En el sur de Colombia, la Familia Misionera de la Consolata celebró el centenario de la Pascua de San José Allamano con una nutrida programación especial, una región caracterizada por su presencia pastoral. Los encuentros, desarrollados principalmente en Caquetá, permitieron evocar la llegada de los primeros misioneros en 1951 y renovar la entrega evangelizadora en territorio amazónico.
Espiritualidad que renueva la misión
La programación centenaria inició con los ejercicios espirituales anuales en San Vicente del Caguán, ofrecidos por el sacerdote italiano Efrén Baldasso. En ese espacio, religiosos y laicos se dejaron interpelar por la actualidad del carisma fundacional marcada por la cercanía, el cuidado de las personas y la santidad como horizonte misionero.
- Foto: Familia Consolata
- Foto: Familia Consolata
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Concluida la etapa formativa, la Familia Misionera se congregó en Florencia para una vigilia en la parroquia del Torasso. Una fogata encendida en el atrio significó el impulso interior que ha sostenido la misión en el tiempo. La Eucaristía fue presidida por Joaquín Humberto Pinzón, obispo del Vicariato Apostólico de Puerto Leguízamo–Solano, junto a Omar de Jesús Mejía, arzobispo de Florencia. Durante la homilía, se destacó el carácter audaz y profético de los misioneros, llamados a amar el territorio y dejarse transformar por él.
Memoria agradecida y compromiso con el territorio
La Catedral Metropolitana de Florencia fue escenario de la celebración principal, que coincidió con los aniversarios significativos de las jurisdicciones eclesiásticas acompañadas históricamente por la Consolata: la Arquidiócesis de Florencia, la Diócesis de San Vicente del Caguán y el Vicariato Apostólico de Puerto Leguízamo–Solano. La Eucaristía fue un signo de comunión entre pastores y fieles, con la participación de Francisco Javier Múnera, presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana.
- Foto: Familia Consolata
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En la homilía se recordó a los primeros misioneros que llegaron bajo la guía de Antonio María Torasso, así como la impronta pastoral y social de Ángel Cuniberti y la decidida apuesta por la paz de José Luis Serna. Asimismo, se reiteró el principio fundacional: “primero santos y después misioneros”, como llamado siempre actual.
Dentro de las actividades del centenario se desarrolló una Expo-Misionera que articuló a distintas instituciones del territorio. Además, la Universidad de la Amazonía, que otorgó un reconocimiento a la Familia Misionera de la Consolata, resaltando su aporte al desarrollo integral y su acompañamiento respetuoso en la región amazónica.
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