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Cardenal Chomalí: “La corrupción aún tiene remedio, pero exige una respuesta urgente y ética”

El cardenal Fernando Chomalí, arzobispo de Santiago de Chile, hizo una reflexión titulada “Corrupción: un mal que aún tiene remedio”, en la que aborda uno de los males que más daño ha hecho al tejido social, político e institucional del país: la corrupción. Su análisis, que parte desde una visión integral, toca las dimensiones estructurales, culturales y espirituales de este flagelo que, advierte, puede convertir a una nación en un “estado fallido”.

Cuando ese mal penetra en un país se vuelve exponencialmente más difícil erradicarlo”, afirma el cardenal Chomalí, advirtiendo que la corrupción tiende a infiltrarse transversalmente en instituciones públicas y privadas hasta instalarse como parte de la vida cotidiana. Esta situación, señala, pone en riesgo el Estado de derecho, genera desconfianza y golpea particularmente a los más pobres.

Uno de los elementos más preocupantes, apunta el arzobispo, es la conexión directa entre corrupción, crimen organizado, narcotráfico y violencia. “El vínculo entre crimen organizado, narcotráfico y tenencia de armas es absoluto”, dice, alertando sobre la peligrosidad de actores que no dudan en recurrir a la fuerza para mantener sus negocios ilícitos. En ese contexto, la vida humana pierde valor y se instala una lógica perversa: todo vale con tal de preservar el poder.

Preocupación por la educación

El cardenal Chomalí también señala otros factores sociales que abonan este terreno, como la deserción escolar y el alto número de jóvenes que no estudian ni trabajan, situación que los vuelve particularmente vulnerables. “Es más fácil que estos se conviertan en presa de quienes buscan corromperlos”, lamenta, proponiendo una respuesta articulada e interinstitucional con medidas urgentes y eficaces.

El origen del problema, sin embargo, no es inmediato. Se forja, dice, en una cultura que ha hecho del dinero la medida del valor humano y ha descuidado la formación ética y espiritual. “Una sociedad que ha sacado de los planes escolares los estudios filosóficos y éticos”, observa con preocupación, criticando la indiferencia frente al desarrollo de las virtudes y el respeto por la dignidad humana.

En este contexto, el cardenal evoca la doctrina social de la Iglesia, que advierte sobre los riesgos del relativismo ético: “El mayor riesgo para las democracias actuales es el relativismo ético que induce a considerar inexistente un criterio objetivo y universal para establecer el fundamento y la correcta jerarquía de valores”.

Corrupción que brota del poder

No obstante, la autoridad eclesial reconoce que no todo está perdido. Chile, a pesar de los escándalos recientes, mantiene ciertos niveles de resiliencia: “Nuestro país es uno donde los ciudadanos aún se ven menos expuestos a intentos de soborno”. Citando comparaciones regionales que colocan a Chile entre los países latinoamericanos con menor percepción de corrupción.

Remarca el rol de los medios de comunicación y el periodismo investigativo en la denuncia de los casos de corrupción: “Gracias al periodismo investigativo se han descubierto muchos casos de soborno, colusión, malversación de fondos, amiguismos de toda índole, fraude al fisco y tráfico de drogas”, afirma, y advierte que ahora se suman delitos más graves como extorsión, asesinato por encargo y secuestros.

Uno de los aspectos más dolorosos es que la corrupción ha brotado desde dentro del poder mismo: “Muchas de esas prácticas se deben a personas en distintas instituciones públicas que deberían estar al servicio del país, no sirviéndose de él. Y recuerda que esta degradación institucional deja indefensos a los más vulnerables.

Educación y ética para revertir la situación

Para el cardenal, la educación y la ética son fundamentales para revertir la situación. Denuncia los “pequeños” signos de corrupción cotidianos: coimas para acelerar trámites, uso de influencias, licencias médicas falsas, evasión de impuestos. “Normalizar estas conductas es un camino sin retorno”, advierte, haciendo un llamado urgente a erradicarlas desde la raíz.

En ese sentido, propone una revisión de los programas educativos para fortalecer “la virtud y la ética individual” y revalorar la responsabilidad colectiva. También sugiere revisar el ingreso y formación en instituciones clave como las policías, fuerzas armadas, poder judicial y mundo privado, e impulsar una política clara contra el consumo de drogas, desde un enfoque multidisciplinario.

“El desarrollo del país se hace inviable” si no se enfrenta la corrupción con decisión, señala. “Los empresarios mirarán hacia afuera y no habrá inversiones en la infraestructura local. Las personas con mayor preparación emigrarán”, agrega, visibilizando el efecto desastroso en el capital humano.

Chile libre de corrupción

Frente a este panorama, el cardenal Chomalí propone una reflexión nacional e integral sobre el poder y sobre el valor de una sociedad libre de corrupción, involucrando a todos los sectores y actores sociales. “El tiempo es ahora. La responsabilidad es nuestra”, alienta.

También, asegura que la Iglesia Católica tiene un papel importante en este proceso, a través de su misión educativa, social y pastoral: “La Iglesia espera ser una contribución… generando una sólida formación ética fundada en la antropología de la fraternidad y del servicio comunitario”, asegura.

Además, deja en claro que la lucha contra la corrupción no es solo tarea del Estado, sino de cada ciudadano y cada institución comprometida con el bien común.

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