En vísperas de una nueva temporada de huracanes, la Conferencia Episcopal de las Antillas (AEC) dio a conocer una nueva Carta Pastoral titulada “En el ojo del huracán: viviendo el ritmo de los desastres naturales en el Caribe con fe, solidaridad y esperanza”. El mensaje alienta a los pueblos caribeños a transformar la incertidumbre climática en un camino de conversión, preparación activa y servicio en comunidad.
La presencia de Dios en la solidaridad
Los obispos abren la carta reconociendo que los huracanes, inundaciones y otras catástrofes no son fenómenos esporádicos sino parte del ciclo anual de la región: “Nos preparamos para los desastres naturales, no como amenazas lejanas, sino como realidades familiares, y a veces devastadoras”, expresan. Citando el Salmo 46, recuerdan que “Dios es nuestro amparo y fortaleza… por eso no temeremos”.
Los obispos animan a no ver los desastres como castigos divinos y verlos como oportunidades para redescubrir la presencia de Dios en la solidaridad: “Proclamamos a un Dios que camina con nosotros, no por encima de nosotros”, afirman, señalando a Cristo presente “en el vecino que ayuda al vecino y en comunidades que reconstruyen unidas”.
La carta hace eco del sufrimiento de los más pobres, duramente golpeados por la crisis climática. “Tras cada huracán, las personas más vulnerables experimentan un sufrimiento prolongado”, advierten los obispos, y recuerdan que los desastres naturales agravan la pobreza, la inseguridad alimentaria y el acceso a salud y educación: “Los efectos más graves de todos los atentados contra el medio ambiente los sufren los más pobres”, indica el documento citando Laudato Si’.
“La preparación no es miedo, sino fe en acción”
La motivación de los obispos se centra en abandonar los preparativos de último momento, e instan a construir una verdadera cultura de la preparación, a nivel personal, familiar, parroquial y regional. “La calidad de la preparación influirá en nuestra recuperación tras un huracán”, señalan.
Los obispos ofrecen propuestas, entre las que se encuentran: Crear equipos parroquiales de respuesta ante desastres; mantener kits de emergencia; cuidar de los vecinos ancianos, y fortalecer la labor de Cáritas Antillas y el Fondo de Desastres de la AEC. También animan a capacitar jóvenes, formar redes y establecer protocolos antes de que el peligro se acerque. “Esperar a que el huracán ya se acerque es demasiado tarde”, insisten.
Más allá de lo logístico, se trata también de prepararse espiritualmente. La carta invita a orar, celebrar la Eucaristía cuando sea seguro, reflexionar sobre el duelo y documentar tanto los daños como los milagros vividos: “La preparación no es miedo, sino fe en acción”.
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Teología del desastre y de la esperanza
La Carta Pastoral propone desarrollar una “teología del desastre” arraigada en la experiencia local. “La tormenta no es solo una crisis; también es un aula. Nos enseña resiliencia, compasión, interdependencia e ingenio”, reflexionan los obispos.
Citando a Laudato Si’, recuerdan que “el Creador no nos abandona” y que toda la humanidad puede colaborar en la construcción de la casa común. Por ello, llaman a actuar ahora frente al cambio climático, cuya dimensión es “principalmente espiritual, con profundas consecuencias morales”.
La Carta responde con el Evangelio: “El sufrimiento no equivale al castigo de Dios. En cambio, nos invita a la conversión, la compasión y la comunión”.
La Iglesia como hospital de campaña
“La Iglesia es hospital de campaña de la esperanza”, afirman los obispos en la Carta. En esa línea, se resaltan las acciones de Cáritas Antillas y de las agencias católicas que sirven como “manos y pies de Cristo”, especialmente en las islas más afectadas.
Se exhorta a cada diócesis a colaborar y formar alianzas para ayudar a quienes sufren. “Demuestra nuestro compromiso con la solidaridad, no solo con palabras, sino con hechos”, señalan los obispos, invitando a una madurez espiritual que se exprese en acciones.
“Incluso en el ojo del huracán, nos aferramos a la esperanza, una esperanza que no defrauda” (cf. Rm 5,5), concluyen los obispos. Y piden que Nuestra Señora, Estrella del Mar Caribe, interceda por cada comunidad que se prepara para la tormenta: “Estamos unidos como un solo cuerpo en Cristo… Seamos una Iglesia que vela, ora, se prepara y sirve”.
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