La Red Eclesial Panamazónica (Repam) en Ecuador expresó su “preocupación y solidaridad” con la Comunidad Ancestral Kichwa Tzawata Ila Chukapi, en la provincia de Napo, ante una situación que, según el organismo eclesial, está impregnada por hechos de violencia, despojo territorial y criminalización que ponen en riesgo la vida, la integridad y los derechos colectivos de sus habitantes.
En un comunicado público, la Repam Ecuador se sumó al reclamo de esta comunidad que durante años ha defendido el territorio que reconoce como ancestral frente a distintos intentos de ocupación y decisiones que, a su juicio, desconocen su historia, su presencia y la relación que mantiene con la tierra.
El pronunciamiento se produce en medio de un conflicto territorial de larga data en torno a la comunidad Tzawata Ila Chukapi. La disputa tiene entre sus antecedentes la ocupación de tierras indígenas durante el período de las haciendas y, posteriormente, procesos de adjudicación y actividades extractivas que modificaron la situación de la propiedad en la zona.
Historia de defensa territorial
La comunidad ha sostenido que parte de estas tierras forman parte de su territorio ancestral y ha reclamado su reconocimiento y protección. En los últimos años, el conflicto se ha agudizado por las disputas en torno a la denominada Hacienda Ila, un área de aproximadamente 627 hectáreas que la comunidad reivindica como parte de su territorio ancestral.
La situación actual tiene raíces que se remontan a más de un siglo. Los relatos comunitarios sitúan a comienzos del siglo XX la llegada de hacendados a la zona y un proceso de apropiación de tierras acompañado por formas de explotación laboral de la población indígena. Con el paso de las décadas, el territorio fue atravesado por procesos de colonización, adjudicación de tierras y posteriormente por intereses vinculados a la explotación minera. La llegada de empresas extractivas aumentó las tensiones con las familias kichwas que permanecían en el territorio y que reivindicaban su posesión ancestral.
En este contexto, las comunidades de Tzawata, Ila y Chukapi fortalecieron su organización para defender el territorio y mantener sus formas de vida, vinculadas a la agricultura familiar, las chakras, los ríos y los espacios comunitarios. El conflicto ha continuado durante los últimos años. En 2025 se produjo un nuevo intento de desalojo relacionado con la propiedad de la Hacienda Ila. En marzo de 2026, el Ministerio de Gobierno dejó sin efecto la orden de desalojo y planteó la conformación de mesas de trabajo para abordar la situación. Sin embargo, la tensión no desapareció. La comunidad denunció posteriormente el ingreso de personas y maquinaria al territorio, así como afectaciones a sus espacios de cultivo y al bosque.
La Iglesia amazónica pide diálogo y protección
Frente a este escenario, la Repam Ecuador recordó que la Iglesia en la Amazonía ha acompañado históricamente a los pueblos y ha promovido caminos de encuentro, diálogo y reconciliación. “Desde este horizonte, rechazamos toda forma de agresión contra las familias de Tzawata Ila Chukapi”, señala el comunicado, que también cuestiona cualquier acto de hostigamiento o persecución contra quienes ejercen la defensa legítima del territorio y de la vida.
Para la Repam, la defensa territorial no puede desligarse de la dignidad de los pueblos amazónicos ni de sus derechos colectivos. Por ello, el organismo eclesial hizo un llamado a las autoridades para que actúen ante la situación y garanticen condiciones de protección para la comunidad.
La red pidió concretamente una respuesta “inmediata, efectiva y transparente” de las autoridades competentes, así como atención médica oportuna para las personas que hayan resultado heridas, el cese de cualquier acción violenta y una investigación imparcial y rápida de los hechos denunciados.
“No hay paz sin verdadera justicia”
El pronunciamiento de la Repam Ecuador se inscribe en una perspectiva de defensa de la vida y de los pueblos amazónicos que ha marcado el caminar de la Iglesia en la región. Para la red, la construcción de la paz exige abordar las causas de los conflictos territoriales y garantizar los derechos de las comunidades.
“Como Iglesia amazónica, reafirmamos que no hay paz sin verdadera justicia, ni fraternidad posible sin respeto a la dignidad de los pueblos”, concluye el comunicado.

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