Con una llamada directa a reconocer la primacía de la gracia en el camino espiritual, el arzobispo de Guayaquil y presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, Cardenal Luis Cabrera, presidió la Santa Misa de Miércoles de Ceniza, e inició el itinerario cuaresmal con una reflexión teológica y pastoral sobre la conversión cristiana. En su homilía situó a los fieles ante el núcleo del tiempo litúrgico: no se trata únicamente de un esfuerzo moral, sino de la acogida de una iniciativa divina que busca al ser humano en su historia concreta.
Al abrir su predicación, el purpurado enmarcó el sentido de los cuarenta días: “Son 40 días que vamos preparándonos para celebrar con gozo la Pascua del Señor”. Desde esta perspectiva pascual explicó el valor del signo penitencial que inaugura el camino: “Al iniciar esta Cuaresma en la Iglesia hay la costumbre o la tradición de colocar la ceniza en la frente. Eso nos recuerda la fragilidad de la vida”. No se trata, dijo, de un gesto solamente ritual, sino de una pedagogía espiritual que confronta al creyente con su condición humana.
Habló sobre la dimensión existencial asegurando que: “Nuestra vida decimos es corta y frágil. Pero también aquí aparece la grandeza de la llamada de Dios a una nueva vida”. De este modo, la ceniza no solo recuerda la caducidad, sino que abre a la esperanza de una transformación sostenida por la gracia.
Tiempo favorable y kairós de salvación
Al iluminar las lecturas proclamadas, el cardenal manifestó el carácter salvífico de la Cuaresma desde la teología paulina: “San Pablo en la carta que acabamos de escuchar se recuerda que el tiempo de la cuaresma es un tiempo favorable, un tiempo de gracia, un tiempo de salvación. Tanto que lo llama es un Kairós”. Con esta categoría bíblica explicó que no se trata de un tiempo cronológico más, más bien se trata de un momento cualitativo donde Dios actúa de manera particular en la vida de las personas.
En esa línea reflexionó sobre el dinamismo del encuentro: “Porque el Señor pasa nuevamente por nuestra vida, por nuestra historia y nos llama por nuestro nombre”.
“La invitación es no dejar que ese tiempo de gracia pase, que es un momento, repito, de encuentro donde nosotros con toda libertad decimos al Señor, ‘Sí o no’”, la libertad humana aparece, así como espacio de respuesta ante la iniciativa divina.
La gracia que toma la iniciativa
Retomando el magisterio cuaresmal del Papa León XIV, el cardenal insistió en que la conversión no puede reducirse al voluntarismo: “La conversión no es solo un esfuerzo humano, sino ante todo un encuentro con la gracia de Dios”, esta afirmación, dijo, permite comprender que el proceso espiritual comienza en Dios y no en el mérito humano.
Hizo énfasis además en el carácter preveniente de esa gracia: “Esa gracia que nos busca primero, lógicamente nos deja en plena libertad para acoger o rechazar su amor”.
En coherencia con la Palabra proclamada, reafirmó el anuncio del perdón: “Dios viene, que el Señor nos ofrece su perdón, su gracia”, así, la Cuaresma aparece como actualización histórica de la misericordia divina.
La conversión como camino
El purpurado desarrolló luego una catequesis estructurada sobre la conversión entendida como itinerario: “Como en todo camino, porque la conversión es comparada como un camino. En todo camino distinguimos un punto de llegada, un punto de partida, los medios y los modos diríamos de hacerlo”. Esta imagen permitió articular pedagógicamente el proceso espiritual.
Planteó entonces la pregunta decisiva: “¿Cuál es el punto de llegada? De hecho, cuando nos disponemos a viajar, lo primero que preguntamos es a dónde vamos. Y respondió desde la teología de la misericordia: “Pues nos dirigimos hacia el Dios de la misericordia infinita. Por eso que la conversión no comienza tanto por el pecado, sino comienza por Dios, por el amor de Dios. Vamos hacia su misericordia, hacia su bondad, hacia su perdón, hacia su hacia allá vamos”.
Desde esa perspectiva, el cardenal invitó a purificar imaginarios distorsionados de Dios: “No nos acercamos a un juez, a veces severo, sino un padre que quiere sanarnos, un padre que quiera levantarnos, que quiera renovar nuestra vida”. Apoyándose en san Pablo, reiteró la urgencia reconciliadora: “Déjense reconciliar por Dios. Es el tiempo favorable”. “El corazón de Dios entonces siempre está abierto. Él nunca se cansa de perdonar. A veces nosotros somos los que nos cansamos de volver”, dijo reafirmando la paciencia divina.
El punto de partida: reconocer el pecado
Explicó que el camino exige realismo espiritual: “Pero hay un punto de partida. ¿Y cuál es? pecado. Es saber que nos hemos alejado de Dios y nos hemos ausentado de nuestros hermanos”. Por ello insistió: “Para volver hay que tomar conciencia en dónde estamos”. Solo desde la verdad interior es posible el retorno.
A la luz del profeta Joel añadió: “El corazón se ha endurecido porque hemos puesto la confianza en las cosas y nos hemos olvidado del Señor”. El cardenal recordó la naturaleza del pecado: “El pecado no solamente romper una norma, sino se rompe la relación con Dios”.
“Cuando dejamos la oración, cuando con los demás prima el egoísmo, cuando hay indiferencia, cuando perdemos la paz”, dijo. Y advirtió sobre el riesgo de la habituación: “Muchas veces nos acostumbramos a vivir sin Dios, sin darnos cuenta”.
Los medios del camino cuaresmal
El inicio de la conversión nace de la humildad, afirmó: “La conversión comienza cuando con humildad reconocemos y decimos, ‘Señor, me he equivocado. Te necesito quiero volver’”. Desde ahí presentó los medios evangélicos. El primero es la oración: “La oración que nos vuelve a poner en la relación con Dios. Ese espacio donde aprendemos a escucharlo, volvemos a confiar en él. Donde su palabra va transformando nuestro corazón”.
El segundo es el ayuno, comprendido integralmente: “No es solamente dejar alimentos, sino saber también ordenar los deseos, liberarnos de los excesos de las actitudes interiores”. En sintonía con el mensaje pontificio, añadió: “Es importante descubrir que hay que ayunar también de aquellas palabras que hieren. Por ejemplo, críticas, chismes, calumnias, todo aquello que destruye”. Propuso entonces una pedagogía del lenguaje: “Llenarnos de palabras en cambio que sanan, palabras que ayudan a crecer”.
El tercer medio es la limosna: “Es compartir con los demás los bienes, servir a los demás, acercarnos al que sufre, no hay conversión sino auténtica misericordia”. Sin embargo, advirtió sobre la intención: “¿Cómo hay que hacer eso? El modo y aquí Jesús nos va a decir, no para ser vistos y alabados, sino para que el padre que vean los secretos del corazón conozca y nos dé su paz”. Con ello subrayó que “la conversión no es la apariencia religiosa, es vivir en integridad, el padre que ve lo secreto”.
Vivir la Cuaresma
En la parte conclusiva, el cardenal sintetizó su catequesis espiritual: “La conversión, como ven, es un camino que tiene un punto de llegada, la misericordia de Dios, un punto de partida, el pecado”.
“Y los medios, como Jesús nos recuerda, la oración, el ayuno y la limosna”, reiteró, y encomendó a los fieles la vivencia auténtica de este tiempo litúrgico: “Que el Señor nos ayude pues a vivir de una manera auténtica ese tiempo de cuaresma”.
Le puede interesar: “Existe un vínculo indisoluble entre nuestra fe y los pobres”: Papa León XIV anima la Campaña de la Fraternidad sobre vivienda digna en Brasil
Suscríbete gratis por a nuestro canal de Whatsapp https://bit.ly/4hbWWN0
Descarga la versión popular de Rerum novarum, la encíclica primera encíclica que marcó la historia social de la Iglesia https://bit.ly/4q1aKho
Descubre la nueva oferta 2026 de cursos, diplomados y licenciaturas en el Cebitepal https://bit.ly/4aHAue1
Porque hay que cuidar a quienes protegen la creación, llega el podcast La Vida pende de un Hilo https://bit.ly/46cGUiB













Post a comment