La Iglesia colombiana y la familia camiliana despidieron con gratitud y esperanza cristiana al sacerdote italiano Adriano Tarrarán, fallecido el 11 de abril tras más de cincuenta años de misión en este país. En un mensaje, el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, resaltó su vida como un testimonio discreto y fecundo, especialmente en la pastoral de la salud.
El cardenal dio gracias por la vida de este religioso italiano al servicio de la Iglesia colombiana y pidió al Señor que en su gran misericordia acoja en el Reino. Agregó que «su huella perdurará en la vida de un gran número de fieles laicos, religiosas y ministros ordenados que tuvimos la gracia de conocerlo y recibir su testimonio de entrega por los enfermos».
Por otra parte, añadió que su entrega inspirada en el carisma de San Camilo, dejó una huella profunda en la humanización del cuidado a los enfermos y en la vida pastoral del país.
Un pastor cercano que transformó el sufrimiento en esperanza
En diálogo con ADN Celam, desde la Pastoral de la Salud del Secretariado Nacional de Pastoral Social, el padre Luis Eduardo Pérez señaló que la noticia fue acogida con pesar, pero también con sincero agradecimiento. “Su partida se vivió como la despedida de un pastor cercano, comprometido y profundamente humano, que entregó su vida al servicio de los enfermos, los pobres y los más vulnerables”, afirmó.
“En medio de la tristeza, también hubo un reconocimiento sincero por su entrega incansable, su testimonio de fe y su capacidad de acompañar el sufrimiento con amor y respeto”, agregó, subrayando que su cercanía marcó de manera significativa su servicio pastoral.
El sacerdote destacó que la muerte de Tarrarán interpela profundamente a la Iglesia: “Para nosotros, su fallecimiento no solo representa una pérdida significativa, sino también un llamado a seguir construyendo una Iglesia solidaria, que se hace presente en el dolor humano y que transforma el servicio en un verdadero acto de amor evangélico”.
Asimismo, habló del sentido comunitario de este momento: “Se vivió como un duelo compartido, pero también como una oportunidad para reafirmar el compromiso con la misión que él encarnó: servir con misericordia, dignidad y profunda humanidad”.
Una huella imborrable en la pastoral de la salud
El religioso destacó que el legado de Tarrarán se centra en su forma de entender el cuidado: “La principal huella que deja es su testimonio de humanidad, compasión y servicio integral al enfermo. Más allá de estructuras o programas, su legado se refleja en una forma de acompañar que dignifica la vida en medio del sufrimiento”.
En ese sentido, señaló que su visión renovó la pastoral de la salud en Colombia: “Impulsó una pastoral profundamente humanizada, donde el cuidado espiritual, emocional y físico se integran con sensibilidad y respeto, poniendo en el centro a la persona y no solo a la enfermedad”.
“Promovió la formación de agentes pastorales con un enfoque ético y compasivo, promoviendo una Iglesia cercana, que escucha, consuela y permanece al lado de los más vulnerables”, aseveró, al destacar que su legado sigue vivo en la acción cotidiana de la Iglesia.
Humanizar el cuidado: su aporte más profundo
Al referirse a su aporte en la atención a los enfermos y sus familias, el director de Pastoral de la Salud afirmó: “Su legado puede resumirse como la construcción de una cultura del cuidado centrada en la dignidad humana. Nos recordó con su vida que el enfermo no es un caso ni una cifra, sino una persona que necesita ser escuchada, comprendida y acompañada integralmente”.
En la misma perspectiva, indicó que su propuesta pastoral fue integral: “Fomentó una atención integral que supera lo clínico, integrando lo espiritual, emocional y relacional, e incluyendo a las familias en el proceso de acompañamiento”.
También puso de relieve su contribución a la formación: “Ayudó a formar agentes pastorales con sensibilidad, capaces de acercarse al sufrimiento con respeto, empatía y profunda compasión, fortaleciendo una Iglesia que no solo asiste, sino que acoge y permanece”.
Un legado que sigue inspirando
El directivo de la pastoral de la salud, señaló que su testimonio sigue siendo luz para la Iglesia hoy: “Los agentes de la pastoral de la salud encuentran en él una fuente clara de inspiración para vivir su servicio con mayor profundidad, humanidad y sentido evangélico”.
“Nos enseñó que la centralidad está en la persona, que la compasión debe ser activa, que el acompañamiento debe ser integral y que la formación debe tener un profundo sentido humano y cristiano”, apuntó.
Finalmente, sintetizó el núcleo de su espiritualidad: “Vivió su vocación como un acto de amor, reflejando el rostro misericordioso de Cristo en medio del dolor. Su vida nos invita a hacer de cada gesto de cuidado un signo de amor, consuelo y dignidad”.
Condolencias y gratitud de la familia camiliana
Diversas expresiones de condolencia reflejaron el impacto de su vida, como la de la Familia Carismática Camiliana Laica de Colombia, que agradeció su legado en la humanización de la salud y destacó el espíritu de cercanía que caracterizó su misión.
También los religiosos camilianos de Colombia y Ecuador agradecieron su “precioso legado espiritual y material”, y señalaron que su vida seguirá siendo faro y testimonio para quienes continúan la misión. «Su legado misionero y su huella en Colombia perdurarán por siempre. Descanse en paz».
Una vida entregada a Colombia
Nacido en Treviso, Italia, en 1938, Adriano Tarrarán fue ordenado sacerdote en 1964 dentro de la Orden de los Ministros de los Enfermos. En 1967 llegó como misionero a Colombia, donde inició su labor en hospitales emblemáticos de Bogotá.
Su experiencia lo llevó a impulsar una transformación en la atención a los enfermos, promoviendo el respeto por la dignidad humana y una atención integral. En 1981 asumió la dirección del Centro Camiliano de Humanización y Pastoral de la Salud, desde donde fortaleció la formación de agentes pastorales.
Posteriormente, asumió responsabilidades a nivel arquidiocesano, nacional y continental, colaborando también con el CELAM en la promoción de esta pastoral en América Latina. Su trabajo contribuyó a consolidar un enfoque renovado y profundamente humano.
Hasta su regreso a Italia en 2021, su vida estuvo marcada por la cercanía con los más vulnerables, la formación de laicos y la promoción de una Iglesia que acompaña el sufrimiento con misericordia. Su legado permanece como un referente para la Iglesia en Colombia.
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