Los recientes acontecimientos de violencia que han sacudido el departamento del Cauca y el suroccidente del país, siguen tocando la fibra de la Iglesia católica. Así es como el arzobispo de Popayán, monseñor Omar Alberto Sánchez, expresó un mensaje lleno de firmeza, compasión y esperanza a la sociedad colombiana, especialmente a las víctimas directas y a quienes trabajan por sostener la vida y la dignidad en medio del conflicto.
Su voz de tristeza, se escucha tras las jornadas violentas que se han presentando en el departamento del Cauca y el suroccidente del país. El pasado 10 de junio, se reportaron 24 ataques armados de manera simultánea en zonas urbanas y rurales de los departamentos del Cauca y Valle del Cauca, dejando al menos siete personas fallecidas y más de 30 heridas. Acciones dirigidas principalmente a las estaciones de Policía, peajes y centros urbanos de municipios como Corinto, Caloto, Toribío, El Bordo y Buenos Aires, entre otros.
“El Cauca está ávido de paz”
En su pronunciamiento, monseñor Sánchez lamentó profundamente el rigor de estos tiempos y expresó su solidaridad con las comunidades afectadas. “En estos días difíciles, oscuros, dramáticos, donde el ruido de la guerra se impone, quiero sumar mi voz a las muchas que claman por una salida”, afirmó.
Afectado por el dolor de tantas familias que padecen de cerca la violencia, el arzobispo aseguró que “ninguna causa justa se ratifica a partir de la sangre” y que es urgente despertar como sociedad ante el drama humano que atraviesa la región. “Una causa que pase por la sangre ya es una causa muerta”, subrayó.
- Foto: Diario El País
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Unidad, conciencia crítica y acción humanitaria
El líder religioso hizo un llamado urgente a crear una “memoria crítica” que no olvide a las víctimas y que motive una respuesta desde la conciencia social. Invitó a docentes, líderes, gobernantes y actores de la sociedad civil a mantenerse firme en la esperanza y trabajar por el futuro desde la formación de conciencias, el acompañamiento a los afectados y el compromiso con la vida.
“El pueblo del Cauca necesita una acción humanitaria de alto nivel. No podemos quedarnos en el lamento. Necesitamos abrazar el drama, estar con quienes lo sufren de manera directa y levantar la bandera de la vida”, señaló.
No estamos derrotados en la esperanza
Dirigiéndose especialmente a las siete familias en duelo, a los líderes sociales que siguen firmes y a las comunidades heridas por el conflicto, monseñor Omar Alberto reiteró que no están solos. “Dios mismo hace parte de la cruz que están padeciendo las víctimas directas de todo esto”, expresó.
Para el arzobispo, la esperanza no está muerta: “Está creciendo en la medida en que el dolor nos lleva a mirar el futuro como una apuesta en la que todos tenemos algo que aportar”. Frente a toda esta desolación, el prelado invitó a rechazar la resignación, la indiferencia y el desencanto, y animó a construir un nuevo camino común basado en la dignidad humana, la paz y el respeto mutuo.
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