En esta nueva edición de Rostros y Voces, programa del Ecosistema de Medios ADN Celam, el invitado especial fue el cardenal Luis Cabrera, arzobispo de Guayaquil y presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, quien reflexionó acerca de los desafíos que interpelan a los pueblos en aspectos como la pobreza, la violencia y la autoridad en la región.
La segunda temporada de Rostros y Voces abre un diálogo abierto y profundo con personalidades de la Iglesia en América Latina y el Caribe y su incidencia. En cada emisión se busca compartir con el público un análisis sobre la realidad social, cultural y política de los pueblos, priorizando la voz de quienes viven en las periferias.
Pobreza y solidaridad desde la acción concreta
El cardenal Cabrera habló de la pobreza como un desafío de fondo que perdura en la historia de la humanidad. En este sentido, puso el ejemplo de la Iglesia en Guayaquil que favorece la educación de más de 12.000 niños, anualmente presta atención en salud a 900.000 personas y brinda alimentos a 47.000 familias cada mes.
Con esto señaló que, son apenas “pequeños pasos” que motivan para que cada día sean más los que se sumen a aportar, entre ellos mencionó organizaciones sociales, comunidades indígenas y religiosas y por su puesto el Estado. “No basta con buscar culpables, hay que actuar y abrir el corazón a la solidaridad”, puntualizó.
Pobreza y violencia: unidas en la misma raíz
El directivo del episcopado, mencionó que una de las principales causas para el reclutamiento de jóvenes a bandas criminales, está en la falta de oportunidades como empleo, educación y salud. Como respuesta a esta problemática, mencionó que la Iglesia en las parroquias abrió espacios seguros donde los niños y las familias fomentan el encuentro y la fraternidad.
“La paz significa dar de comer, educar, ofrecer salud y dignidad”, señaló. Observó que la violencia se encuentra disfrazada en sus múltiples facetas: abuso de autoridad, física, sexual, laboral y emocional. De ahí la invitación a ser “gestores de paz” aportando con acciones concretas y no solo con discursos vacíos o sueños irreales.
Recuperar la confianza y vencer el miedo
El cardenal señaló que uno de los principales efectos del crimen organizado es infundir miedo y esto hace que la gente se esconda y construya muros, barrios completos donde las comunidades están encerradas. Sin embargo, la Iglesia invita a la gente a recuperar la confianza, a organizarse, cuidarse mutuamente y reconocerse como vecinos y hermanos.
“El Evangelio nos recuerda que somos hijos y no esclavos, hermanos y no rivales, protagonistas y no víctimas, administradores y no propietarios”, indicó, asegurando que solo así es posible que se vuelva a recuperar la confianza y la paz interior.
Autoridad como servicio y no privilegio
Frente al avance de la minería ilegal y otras problemáticas sociales que atañen al país, el purpurado recordó que el poder no puede ser utilizado para obtener privilegios ni prestigio, por lo que exhortó a las autoridades a vivir el poder como servicio.
El llamado es a que se bajen de los pedestales donde se han puesto ellos, o donde la misma sociedad los ha ubicado, y comiencen a caminar con la gente, a escucharla, a servirla y no a servirse de ella”, concluyó.
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