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Censo: Mons. Rebolledo invita a vivir el Evangelio en comunidades fraternas y esperanzadas

La Conferencia Episcopal de Chile (CECh), a través de su presidente y arzobispo de La Serena, Mons. René Rebolledo Salinas, hizo pública una reflexión pastoral de hondo calado frente a los resultados del reciente Censo 2024. En el documento, el prelado plantea que “ha disminuido la afiliación formal a la Iglesia católica”, mientras se observa un crecimiento de “la adhesión a hermanos evangélicos” y, de forma más notoria, un aumento de “la población que declara no tener religión o credo”.

La fe como opción libre y razonada

En un análisis que va más allá de lo estadístico, Mons. Rebolledo señala que no estamos ante un fenómeno de desaparición de la religiosidad, sino frente a “una profunda transformación antropológica y, por ende, también social”. De ahí la urgencia, afirma, de repensar la presencia eclesial desde una clave de convicción más que de tradición: “La fe cristiana hoy no se vive por herencia u ósmosis, sino por convicción”.

Citando al Papa Benedicto XVI y su encíclica Deus Caritas Est, el presidente de la CECh recuerda que el cristianismo no nace de una doctrina o una ética, sino de “un encuentro con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida”. Esta experiencia, recalca, exige una opción personal, “reflexionada, razonada y libre: ¡Es adhesión a Cristo el Señor, a su Evangelio de vida!”.

En medio de un mundo marcado por “el individualismo, la primacía del beneficio personal sobre el colectivo, además del temor y la desesperanza”, Mons. Rebolledo afirma que la fe se presenta como “un don que madura en el silencio, pero que se vive en fraternidad, en comunidades tal vez más pequeñas, pero vivas y creativas”.

La Iglesia más pequeña, pero más auténtica

El arzobispo de La Serena trae a colación una visión del joven teólogo Joseph Ratzinger, quien anticipó a fines de los años 60 que la Iglesia del futuro sería “más pequeña”, “pobre” y “una comunidad de la libre voluntad”. Según Mons. Rebolledo, estas palabras se cumplen hoy: “Perderá adeptos, y con ellos muchos de sus privilegios en la sociedad”, pero en esa transformación reencontrará su centro esencial: “la fe en el Dios trinitario, en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la ayuda del Espíritu que durará hasta el fin”.

Esa renovación pasa, según su reflexión, por volver al corazón del Evangelio, por formar comunidades donde la fe no se transmita “por imposición o simple tradición, sino mediante el testimonio, la escucha y la cercanía”.

Inspirado en la imagen del “hospital de campaña”, tan utilizada por el Papa Francisco, Mons. Rebolledo sostiene que la Iglesia está llamada a “atender las heridas del mundo actual, incluidas aquellas provocadas por algunos de sus propios miembros”. Para ello, anima a abrazar la pequeñez “como fecundidad”, viviendo la fe “sin nostalgias ni triunfalismos”, pero con la serena certeza de portar un mensaje que “sigue transformando vidas”.

Signos de esperanza

El arzobispo destaca el valor del ecumenismo y del diálogo interreligioso como signos de esperanza en el actual contexto cultural. “La comunión ecuménica es hoy signo de esperanza y fuerza espiritual”, afirma, al tiempo que llama a ver en el diálogo con otras tradiciones religiosas una oportunidad para “reconocer la dignidad de quienes buscan a Dios desde otras tradiciones de fe”.

De cara al futuro pastoral de la Iglesia en Chile, Mons. Rebolledo propone una serie de orientaciones que buscan responder con realismo y esperanza a los signos de los tiempos: Aceptar con esperanza el tiempo de minorías creativas: “Estamos en un tiempo de minorías creativas desde la fe”, sostiene, lo que implica una Iglesia más austera, pero más auténtica.

Pastoral centrada en la iniciación y el acompañamiento, una acción evangelizadora que no dé por supuesta la fe y que se centre en “procesos personales concretos”, con Jesucristo en el centro. Fomento de comunidades pequeñas pero significativas, espacios donde la fe se viva como experiencia vital y compartida, no como etiqueta cultural.

Otras orientaciones para el discernimiento pastoral

Acogida fraterna a los migrantes, valorar su cultura y religiosidad como parte del tejido eclesial. Fortalecimiento de la familia, considerada “la primera comunidad cristiana”, especialmente en la formación de niños y niñas.

Evangelización de los jóvenes, una prioridad urgente, convocándolos desde espacios eclesiales y desafiándolos a llegar a quienes están alejados.

Valorización de la piedad popular, considerada una expresión viva de la fe del pueblo, visible en las masivas fiestas religiosas a lo largo del país. Y el diálogo con nuevas espiritualidades, desde un testimonio humilde y confiado, sin miedo ni rechazo, afirmando que “Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6).

“Creer es un acto de libertad y amor”

“Hoy, como ayer, creer es un acto de libertad y amor. ¡Es un sí silencioso, cotidiano y esperanzado!”, dice Mons. Rebolledo, y exhorta a toda la Iglesia chilena a acompañar “esa fe pequeña, pero auténtica”, y a confiar en que, junto al Señor, es posible “ofrecer al mundo —incluso en la incertidumbre— el horizonte de la esperanza cristiana”.

Esta reflexión es una invitación a vivir el Evangelio en medio de la transformación cultural con convicción, ternura y apertura. Como lo resume el lema de esta reflexión: “Vivir el Evangelio en comunidades fraternas, solidarias, misioneras y firmes en la esperanza”.

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