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Chiclayo, Corazón de la Compasión

Esta 34.ª Jornada Mundial del Enfermo 2026, la ciudad peruana de Chiclayo adquiere una resonancia para la Iglesia universal, ya que se trata de la tierra donde el hoy Papa León XIV —entonces obispo Robert Francis Prevost— encarnó, en medio del dolor colectivo, una pastoral marcada por la cercanía, la gestión solidaria y la compasión activa frente al sufrimiento humano.

Chiclayo, cuna episcopal y espiritual de León XIV, se convierte así en la capital mundial de este evento, que será encabezado por el cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral.

En este contexto, la memoria reciente de la pandemia vuelve a iluminar el sentido de esta Jornada, especialmente por el testimonio pastoral que dejó Prevost en uno de los momentos más críticos de la historia contemporánea.

Iglesia que salió al encuentro en medio de la crisis

Cuando el COVID-19 golpeó con fuerza la región de Lambayeque en 2020, el entonces obispo de Chiclayo impulsó múltiples iniciativas para responder a la emergencia sanitaria, social y espiritual. Su acción se articuló estrechamente con Cáritas Chiclayo y la red eclesial local, priorizando la atención a los más vulnerables.

Uno de los proyectos más significativos fue la campaña “Oxígeno de la Esperanza”, orientada a dotar de suministro vital a los enfermos de coronavirus. En un mensaje difundido desde las instalaciones de Cáritas, Prevost explicaba el alcance del esfuerzo: “Estamos muy contentos hoy porque hemos logrado la finalidad principal de nuestra gran campaña Oxígeno de la Esperanza… Hemos empezado una gran campaña para ayudar a los enfermos de COVID aquí en nuestra región Lambayeque”.

El proyecto permitió la adquisición e instalación de plantas de oxígeno medicinal con tecnología especializada para la separación y distribución del gas, destinado a pacientes en situación crítica. El propio obispo detallaba el proceso: “Ha llegado la fábrica, la máquina, la planta de oxígeno con todos sus componentes… para que esta semana podamos empezar a distribuir oxígeno a nuestros pacientes”. Gracias a la solidaridad nacional e internacional, incluso se proyectó una segunda planta para ampliar la cobertura en el norte de la región, reflejando la dimensión estructural de la respuesta eclesial.

Bendición en medio del confinamiento

Junto a las iniciativas sanitarias, Prevost desarrolló gestos pastorales de alto contenido espiritual que quedaron grabados en la memoria colectiva. En medio de las estrictas medidas de confinamiento decretadas por los gobiernos, cuando los fieles permanecían aislados y los templos cerrados, el entonces obispo salió a las calles con el Santísimo Sacramento para bendecir a la población.

Recorriendo sectores de la ciudad mientras las familias observaban desde puertas, ventanas o balcones, su presencia eucarística fue interpretada como un signo de consuelo en medio del miedo y la incertidumbre.

Aquella imagen expresó una Iglesia que, aun limitada por las restricciones sanitarias, se hacía sacramentalmente cercana al dolor de su pueblo.

Infraestructura sanitaria y cercanía territorial

El compromiso no se limitó al plano espiritual. Registros audiovisuales de la época muestran a Prevost inaugurando equipamiento médico y centros de atención para enfermos de COVID-19, como ocurrió en Mochumí, donde bendijo e inauguró instalaciones destinadas al tratamiento y abastecimiento de oxígeno.

Su presencia constante en territorios afectados consolidó una imagen pastoral de proximidad. Esta misma cercanía quedó evidenciada años después, durante otras emergencias como las inundaciones provocadas por el ciclón Yaku en 2023, cuando fue visto caminando entre el barro en zonas devastadas como Íllimo y promoviendo la campaña solidaria “Perú da la mano. Unidos por Lambayeque” para asistir a miles de familias damnificadas con alimentos y ayuda económica.

Cáritas Perú sintetizó así ese estilo pastoral: “En tiempos difíciles como la pandemia por el COVID y el ciclón Yaku, impulsó obras sociales, visitó a los más vulnerables, tendió la mano donde más se necesitaba”.

Proyectos sociales que perduran

El impacto de su gestión episcopal no terminó con la emergencia sanitaria. Según Vatican News, al menos cinco proyectos benéficos impulsados entre 2014 y 2023 en la diócesis de Chiclayo continúan beneficiando a miles de familias vulnerables.

Estas iniciativas abarcan programas educativos, sanitarios, empresariales y ambientales, sostenidos mediante alianzas entre la Iglesia local, la Cámara de Comercio de Lambayeque, organizaciones sociales y parroquias.

Entre ellos resalta la reactivación de un centro de oxigenoterapia fundado durante la pandemia, destinado a seguir atendiendo a pacientes que requieren tratamiento respiratorio. También sobresalen comedores parroquiales que brindan alimentación a centenares de personas, así como proyectos educativos financiados mediante campañas solidarias, como la llamativa “Papaleta”, un helado con forma del Papa cuyas ventas apoyan la educación infantil.

Pastor con la mirada en el pueblo

Medios internacionales como la BBC han subrayado el perfil gestor de Prevost durante su paso por Chiclayo, especialmente en zonas empobrecidas como el distrito José Leonardo Ortiz. Allí, su presencia frecuente contrastaba con la ausencia histórica de autoridades y líderes eclesiales.

El párroco Carlos Martín Huamán recordaba: “Si se ha caracterizado por algo Prevost, es por su gestión; por utilizar sus conocimientos para mirar por el pueblo… Tenía predilección por los lugares considerados olvidados”.

Esta opción pastoral por las periferias consolidó una Iglesia territorialmente inserta, con capacidad de respuesta social y lectura contextual de las necesidades.

La compasión como eje del magisterio

El vínculo entre aquella experiencia pastoral y la Jornada Mundial del Enfermo se hace explícito en el mensaje que el hoy Papa León XIV publicó para la edición 2026, titulada La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro.

Allí recuerda que la compasión no es un sentimiento abstracto, sino una acción que implica cercanía, cuidado y responsabilidad compartida, una convicción nacida, según su propio testimonio, de su experiencia misionera y episcopal en el Perú.

Chiclayo, signo para la Iglesia universal

Las celebraciones centrales se desarrollarán del 9 al 11 de febrero, con actividades que reunirán a obispos coordinadores de las Comisiones de Pastoral de la Salud de diversos países, tal como recordó el padre Inca en la presentación del programa.

De este modo, Chiclayo ofrece al mundo eclesial el testimonio vivo de una Iglesia que, en tiempos de pandemia, hizo de la compasión una práctica concreta: distribuyendo oxígeno, inaugurando centros de salud, organizando ayuda humanitaria y bendiciendo a su pueblo en las calles desiertas.

Hoy, esa memoria pastoral ilumina el presente. La ciudad donde un obispo caminó entre enfermos, pobreza y confinamiento, se convierte ahora en el corazón espiritual de una Jornada que invita a toda la Iglesia a hacer suyo el mismo mandato evangélico: detenerse, acercarse y cuidar.

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