El Cardenal Paulo Cezar Costa, arzobispo de Brasilia, culminó este martes 22 de julio su visita pastoral a Ucrania, una misión en la que pudo ver el testimonio de una Iglesia que camina en medio del sufrimiento y un pueblo que no pierde la esperanza.
En su mensaje de despedida, el purpurado brasileño aseguró que lleva en el corazón una experiencia de fe, dolor compartido y oración por el don de la paz. “Nos vamos de Ucrania. Hemos vivido días intensos aquí, días en los que nos solidarizamos con el pueblo ucraniano, donde experimentamos su dolor, su sufrimiento y también sus esperanzas”, expresó el cardenal en un mensaje difundido en las redes sociales de la Arquidiócesis.
“Vinimos como peregrinos, donde rezamos a María, a quien los ucranianos veneran en el Santuario Nacional como a la Virgen del Escapulario, para pedirle el don de la paz”.
Una Iglesia que lleva adelante su misión con esperanza
Durante su estadía, el cardenal visitó lugares emblemáticos marcados por la tragedia de la guerra: hospitales repletos de jóvenes heridos, cementerios donde descansan soldados que entregaron su vida, y comunidades cristianas que, pese a las noches de misiles y sirenas, se mantienen firmes en la fe. “La guerra solo trae tragedia, solo horror. Podemos conmover este horror cuando visitamos el cementerio, donde vemos a tantos soldados, tantos jóvenes que han perdido la vida”, lamentó.
A lo largo de su visita, el Cardenal Paulo Cezar también se encontró con la vitalidad de una Iglesia que, tras décadas de persecución bajo el régimen comunista, ha sabido renacer: “Aquí experimentamos una Iglesia que está reanudando su camino. Los comunistas se apoderaron de las iglesias, asesinaron a muchísimos sacerdotes y obispos, las convirtieron en museos e intentaron borrar la historia del cristianismo”, recordó.
Sin embargo, a partir de la libertad recuperada en los años noventa, esa misma Iglesia ha reconstruido sus estructuras físicas y espirituales: “Es una Iglesia que recomenzó, que se reinventó, pero con fuerza, después de todo el tiempo de comunismo, donde se buscó apagar la memoria, que lleva adelante su misión con esperanza, que busca testimoniar a Jesucristo con belleza”, afirmó el arzobispo brasileño, resaltando especialmente el testimonio de los obispos ucranianos: “Obispos que dan su vida, que buscan que la Iglesia en Ucrania perdure; gente maravillosa con fe”.
Orar por la paz y dar voz al sufrimiento
El cardenal compartió que, más allá de las cifras y del ruido de la guerra, lo que se lleva de Ucrania es el rostro humano del sufrimiento: jóvenes heridos, familias desplazadas, ancianos aferrados al rosario: “Es una experiencia de solidaridad, una experiencia de cercanía, una experiencia de ver el sufrimiento de estas personas, de orar con ellas por el don de la paz”.
En su despedida, el Card. Paulo Cezar Costa reiteró su solidaridad con el pueblo ucraniano: “Los llevo en mi corazón; siempre pueden contar con mis oraciones, mi solidaridad y mi voz, que también quiere dar voz a su sufrimiento, a los horrores que la guerra les hace soportar”. Y concluyó con una invocación cargada de fe: “Que Dios los acompañe”.
La misión del cardenal en Ucrania es un signo del acompañamiento de la Iglesia universal a una nación herida que sigue clamando por la paz.
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