La Diócesis de Rancagua en Chile se une en oración y cercanía al dolor que embarga a la región de O’Higgins tras el trágico accidente ocurrido el pasado 31 de julio en la mina El Teniente, el cual dejó seis trabajadores fallecidos y varios heridos.
Ante esta dolorosa realidad, monseñor Guillermo Vera Soto, obispo de Rancagua, ha acompañado espiritual y pastoralmente a las familias, tanto con un mensaje público como con la celebración de una misa solemne el 3 de agosto.
“El amor de Dios derramado en sus corazones y la cercanía de todos les regale esperanza en estos momentos difíciles”, expresó el obispo en su primer mensaje difundido el 1 de agosto. Invitó a la comunidad a “acompañar con nuestra oración a los fallecidos y heridos en el accidente de El Teniente, lo mismo que a sus familias y compañeros de trabajo”.
Misa por los trabajadores y sus familias
El domingo 3 de agosto, en la Iglesia del Buen Pastor, se celebró una eucaristía presidida por monseñor Vera, con la presencia de autoridades regionales, familiares de las víctimas y representantes de diversas comunidades. Asistieron, entre otros, el gobernador regional Pablo Silva, la diputada Marcela Riquelme, el alcalde de Rancagua Raimundo Agliati, el alcalde de Machalí Juan Abud, y varios seremis.
En su homilía, el obispo expresó que la tragedia ha golpeado a la comunidad: “Nos duele que hermanos nuestros hayan muerto realizando su trabajo, con el cual colaboraban en la grandeza de Chile y sacaban adelante a sus familias”.
Recordando la histórica “tragedia del humo” de 1945, cuando 350 mineros perdieron la vida en la misma faena, monseñor Vera señaló que, aunque la minería ha mejorado sus condiciones de seguridad, “en la vida siempre hay imponderables, y hoy nos toca vivir uno de esos momentos de dolor y angustia”.
Humildad y cuidado mutuo
Monseñor Vera invitó a reflexionar sobre la fragilidad de la vida y el valor de vivir con humildad. “Nuestra vida es como la hierba del campo: en la mañana está llena de vida, pero se marchita. Que no se nos olvide que no llevamos los hilos de nuestra existencia”.
También recordó la fe en la presencia de Dios incluso en medio de la tragedia: “Dios estaba ahí, en la mina, presente para dar fuerza, consolar y recibir a quienes morían. Estaba iluminando capacidades y voluntades para rescatar y llevar esperanza en medio del dolor”.
“Recemos por las familias de nuestros hermanos que han muerto, por su descanso, y por quienes siguen trabajando con profesionalismo. No se olviden de rezar cada día al entrar a la mina, pero tampoco nosotros al comenzar nuestras tareas: en tu nombre, Señor, y contigo”, dijo, invitando a orar en todo momento.
La misa concluyó con una bendición especial, donde el obispo exhortó a que esta experiencia no quede en el vacío: “Que este dolor no se pierda, sino que nos una como familia y nos haga fecundo el deseo de cuidarnos unos a otros”.
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