“Necesitamos saber y creer que podemos confiar en Dios, que podemos encontrar nuestro descanso en Él”, con esta invitación, Mons. Santiago Ignacio De Wit Guzmán, Nuncio Apostólico en los Países Bajos y delegado ante la Conferencia Episcopal de las Antillas, animó a los participantes del Encuentro Regional de los países del Caribe del Celam a renovar su confianza en la acción de Dios en medio de los desafíos que enfrenta la misión evangelizadora en la región.
La celebración eucarística de inauguración tuvo lugar en el Seminario San Juan María Vianney y Mártires Ugandeses, ubicado en Monte San Benito, Trinidad y Tobago, donde se congregaron obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos provenientes de las Iglesias del Caribe para iniciar varios días de reflexión, discernimiento y comunión.
Los desafíos de anunciar el Evangelio en el Caribe
Tomando como punto de partida el relato del profeta Elías en el Libro de los Reyes, el representante pontificio comparó la experiencia del profeta con la realidad pastoral que viven muchas comunidades eclesiales de la región.
Recordó que, tras anunciar un tiempo de sequía, Elías fue enviado por Dios a esconderse junto al Jordán, donde recibiría alimento y sustento. A partir de esta imagen bíblica, reflexionó sobre las dificultades que enfrentan quienes sirven a la Iglesia en el Caribe. “Después de cuatro años en esta región, me di cuenta de que el ministerio de los obispos y el ministerio de la Iglesia en esta región no es nada fácil”, dijo.
Aunque reconoció la hospitalidad de los pueblos caribeños, la riqueza humana de sus comunidades y la belleza de sus territorios, señaló que la misión se desarrolla en contextos de múltiples desafíos. Entre ellos mencionó las pequeñas comunidades, la degradación social, política y económica, la falta de comprensión hacia la postura de la Iglesia en determinados momentos, así como las dificultades para transmitir la fe a las nuevas generaciones. “Sé lo difícil que puede volverse la misión”, expresó.
Aprender a reconocer la presencia de Dios
Ante estas realidades, el Nuncio resaltó la necesidad de confiar en el Señor incluso cuando parece guardar silencio: “Necesitamos una palabra de consuelo”, señaló, evocando la promesa de Dios a Elías: “No te preocupes, vendrán cuervos y te alimentarán y saciarás tu sed junto al río”.
El Nuncio reconoció que muchas veces quienes ejercen responsabilidades pastorales esperan signos visibles de apoyo, palabras de ánimo o confirmaciones de que están actuando conforme a la voluntad de Dios. Sin embargo, invitó a descubrir la presencia divina en medio de las circunstancias cotidianas: “A veces no es tan fácil aceptar el silencio del Señor, su presencia en nuestras vidas”.
Por ello exhortó a abrir la mente y el corazón para aprender a interpretar la realidad desde la fe y reconocer cómo la gracia de Dios actúa en la vida de las personas y de las comunidades.
Dejar que Dios transforme el corazón
Durante su reflexión, el delegado pontificio presentó las Bienaventuranzas como un espacio espiritual donde los discípulos pueden descansar y dejarse transformar por Dios: “Podemos descansar en el Señor esperando que nos ayude a ser pobres de espíritu, personas misericordiosas, personas de corazón puro”.
Según señaló, la verdadera fortaleza para la misión nace de la relación con Cristo, que permite a los creyentes comprometerse con la justicia, trabajar por la paz y responder constantemente al llamado de la conversión. “Tenemos que comprometernos luchando por la justicia, tratando de hacer lo correcto y trabajando por la paz”, sostuvo.
Mons. De Wit retomó también enseñanzas recientes del Santo Padre para recordar que la acción transformadora de Dios continúa obrando en la vida de los creyentes: “El Santo Padre insiste muy claramente en que el Señor y la gracia del Señor pueden transformar nuestros corazones”. Explicó que los cristianos están llamados a convertirse en terreno fértil para la acción divina, permitiendo que el Señor modele sus vidas y las convierta en signos de esperanza para los demás, si los creyentes se abren a esa acción transformadora, dijo, podrán llevar alegría, fraternidad, solidaridad y esperanza a quienes los rodean: “Podremos traer toda esta esperanza, toda esta alegría”.
Nacer de nuevo para la misión
El Nuncio recordó además una reciente intervención del Papa durante una visita a Argelia, donde invitó a los fieles a comprender el llamado a “nacer de nuevo” no como una simple sugerencia, sino como una auténtica invitación divina. Reconoció que este llamado puede generar temor porque supera las capacidades humanas, pero insistió en que precisamente allí se manifiesta la fuerza de Dios: “Es una oportunidad para que Dios nos muestre su poder y su gracia”.
La autoridad eclesial advirtió sobre el riesgo de olvidar que Dios es el verdadero protagonista de toda obra evangelizadora. “Corremos el riesgo de olvidar que estamos en manos de Dios, que Él nos apoya, que no estamos solos”, expresó, e invitó a centrar nuevamente la mirada en el Señor y a dejarse cautivar por su amor y misericordia.
Mons. De Wit compartió un mensaje dirigido recientemente por el Papa a los jóvenes en España, que consideró igualmente válido para sacerdotes, obispos, religiosos y laicos comprometidos con el servicio pastoral. “Quiero confiarles a todos ustedes la misión de ser verdaderamente humanos”, citó.
Explicó que ser verdaderamente humanos significa vivir con autenticidad, buscar la justicia, actuar con honestidad y tratar a los demás con la misma dignidad con que se desea ser tratado. “Sean humanos como Cristo, el hombre perfecto”, exhortó. El representante pontificio señaló que este llamado constituye una tarea permanente para todos los discípulos misioneros y recordó el testimonio de los primeros cristianos que anunciaron el Evangelio en contextos complejos.
Cambiar la historia con amor
Hacia el final de la homilía, animó a los participantes del Encuentro Regional del Caribe a asumir con renovado entusiasmo su vocación misionera, especialmente ante las pobrezas materiales y espirituales que afectan a muchas personas en la actualidad.
Recordó que la fe cristiana es un camino que se vive en la caridad y que el amor continúa siendo la fuerza más transformadora de la historia. “Fíjense en los apóstoles y en los primeros cristianos. Siguiendo su ejemplo, sean misioneros del Evangelio”, pidió.
Y concluyó con una invitación que sintetizó el mensaje de su homilía: “Puedes cambiar la historia. Hazlo con amor”.
