En Bolivia, a los pies de la Virgen de Urkupiña, Patrona de la Integración Nacional, el arzobispo de Cochabamba, Mons. Óscar Aparicio Céspedes, presidió este 9 de agosto la Eucaristía transmitida a nivel nacional por la Comisión de Comunicación de la Conferencia Episcopal Boliviana desde el Santuario de San Ildefonso, en Quillacollo. En el marco de las celebraciones de la festividad, el prelado invitó a los devotos de María a convertir su fe en anuncio y testimonio de la presencia de Dios.
La celebración tuvo lugar días después del encuentro de más de 30 advocaciones marianas provenientes de distintas regiones de Bolivia y de países como México, Brasil y Argentina, que llegaron hasta Quillacollo para acompañar el inicio de la festividad de Urkupiña. En este contexto de encuentro de pueblos y expresiones de la devoción mariana, Mons. Aparicio recordó que desde este santuario la fe no debe quedarse solamente en la contemplación, sino abrirse a la misión.
“Con María de Urkupiña anunciamos las glorias de Dios”, expresó al presentar el sentido de la celebración. Y añadió: “De testigos queremos pasar a ser anunciadores de estas glorias”, invitando a los fieles a no limitarse a experimentar la presencia de Dios en sus propias vidas, sino a extender ese anuncio en la misión que el Señor encomienda.
Fe que nace del encuentro con Dios
Para el arzobispo, el Santuario de San Ildefonso puede convertirse en un punto de partida para anunciar la salvación. Aunque los devotos se congregan en este lugar para celebrar a la Mamita de Urkupiña, el encuentro con Dios no termina allí: desde este espacio de oración y celebración, los creyentes son llamados a llevar el Evangelio a sus familias, comunidades y a toda la sociedad. “Desde acá sale también este anuncio de salvación”, expresó Mons. Aparicio.
En su reflexión, recordó que Dios se manifiesta también en lo sencillo. A partir del relato bíblico del profeta Elías, que no encontró al Señor en el viento, el fuego o las grandes manifestaciones, sino en “la suave y pequeña brisa”, el arzobispo invitó a reconocer que Dios se acerca al ser humano desde la ternura y el silencio. “Dios viene también a nuestro encuentro. Dios se hace presente. Dios nos habla”, aseguró.
Para Mons. Aparicio, esta imagen de la brisa también permite contemplar el rostro de María, cuya presencia se manifiesta en “toda su ternura, en su maternidad, en su suavidad, en su amor profundo”. Por eso, explicó, los peregrinos llegan hasta este santuario: para encontrarse con la Mamita de Urkupiña y, junto a ella, descubrir nuevamente la presencia amorosa de Dios.
“No necesitamos situaciones espectaculares”
El arzobispo llamó a los fieles a hacer silencio, abrir el corazón y dejarse encontrar por Dios. “Importante es hacer silencio. Importante es dejar que el Señor nos ame. Importante es aceptarlo”, señaló durante la homilía.
Resaltó que la experiencia de Dios no necesita estar acompañada de acontecimientos extraordinarios: “No necesitamos situaciones espectaculares. Es él que está en tu vida”, expresó, recordando que Dios conoce los sufrimientos, las adversidades y las luchas de cada persona.
La devoción a la Virgen de Urkupiña, explicó, puede ayudar a los creyentes a descubrir esa presencia en lo cotidiano. “Que sea de verdad también la mamita de Urkupiña que nos invite, que nos ayude a nosotros, que nos inspire a nosotros a poder descubrir esta presencia amorosa de Dios”, pidió.
Frente a las tormentas de la vida
El Evangelio de la jornada llevó a Mons. Aparicio a detenerse en la escena de Jesús caminando sobre las aguas y en el temor de los discípulos frente a la tormenta. Para el arzobispo, esas aguas revueltas pueden representar también las dificultades que atraviesan hoy las personas, las familias y la sociedad.
Mencionó entre ellas las crisis económicas y de valores, la violencia, el narcotráfico, la corrupción, las incomprensiones, las enfermedades, la soledad y las dificultades que afectan a las familias. También recordó situaciones dolorosas como las separaciones entre parejas y las divisiones familiares provocadas por conflictos relacionados con las herencias. A nivel social, planteó igualmente una pregunta sobre el camino recorrido por Bolivia en sus años de independencia: “¿Cuánto hemos avanzado? ¿Cuánto hemos crecido? ¿Cuánto hemos podido progresar? ¿Cuánto nos hemos visto como hermanos?”
Frente a todas estas tormentas, aseguró, Dios no permanece distante. “Frente a estas situaciones, a estas tormentas, el Señor se presenta”, dijo e invitó a los fieles a no dejar que las dificultades les hagan perder la confianza en el amor de Dios.
Caminar sobre las aguas con la mirada puesta en Jesús
La figura de Pedro que sale al encuentro de Jesús permitió al arzobispo formular una invitación: no quedarse paralizados ante las dificultades, sino caminar hacia el Señor con una fe renovada. “Señor, si eres tú, que vaya a tu encuentro”, propuso como una oración para quienes atraviesan momentos difíciles. Y añadió: “Señor, habita en mi corazón. Señor, dame luz. Señor, dame la fuerza”.
Mons. Aparicio recordó que Pedro comienza a hundirse cuando deja de mirar a Jesús. Por eso, señaló que también los creyentes pueden perder el rumbo cuando permiten que las dificultades ocupen por completo su mirada.
La presencia de María aparece nuevamente como compañía en este camino. Así como la Virgen salió al encuentro de su prima Isabel y acompaña a sus hijos, los devotos de Urkupiña están llamados también a salir al encuentro del Señor y de los demás. “Que mi fe se aumente, que mi espíritu se fortalezca. Que junto a María yo glorifique las glorias de Dios”, expresó el arzobispo.
“Mamita de Urkupiña, sé mi consuelo”
Al finalizar su reflexión, Mons. Aparicio convirtió la devoción mariana en una oración confiada. “Señor, sálvame”, pidió, retomando el clamor de Pedro en medio de las aguas.
Y desde el Santuario de San Ildefonso, puso en labios de los peregrinos una súplica dirigida a la Mamita de Urkupiña: “Mamita de Urkupiña, acompáñame. Mamita de Urkupiña, sé mi consuelo. Mamita de Urkupiña, hazme encontrar a tu hijo Jesús”.
La homilía concluyó con una exhortación a superar la duda y a permitir que Dios fortalezca la fe de quienes acuden a la festividad. “Que el Señor, por tanto, robustezca nuestra fe”, expresó Mons. Aparicio, animando a que la devoción a la Virgen de Urkupiña sea vivida de manera “confiada, total y plenamente”.
Suscríbete gratis por a nuestro canal de Whatsapp https://bit.ly/4hbWWN0
Descubre la nueva oferta 2026 de cursos, diplomados y licenciaturas en el Cebitepal https://bit.ly/4aHAue1
Porque hay que cuidar a quienes protegen la creación, llega el podcast La Vida pende de un Hilo https://bit.ly/46cGUiB