La Iglesia en Colombia renovó este 13 de mayo la consagración del país al Inmaculado Corazón de María durante el cuarto Rosario Nacional por la Reconciliación y la Paz, realizado en la Catedral Primada de Bogotá. La ceremonia convocó a obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos en una jornada de oración por la reconciliación y la paz nacional.
La celebración estuvo presidida por Francisco Javier Múnera Correa, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, quien llamó a profundizar en el sentido de la consagración bautismal y a contemplar en María un camino de encuentro, reconciliación y transformación para el país.
La jornada coincidió con la memoria litúrgica de la Virgen de Fátima y estuvo acompañada de significativos signos de fe, como la exposición del Santísimo Sacramento en la custodia del Cristo de Bojayá y la procesión de la imagen peregrina de la Virgen de Fátima.
- Foto: Arquidiócesis de Bogotá
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Llamado a la unidad nacional
Al abordar el episodio del Calvario, el arzobispo afirmó que María acompaña el sufrimiento humano y permanece cercana a los “crucificados de nuestra historia”. En ese contexto, animó a los colombianos a practicar el perdón, «aprendamos a estar al pie de quienes sufren todo tipo de abuso y atropelladas brindándoles consolación, fortaleza y compasión».
Asimismo, el arzobispo exhortó a promover la fraternidad y el respeto mutuo pese a las diferencias políticas y sociales que atraviesa el país. “Podremos ser, inclusive, adversarios, pero nunca enemigos”, expresó, al animar a fortalecer nuevamente la confianza entre los colombianos y sus instituciones.
Durante la homilía, el prelado recordó que la política está llamada a servir al bien común y a promover la verdad como fundamento de la convivencia social. “La verdad nos hará libres”, expresó, al exhortar a construir un país fundamentado en la justicia, la equidad y la solidaridad.
- Foto: Arquidiócesis de Bogotá
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Oración, reparación y consagración
El arzobispo recordó igualmente los tres compromisos que deja el mensaje de Fátima: orar, reparar y consagrarse. Explicó que la oración lleva a confiar plenamente en Dios, mientras que la reparación impulsa a asumir una actitud solidaria y comprometida frente al dolor de los demás.
“La invitación es a orar y sacrificarse por los demás”, señaló el prelado, quien insistió en que “el cristiano es un ser para los otros y no solo para sí”. Añadió que la consagración al Corazón Inmaculado de María fortalece la comunión, sana las heridas sociales y anima la vida cristiana.
Previo a la celebración eucarística, cientos de fieles se unieron al rezo del Santo Rosario, elevando plegarias por Colombia, sus autoridades, las víctimas de la violencia, las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y las personas privadas de la libertad. Como gesto de esperanza y reconciliación, internos enviaron cartas y camándulas hechas por ellos mismos para ser colocadas a los pies de la Virgen María.
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