaborar por el bien común.
El texto advierte además que la violencia no se limita a la delincuencia o a las agresiones físicas, sino que también puede manifestarse en formas verbales, ideológicas e institucionales: “Existe también una violencia verbal, ideológica y estratégica cuando se exacerban divisiones, o se instala una lógica de enemistad permanente”.
Los obispos agregan que bloquear iniciativas únicamente por razones ideológicas, aun cuando puedan beneficiar al país, puede transformarse en “una forma de violencia moral”. En este punto, retoman las enseñanzas de Benedicto XVI, citando su encíclica Caritas in veritate: “Sin verdad, sin confianza y sin amor por lo verdadero, no hay conciencia y responsabilidad social”.
Renovación espiritual y cultura del encuentro
El Comité Permanente concluye que ninguna transformación institucional será suficiente si no existe una renovación ética y espiritual de la convivencia social. “Ninguna reforma institucional, ningún progreso será posible, si no se recupera el sentido profundo de la dignidad del otro y del respeto por las ideas”, expresan los obispos.
Por ello, llaman a promover espacios de reflexión, formación ética, vida espiritual y silencio interior, afirmando que solo “un corazón educado en la caridad y la solidaridad puede sostener una sociedad verdaderamente humana”.
El mensaje retoma nuevamente a San Agustín con la frase: “Ama y haz lo que quieras”, explicando que el amor auténtico orienta toda acción hacia el bien. Los obispos encomendaron al país a la intercesión de la Virgen del Carmen y pidieron orar para que en Chile prevalezcan “la paz social y política” y para que el amor al prójimo sea “la verdadera ley que guíe nuestras decisiones”.
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