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A un año de la partida del Papa Francisco, Emilce Cuda dice que «los frutos de su pontificado se ven en las periferias»

La «sacudida» que el Papa Francisco ha dado a la Iglesia y al mundo sigue muy presente. En primer lugar, porque el suyo es el mensaje del Evangelio. En segundo lugar, porque su pontificado sigue, en una continuidad sustancial, con el de León XIV. Y también porque su mensaje, su «programa eclesial», es particularmente visible partiendo de las «periferias», tal como él mismo deseaba. Así lo afirma, un año después de la muerte de Francisco – ocurrida el 21 de abril de 2025, Lunes de Pascua -, la profesora Emilce Cuda, argentina, teóloga y filósofa, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina, cargo en el que colaboró estrechamente con el cardenal Robert Francis Prevost, quien presidía dicha Comisión antes de ser elegido Papa.

“La fecundidad se puede ver en las periferias”

Profesora, un año después de la muerte del Papa Francisco, ¿qué aspectos de su amplio magisterio se revelan particularmente fecundos? ¿Y cuál es su legado, desde el punto de vista pastoral?

A un año del fallecimiento del Papa Francisco, la fecundidad se puede ver en las periferias, tal cual él hizo su programa eclesial, es decir, él trabajó las periferias, trabajó en que las periferias puedan llegar al centro, trabajó en ese modelo de pirámide invertida y para eso dio un método, el método sinodal, que significa que todos tenemos que estar sentados a la misma mesa y aceptar, guiar, dejarse guiar por el Espíritu Santo que nos habla y se manifiesta a través de toda su creación. Eso caló muy fuerte en la Iglesia de las periferias y eso dio sus frutos y los estamos viviendo y estamos yendo adelante con eso.

¿Y ya lo estamos haciendo con el Papa León XIV?

No es algo que empieza y termina con un pontificado. Más allá de que el Papa León XIV ha confirmado seguir la línea de Francisco en cuanto a la realidad, en cuanto al cuidado de la casa común. Más allá de eso, porque si lo vemos así, seguimos pensando en una Iglesia verticalista. Tenemos que ver qué pasa en las periferias y en las periferias eso se hizo carne. Entonces, ese pontificado de Francisco continúa con León XIV, pero no solamente porque el Papa expresa esa continuidad, sino porque la Iglesia hizo carne esa nueva modalidad de ser Iglesia que finalmente no es nueva. Eso es predicar el Evangelio tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo, como dice el artículo primero de la nueva Constitución de la curia romana.

Cultura que parte de la realidad

¿Y desde un punto de vista más estrictamente teológico, qué caminos, ¿qué trayectorias se han abierto de manera más amplia con el Papa Francisco?

Voy a hablar desde la parte teológica en la cual yo soy profesional, que es la teología moral social. Yo creo que ahí la trayectoria es que los teólogos latinoamericanos, norteamericanos, africanos, que son los territorios con los que más tengo contacto, y también parte de Asia, han comenzado a leer a partir de la pastoral, a partir de los trabajos pastorales, y han empezado a escuchar y han empezado a construir ahí una teología que no es una teología que desestima el evangelio, la tradición y el magisterio social de la Iglesia, sino que está unida y orientada, como dijo el obispo Enrique Angelelli (el obispo argentino de La Rioja, asesinado «por odio a la fe» durante la dictadura), con un oído atento a la gente y el otro al Evangelio.

¿Y cuáles son las consecuencias, las implicaciones de este enfoque?

Esta forma de hacer teología permite que el trabajo pastoral se vuelva teológico, que comience a construirse a partir de la realidad. La realidad se considera un punto de partida, algo que no es exclusivo de la Iglesia latinoamericana ni de la cultura latinoamericana, ya que el hecho de que la realidad sea el punto de partida es algo común a las tres Américas: Norte, Centroamérica y Sudamérica. Si pensamos en el pragmatismo norteamericano, para ellos también la realidad es el punto de partida. Creo que hay algo en común, desde un punto de vista teológico, en lo que expresan estas tres Américas, y es lo que expresan los dos últimos Papas. Es decir, una cultura que parte no de las ideas, sino de la realidad. Esto no fue simplemente una expresión de Francisco o uno de sus cuatro principios en Evangelii Gaudium, cuando afirmó que la realidad es superior a las ideas. El hecho de que la realidad sea el punto de partida forma parte de la construcción del conocimiento de las Américas, no solo teológicamente, sino también política y económicamente. Nadie hace fortuna, si queremos ir al extremo, partiendo de una idea. Las fortunas se forjan partiendo de la realidad, analizando los recursos disponibles, las amenazas y diseñando estrategias. Por lo tanto, esa forma latinoamericana, y en general estadounidense, de construir el pensamiento forma parte de la teología, y creo que esto no puede subestimarse en una Iglesia que cree firmemente que Dios se encarnó, se hizo hombre, murió y resucitó. Todas estas realidades implican que afirmamos que Jesucristo no es una idea. El mismo Dios en el que creemos es una realidad, según el Credo que profesamos. Por consiguiente, quien afirme que la idea es superior a la realidad estaría practicando otra religión.

“Todas las vidas importan”

¿Cómo podemos observar la continuidad entre Francisco y León XIV, especialmente en su compromiso con la paz, dentro de este contexto de una «Tercera Guerra Mundial fragmentada»?

Al pensar en la continuidad, también debemos considerar la diferencia. El contexto político y económico global ha cambiado considerablemente desde que comenzó la «guerra fragmentada» descrita por Francisco. Durante sus doce años de pontificado, los gobiernos mundiales gozaban de una popularidad generalizada, y el mensaje de la Iglesia acompañaba esos contextos. Hoy, el escenario es diferente. Nos encontramos en una guerra fragmentada cuya dinámica es profundamente impactante, y aun en África y América Latina, la gente muere cada día en guerras invisibles. El panorama económico y político ha cambiado bajo León XIV, por lo que la continuidad, como afirmó el Papa durante su reciente viaje a África, consiste en predicar siempre el Evangelio y defender el diálogo como método de doctrina social. Al mismo tiempo, también habrá diferencias, porque los actores han cambiado: no solo el pontífice, sino también los presidentes y las hegemonías económicas. No podemos esperar una continuidad entendida como una identidad absoluta, sino más bien una evangelización que acompañe a los nuevos tiempos, tristes hoy, aunque no menos tristes lo fueron bajo el pontificado de Francisco. Algunos mueren por un misil, otros por falta de medicinas, otros por una bala, otros por hambre. Todas las vidas importan.

¿Tienes algún recuerdo personal de Francisco, especialmente de la última etapa de su vida, que puedas compartir con nosotros?

Yo consideraba al Papa Francisco no solo un pontífice, sino también un amigo. Quería mucho a mi familia y recordaba los nombres de mis hijos. Me llamaba hasta el último minuto para preguntar cómo estaban. Siempre estaba atento a los problemas familiares y a la vida de quienes trabajábamos con él. Siempre nos preguntaba si éramos felices y alegres. Era lo primero que nos preguntaba al vernos, si nos lo estábamos pasando bien, y luego nos animaba con fervor a continuar nuestro compromiso como apóstoles, sin miedo y con alegría. Más allá de su papel como líder, su preocupación por nuestra felicidad personal es excepcional.

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