En Colombia, el terremoto de magnitud 7,4 convirtió en inhabitable el hogar de las Hermanitas de los Pobres en Cali y obligó a trasladar a decenas de adultos mayores de escasos recursos que durante años habían hecho de este lugar su casa.
El terremoto encontró a la hermana Paula Andrea Naranjo Tamayo al frente de un hogar que acogía a 68 adultos mayores. En entrevista con ADN Celam, la religiosa, con 25 años de vida consagrada, recordó la angustia de aquellas primeras horas y la urgencia de ponerlos a salvo.
“Fue muy fuerte el susto de todos en el hogar”, aseguró. Apenas terminó el terremoto, la religiosa comenzó a coordinar la evacuación desde el segundo piso, con ayuda del personal y de voluntarios. “Todo lo sacamos en cuestión de 20 minutos”, explicó. Ninguno de los residentes sufrió lesiones, pese a los daños registrados en distintas zonas de la edificación.


Evacuación, daños y una red de solidaridad
“Fue un milagro”, afirmó la hermana Paula Andrea al recordar que ninguno de los 68 adultos mayores sufrió siquiera un rasguño. La religiosa recordó especialmente el caso de uno de ellos, quien se encontraba en el segundo piso de la capilla cuando una enorme placa cayó muy cerca. Una trabajadora logró rescatarlo en medio del desplome.
Mientras buscaban poner a salvo a los adultos mayores, las religiosas también debieron afrontar sus propias limitaciones. De las hermanas que integran la comunidad, solo tres pueden permanecer de pie y las demás utilizan silla de ruedas. “Ver esa impotencia de las hermanitas” fue, para Paula Andrea, uno de los aspectos más dolorosos de aquellas primeras horas.
Ante la emergencia, distintas comunidades de la Iglesia comenzaron a tender una red de apoyo. Las Hermanas de la Caridad de Calcuta llevaron almuerzo, refrigerios y pipetas de gas, mientras sacerdotes y voluntarios se sumaron posteriormente a las labores. El padre César, párroco del hogar, y el padre Jefferson, dominico, junto al grupo Efetá, colaboraron en la remoción de escombros y en la recuperación de los accesos.
La casa espera una evaluación antes de pensar en reconstrucción
Paredes, techos y zonas comunes resultaron afectados por el terremoto y, varios días después, todavía se registraban desprendimientos de escombros. Sin embargo, la comunidad religiosa aún desconoce con precisión el alcance de los daños, pues está pendiente una evaluación técnica que determine las condiciones estructurales de la edificación.
La religiosa pidió evitar por ahora cualquier expectativa sobre una eventual reconstrucción. “Por el momento no hablamos de reconstrucción”, afirmó. La congregación busca primero financiar un estudio técnico que permita conocer el verdadero alcance de las afectaciones y, posteriormente, tomar una decisión con base en ese diagnóstico y en las orientaciones de la superiora general en Francia.
La emergencia también ha obligado a separar a los adultos mayores del hogar que durante años fue su casa. Algunos ya fueron trasladados a Valledupar y otros serán recibidos temporalmente en diferentes sedes de la congregación, mientras las religiosas buscan también dónde permanecer.


Una comunidad agradecida y preocupada por sus adultos mayores
“Nadie se ha quedado indiferente, a nosotros no nos ha faltado nada”, afirmó la religiosa. Sin embargo, la emergencia entra ahora en una nueva etapa: la congregación ya no requiere principalmente alimentos o pañales, sino recursos que permitan financiar el estudio técnico de la edificación y tomar decisiones sobre su futuro.
La pérdida del hogar no solo ha significado un cambio de lugar para los adultos mayores, sino también una ruptura en su vida cotidiana. La hermana Paula Andrea contó que algunos le han enviado mensajes desde las nuevas residencias para decirle que no se sienten bien y que extrañan la casa donde habían vivido durante años.
“Es muy duro ver cómo se les cambió la vida a ellos”, expresó con voz entrecortada. A pesar de la incertidumbre, la congregación busca mantener la esperanza y continuar su misión, confiando en la providencia y en las personas que hoy acompañan este proceso.
El terremoto también dejó al descubierto una amplia red de solidaridad en torno a las Hermanitas de los Pobres. Sacerdotes, religiosas, voluntarios y ciudadanos se han unido para acompañarlas en una emergencia que aún continúa y que ahora plantea el reto de garantizar el bienestar de los adultos mayores y dar continuidad a su misión en Cali.
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