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“Celebramos la vida, no la muerte”, la Iglesia boliviana invita a renovar la fe y la unidad nacional

En la celebración por los Fieles Difuntos, los obispos de Bolivia invitaron a reflexionar sobre la esperanza cristiana, la santidad cotidiana y la responsabilidad social ante los desafíos del país.

Desde diferentes regiones, los prelados coincidieron en que la conmemoración de los difuntos no debe ser un día de tristeza, por el contrario, debe ser renovación del compromiso con la vida, la justicia y la unidad nacional.

Mons. Aurelio Pesoa: “Debería darnos miedo una vida vacía y sin sentido”

El presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana y obispo del Vicariato Apostólico del Beni, Mons. Aurelio Pesoa, recordó que el Día de los Fieles Difuntos “no tiene por qué ser un día de tristeza, sino un día para la esperanza”.

“Muchos de nosotros recordamos a nuestros seres queridos que partieron a la casa del Padre”, dijo, invitando a vivir este tiempo como una oportunidad para agradecer y perdonar. “Por todos aquellos que ya no están con nosotros y dejaron su ausencia escrita en el recuerdo, nuestras palabras deberían ser también gracias y perdón”, expresó.

Mons. Pesoa remarcó que la muerte es el paso a una nueva vida: “El ser humano creyente tiene la seguridad de que después de la muerte le espera la vida verdadera”. El obispo alentó a revisar el sentido de la existencia: “Miedo debería darnos la vida malgastada de manera inútil, la vida vacía o sin sentido, aquella en la que no se ha hecho lo suficiente por el prójimo”.

Para el prelado, el recuerdo de los difuntos debe llevar a una conversión personal y social: “Hoy debería ser un día para meditar no solo sobre la muerte, sino sobre el sentido de la vida que el Creador nos regaló”.

Mons. Ricardo Centellas: “Celebramos la vida, no la muerte”

Desde Sucre, el arzobispo Mons. Ricardo Centellas hizo hincapié en que la conmemoración de los difuntos es, ante todo, una proclamación de la vida eterna: “Nosotros no celebramos la muerte, celebramos la vida, porque la muerte es un paso a la vida eterna”. El prelado resaltó el valor de la memoria y de la oración como vínculo con quienes ya partieron: “Entre los difuntos y nosotros hay un contacto especial. Este día es para rezar, encontrarse en familia y celebrar la vida en torno al difunto”.

Mons. Centellas recordó que la fe cristiana está marcada por la esperanza del encuentro con Dios: “Creemos en Dios, pero muchas veces no creemos con la misma intensidad en la vida eterna. Sin embargo, rezamos por nuestros difuntos para que gocen de la paz completa, la paz que no tiene fin”.

También invitó a mirar la vida con perspectiva de eternidad: “Cada difunto es un intercesor ante el Padre. Viendo su paso por este mundo, tenemos la oportunidad de mejorar muchas cosas”. Pidió mantener viva la oración por las almas del purgatorio: “Rezamos para que en este camino hacia el Padre sean purificados por la misericordia y la gracia de Dios”.

Mons. Percy Galván: “Pasemos de la indiferencia al compromiso y de la confrontación a la unidad”

En la Arquidiócesis de La Paz, Mons. Percy Galván habló desde una dimensión social. Señaló que las fiestas de Todos los Santos y Fieles Difuntos están entrelazadas con la religiosidad andina y que “la santidad nos hace vencer la muerte para participar de la resurrección”.

“Ser santos no es ser muditos ni raritos”, dijo con tono pastoral, aclarando que la santidad “es una batalla diaria por cumplir la voluntad de Dios”. Para el arzobispo, la santidad no se limita a la piedad personal, sino que tiene una dimensión familiar, eclesial, social y política.

Bolivia somos todos nosotros, y todos podemos hacer de este país un país grande, pero para eso tenemos que ser santos”, expresó.

Tres desafíos para la santidad

Pasar de la indiferencia al compromiso: “No puede haber un creyente que diga ‘a mí no me importa la política o la economía’. Tenemos que pensar en el bien común, en nuestra querida Bolivia”.

Pasar de la confrontación a la unidad: “Durante años nos han dividido entre citadinos y campesinos, entre creyentes y no creyentes. Tenemos que volver al perdón, a la reconciliación y a la familia boliviana. Queremos ser hijos de Dios, unámonos”.

Pasar de la flojera al trabajo: “Santidad es dejar de ser flojos y trabajar responsablemente, cada uno desde lo que le toca. Si trabajamos con amor y fe, seremos santos”.

“Pasando de la indiferencia al compromiso, de la confrontación a la unidad y de la flojera al trabajo, seremos santos y haremos el bien a nuestra Iglesia y a nuestra amada Bolivia”, remarcó el arzobispo Galván.

Mons. Sergio Gualberti: “El mundo tiene sed de esperanza y de vida más allá de la muerte”

Desde Santa Cruz, el arzobispo emérito Mons. Sergio Gualberti reflexionó sobre el sentido cristiano de la muerte y la esperanza. Recordó que las fiestas de Todos los Santos y Fieles Difuntos están estrechamente unidas porque “todos confiamos llegar un día a la casa del Padre, nuestra meta definitiva”.

Se refirió a la riqueza de las tradiciones bolivianas en torno a los difuntos: las flores, las masitas y las visitas a los cementerios, como signos “de vida y esperanza”.

La autoridad eclesial situó la celebración en el contexto del Año Jubilar de la Esperanza, invitando a no dejarse engañar por “las falsas esperanzas del poder, la fama y la riqueza”. Citó al Papa Francisco al recordar que “nada ni nadie podrá separarnos nunca del amor de Dios”.

Mons. Gualberti también vinculó la fe con los grandes desafíos sociales y ambientales del mundo: “Nos encontramos en un mundo donde existe mucha más muerte que antes, causada por el hambre, la pobreza, las guerras, las injusticias, la violencia y la indiferencia”. Aseguró que la verdadera esperanza cristiana no defrauda: “Morir es solo cruzar una puerta y encontrar lo que tanto se buscaba: la vida en Dios”.

Concluyó recordando que en la Eucaristía “Cristo muere, resucita y con Él resucitan nuestros hermanos”, por lo que la misa por los difuntos “es la presencia viva de los ausentes”.

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