Con una exhortación a la conversión ecológica, la resistencia comunitaria y el compromiso profético, se celebró del 25 al 27 de julio en Belo Horizonte, Minas Gerais, la Pre-COP Este, encuentro que reunió a representantes de las regiones Este 1, Este 2, Este 3 y Sur 1 de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB).
La cita forma parte del proceso de preparación de la Iglesia brasileña para la 30.ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), que se realizará en noviembre en Belém, Pará.
Durante tres días, obispos, religiosos, laicos, expertos y miembros de comunidades indígenas reflexionaron sobre la crisis climática y las alternativas necesarias para enfrentar sus causas estructurales. El encuentro fue organizado con el apoyo de la Comisión de Ecología Integral y Minería de la CNBB, y culminó con la lectura de una carta que recoge el espíritu y los compromisos de esta movilización.
Llamados a la conversión personal
La oración inicial se realizó en la Abadía de Nuestra Señora del Agua Sucia, un sitio emblemático de la espiritualidad local, y se contó con la participación del Pueblo Indígena Xucuru Kariri, originario de la aldea Arapowã Kakya en Brumadinho. Su presencia expresó, con fuerza simbólica, la defensa de los territorios como acto espiritual y político.
Durante la sesión inaugural, Mons. Francisco Cota, obispo de Sete Lagoas y presidente de la Comisión de Ecología Integral y Minería de la región Este 2, advirtió que “ya no nos enfrentamos al cambio climático, sino a una grave crisis climática que exige presión política y conversión personal”.
Por su parte, Mons. Luiz Gonzaga Fechio, obispo de Amparo (São Paulo), evocó el magisterio del Papa Francisco y reamrcó la necesidad de un compromiso cristiano con la ecología integral. El padre Josafá Carlos de Siqueira, SJ, completó el llamado: “Necesitamos creer en el poder de las pequeñas semillas”.
Debate, formación y propuestas
La programación incluyó mesas redondas, paneles y grupos de trabajo. La profesora Raquel Trajber (CEMADEN) tomó el concepto de resiliencia transformadora, mientras que el profesor Luiz Marques (UNICAMP) señaló “el fracaso de las actuales negociaciones climáticas” y alertó sobre la urgencia de una movilización democrática real.
Los participantes se dividieron en cinco grupos temáticos para profundizar en los pilares del encuentro: derechos territoriales, justicia climática, crítica al modelo económico extractivista, falsas soluciones tecnológicas y centralidad de la vida. En cada espacio se analizaron los impactos del modelo económico vigente sobre los biomas brasileños, como la Mata Atlántica, el Cerrado y los manglares, y se denunciaron prácticas como el uso de pesticidas, la minería y la especulación inmobiliaria.
Carta profética desde Belo Horizonte
La carta final, leída públicamente el último día del encuentro, se convirtió en el documento valioso de esta movilización. En ella, los participantes expresan su rechazo a las “falsas soluciones” promovidas en las negociaciones internacionales y exigen compromisos concretos y vinculantes.
“La crisis climática está profundamente vinculada al sistema capitalista, la injusticia social, el racismo ambiental y el extractivismo depredador”, se señala. A partir de este análisis crítico, la carta propone una ruptura con el actual modelo económico y la construcción de una economía basada en “la justicia socioambiental, la agroecología y los conocimientos ancestrales”.
También se denuncia la financiación de la naturaleza y los mercados de carbono, que, según el documento: “profundizan las desigualdades y amenazan los territorios sin abordar las causas estructurales de la crisis”. Frente a esto, se proclama la necesidad de fortalecer las Comunidades Eclesiales de Base, las Pastorales Sociales y una Pastoral de Ecología Integral “con presencia efectiva en los territorios”.
Iglesia con coherencia
La carta también señala que “la Iglesia debe mantener coherencia entre su discurso y su práctica”, evitando alianzas con empresas contaminantes y adoptando medidas sostenibles. Se habla también, de asumir un rol profético en la defensa de la justicia ambiental, “con acciones firmes en políticas públicas, consejos, conferencias y otros espacios de participación popular”.
En lo internacional, se exige “la cancelación de la deuda externa” y “la rendición de cuentas de los países históricamente contaminantes”.
La clausura del evento se realizó con una misa presidida por Mons. Francisco Cota, en la que se conmemoró el décimo aniversario del crimen socioambiental de Mariana, ocurrido con el colapso de la presa de Fundão. En ese contexto, se anunció la Peregrinación de las Aguas y de la Tierra, prevista para el 9 de noviembre, como un gesto profético de memoria y resistencia.
Iglesia que camina en comunión, esperanza y lucha
Representantes regionales compartieron iniciativas para continuar la movilización en sus territorios: creación de foros, fortalecimiento de redes, formación de liderazgos comunitarios y articulación pastoral. Una propuesta destacada fue la de institucionalizar la Comisión Especial de Ecología Integral y Minería como comisión permanente en todas las oficinas regionales de la CNBB.
La carta final concluye con un mensaje de esperanza y expresa: “La justicia climática no es negociable”. Además, convoca a una Iglesia comprometida que camine “en comunión, esperanza y lucha” hacia la COP30 en Belém.
La Pre-COP Este se suma así al camino que muchas comunidades y regiones eclesiales han emprendido en defensa de la Casa Común. Lejos de limitarse a una denuncia, la carta final afirma con esperanza que “proclamamos las formas de vida y los conocimientos de los pueblos indígenas, quilombolas y comunidades tradicionales como formas sostenibles y armoniosas de habitar la tierra”.
Desde Belo Horizonte a Belém, la Iglesia brasileña reitera su compromiso con una ecología integral y una práctica pastoral coherente, que se traduce en propuestas y articulación comunitaria. Como señala el documento: “La conversión ecológica es urgente. La justicia climática no puede esperar”.
“Que la COP 30 en Belém sea un hito en la escucha del clamor de la Tierra y de los Pobres, en la denuncia profética de las estructuras de muerte y en el anuncio de nuevos caminos para una sociedad justa y respetuosa de la naturaleza”, concluye el documento, encomendando este camino a la intercesión de Nuestra Señora de la Abadía de las Aguas Sucias y de San Francisco de Asís.
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