Desde el corazón verde de Guyana, el obispo Francis Alleyne, OSB, dirigió su mensaje de Cuaresma al pueblo de Dios, invitándolo a vivir este tiempo como un camino compartido de conversión y esperanza. Pastor de la Diócesis de Georgetown, en la Arquidiócesis de Puerto España, jurisdicción que abarca todo el territorio guyanés en Sudamérica, forma parte de los nueve países que integran la Conferencia Eclesial de la Amazonía (Ceama), expresión de una Iglesia que camina con rostro amazónico y espíritu sinodal.
Al iniciar su reflexión, el obispo recordó que la Cuaresma es un tiempo sagrado que la Iglesia ofrece cada año como oportunidad de renovación: “Al entrar en la santa Cuaresma, la Iglesia nos invita una vez más a un tiempo sagrado de contención, reflexión y renovación”, expresó, resaltando que estos cuarenta días no deben entenderse solo como un ejercicio individual.
“Estos cuarenta días no son solo un ejercicio espiritual personal; son un camino comunitario. Caminamos juntos hacia la Cruz y hacia la esperanza de la Resurrección”, dijo, colocando en el centro la dimensión eclesial del itinerario cuaresmal.
Conversión personal y eclesial
En su mensaje, monseñor Alleyne explicó que la moderación propia de este tiempo tiene un sentido más allá del sacrificio: “La Cuaresma nos llama a la moderación no como un fin en sí mismo, sino como una forma de crear espacio: espacio para la voz de Dios, espacio para los demás y espacio para las profundas influencias del Espíritu”.
El obispo remarcó el valor del ayuno, la oración y la limosna como caminos de libertad y comunión: “En el ayuno, aprendemos a ser libres. En la oración, redescubrimos la comunión. En la limosna, renovamos nuestra solidaridad con los marginados”, y recordó que cada una de estas prácticas apunta a una transformación integral.
Asimismo, hizo hincapié en que la conversión tiene una dimensión comunitaria: “Cada disciplina nos recuerda que la conversión es tanto personal como eclesial”, en consonancia con el espíritu sinodal que atraviesa la vida de la Iglesia.
Sinodalidad: caminar en comunión
El obispo hizo referencia explícita al reciente Sínodo sobre la Sinodalidad, que reafirmó que “la sinodalidad es intrínseca a la vida y la misión de la Iglesia”. Según explicó, la Iglesia está llamada a ser un pueblo que camina unido “en comunión, mediante la participación, en aras de la misión”.
Para el pastor de Georgetown, esta Cuaresma representa una oportunidad concreta para encarnar esa visión: “Caminar juntos significa escuchar con atención y respeto. Significa entablar un diálogo marcado no por el miedo ni la división, sino por la caridad y la verdad”, expresó.
Añadió que el discernimiento comunitario exige disponibilidad real para actuar en conjunto: “Significa discernir juntos lo que el Espíritu dice a la Iglesia hoy y estar dispuestos a decidir y actuar juntos en todos los niveles del ministerio y la participación en la vida de la Iglesia”, indicó.
Corresponsabilidad y transparencia
En otro tramo del mensaje, el obispo subrayó que la participación activa en la vida eclesial no es opcional: “Participar en la vida de la Iglesia no es opcional; emana de nuestro bautismo”, y recordó que todos los fieles comparten la misión recibida en Cristo.
“El clero, los religiosos y los laicos comparten por igual la misión profética, sacerdotal y real de Cristo. La renovación de la Iglesia no depende de unos pocos, sino del compromiso fiel de todos”, señaló, reforzando la idea de corresponsabilidad.
Esa responsabilidad compartida, añadió, debe estar sostenida por valores evangélicos: “Esta responsabilidad compartida exige virtudes de transparencia y rendición de cuentas arraigadas en el propio Evangelio”. Y agregó: “Caminar en la luz, como Cristo está en la luz, genera confianza y fortalece la comunión”.
Iglesia en salida misionera
Para monseñor Alleyne, el itinerario cuaresmal conduce necesariamente a la misión: “Sobre todo, nuestro camino cuaresmal nos impulsa a la misión. La Iglesia no existe para sí misma”. Insistiendo en que la renovación interior debe traducirse en testimonio visible.
Al arrepentirse y renovarse, explicó, la comunidad cristiana se vuelve más capaz de ofrecer esperanza en un mundo herido: “Nuestra comunión se vuelve creíble cuando da fruto en el servicio, la justicia, la reconciliación y la alegría”.
Invitó a vivir este tiempo con mayor intensidad y apertura: “Que esta Cuaresma sea un tiempo en el que no solo abandonemos lo que nos impide, sino que aceptemos con mayor intensidad el llamado a caminar juntos”. El obispo concluyó encomendando el camino cuaresmal al Señor: “Encomendemos este camino al Señor que camina con nosotros, nos purifica y nos llama siempre hacia adelante. Y que la gracia de este tiempo santo nos prepare para celebrar con corazones renovados la victoria de la Pascua”.
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