La Iglesia en Bolivia abrió este espacio de formación con una motivación a hacer de la prevención de abusos y del cuidado una manera cotidiana de vivir en los contextos eclesiales. El Simposio del Diplomado en Prevención de Abusos y Promoción de Ambientes Sanos y el Cuarto Encuentro Nacional de Delegados Jurisdiccionales de Escucha y Prevención congregan a participantes vinculados con distintas jurisdicciones y organismos de la Iglesia.
La actividad cuenta con la participación de la Comisión de Prevención y Cultura del Cuidado de la Conferencia Episcopal Boliviana y de la Facultad de Teología San Pablo de la Universidad Católica Boliviana, además de representantes de la vida religiosa y especialistas invitados.
Durante la inauguración, monseñor Eugenio Coter, presidente de la Comisión de Prevención y Cultura del Cuidado de la Conferencia Episcopal Boliviana, hizo hincapié en la responsabilidad que tienen quienes desempeñan el servicio de escucha y prevención en las jurisdicciones eclesiales.
“Son la puerta de entrada” para quienes buscan ayuda
Mons. Coter recurrió a una comparación para explicar la importancia de los delegados jurisdiccionales. Los describió como “el portero del condominio”, en referencia a quienes se encuentran en la puerta de entrada y pueden decidir cómo recibir a quien llega. Trasladada al ámbito eclesial, la imagen apunta al papel de los delegados como personas a las que puede acudir alguien que se siente víctima de una situación de abuso o maltrato.
“Ustedes son la puerta de entrada de las situaciones que se pueden complicar”, señaló el obispo, al resaltar que su manera de acoger puede expresar una Iglesia atenta y sensible ante el sufrimiento.
Para el presidente de la Comisión, la prevención no puede reducirse a protocolos o acciones aisladas. Su desafío es convertirse en una cultura, es decir, en una forma habitual de relacionarse dentro de las comunidades eclesiales.
Prevenir también significa aprender a cuidar
Mons. Coter insistió en que hablar de prevención supone mirar más allá de los abusos sexuales. También implica prestar atención a las relaciones de poder, los vínculos interpersonales, el maltrato y situaciones como el acoso escolar. Desde esta mirada, llamó a formar a educadores, profesores, sacerdotes y religiosos para que puedan reconocer señales de posibles situaciones de abuso o maltrato y actuar antes de que estas se agraven.
“No es solo prevenir, es cuidar”, dijo durante su intervención, al señalar que el cuidado supone aprender a reconocer aquellos signos que pueden revelar que una relación está generando daño.
El obispo también pidió evitar que la prevención genere una actitud de temor o sospecha permanente. A su juicio, debe asumirse con serenidad y atención, incorporándose a la vida ordinaria de las comunidades.
El cuidado de las víctimas, una prioridad
El obispo pidió a los delegados “cuidar de las víctimas” y generar para ellas un entorno de seguridad y serenidad. Advirtió que las respuestas institucionales y legales pueden no ser suficientes para atender integralmente el sufrimiento de quienes han sido afectados.
Cuestionó la tendencia a considerar determinados casos como hechos aislados o a marginar las situaciones cuando ocurren dentro de la Iglesia. Frente a ello, manifestó la necesidad de reconocer el sufrimiento y acompañarlo. “Tenemos que ayudar a proteger a las víctimas y darles un entorno de seguridad y serenidad”, insistió.
El desafío, explicó, consiste también en contribuir a que toda la Iglesia asuma esta tarea con seriedad y no únicamente quienes tienen una responsabilidad específica dentro de las comisiones o delegaciones de prevención.
Formación para transformar las prácticas eclesiales
La doctora Bernardeth Caero Bustillos directora de Posgrado de la Facultad de Teología San Pablo de la Universidad Católica Boliviana, señaló durante la apertura que la formación en prevención toca directamente la misión de la Iglesia. El simposio y el encuentro nacional, dijo, constituyen un espacio académico, pero también una expresión de responsabilidad frente a los ambientes donde la Iglesia desarrolla su misión.
La Facultad de Teología San Pablo desarrolla esta iniciativa en coordinación con la Comisión de Prevención y Cultura del Cuidado de la Conferencia Episcopal Boliviana. La propuesta tiene como propósito que la reflexión y la formación se traduzcan en prácticas más transparentes y humanas, en consonancia con el Evangelio.
Por su parte, la hermana doctora Eileen FitzGerald, vicepresidenta de la Facultad de Teología San Pablo, señaló que este encuentro puede favorecer la puesta en práctica de los aprendizajes adquiridos durante el diplomado y animó a que las estructuras eclesiales faciliten buenas prácticas relacionadas con la denuncia y la prevención de abusos. También remarcó la dimensión sinodal del proceso, expresada en la participación, el intercambio y la construcción conjunta de una cultura del cuidado.
Tarea compartida por la Iglesia
Fray Jesús María García, de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos de Ecuador, uno de los ponentes del encuentro, agradeció la invitación y resaltó la diversidad de procedencias y experiencias de los participantes. A su juicio, encontrarse con personas que comparten esta misión permite ampliar la mirada y mejorar las respuestas frente a los desafíos de la prevención. También animó a continuar el trabajo con responsabilidad y, al mismo tiempo, con alegría.
El hermano Luis Alberto Mojica Paz, representante de la Conferencia Boliviana de Religiosos y Religiosas, expresó igualmente su cercanía con quienes participan del proceso y señaló que la tarea de prevención compromete tanto a las instituciones como a las personas que forman parte de la Iglesia.
El encuentro cuenta además con la participación de Nancy Loredo, secretaria ejecutiva de la Comisión de Prevención y Cultura del Cuidado de la Conferencia Episcopal Boliviana, y del padre doctor Adelmar Ventura, director del Instituto de Bioética de la Facultad de Teología San Pablo, entre otras autoridades y responsables del proceso formativo.
Hacia una Iglesia que haga de la prevención una forma de vida
Para monseñor Coter, este encuentro presencial constituye también una oportunidad para que los delegados compartan experiencias y aprendizajes. Expresó la posibilidad de que estos espacios puedan repetirse periódicamente para intercambiar prácticas y seguir desarrollando una experiencia común de prevención.
La apuesta, insistió, va más allá de cumplir una tarea administrativa. Se trata de contribuir a que la Iglesia sea reconocida como un espacio capaz de escuchar, acoger, prevenir y proteger.
La jornada inaugural concluyó con una bendición en la que se encomendó a Dios el trabajo de quienes participan en este proceso y las distintas instancias educativas de la Iglesia, desde la catequesis hasta los colegios y universidades.
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