Con un fin de semana marcado por la violencia y el miedo, arzobispo de Popayán, Omar Sánchez Aponte expresó su preocupación y tristeza por los recientes ataques ocurridos en seis municipios del departamento del Cauca, al suroeste de Colombia.
“Hay dolor en el Cauca y consternación, también estamos perdiendo vidas, bienes, esperanza en el sentido de que no vemos soluciones, no vemos que evolucionamos para mejor”, señaló el prelado en un video publicado desde la arquidiócesis de Popayán.
Según los reportes seis municipios fueron afectados de manera directa, incluyendo Caloto, Corinto, Cajibío, Miranda y Silvia. El corregimiento más golpeado fue El Carmelo, en Cajibío, donde explosivos y ráfagas de fusil cayeron sobre la estación de policía, dejando muerto al patrullero de la Policía, David Fabián Rodríguez Navarro, y seis uniformados más heridos.
Impacto en la comunidad y templos religiosos
El prelado enfatizó que estos ataques no solo dejan pérdidas humanas, sino además afectaciones a la infraestructura de la comunidad, refiriéndose a templos y casas curales. “No solo es la primera vez que nuestros templos terminan afectados (…) la casa cural de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen estaba bastante restablecida, remodelada, y vuelve otra vez la guerra a destruirla”, apuntó.
Al respecto, informó que la casa cural fue alcanzada por los impactos, dejando cerca del 80% de la estructura afectada y requiriendo reparaciones urgentes. Para el arzobispo, estas ofensivas no solo destruyen lo físico, sino que lastiman a las comunidades que con tanto amor ayudan al sostenimiento de los tempos. “El dolor es del alma porque la guerra nos destruye por dentro”, observó.
Llamado a la sensatez y esperanza
En su mensaje, el arzobispo lanzó un llamado contundente a los actores armados a actuar con ponderación y buscar caminos de diálogo y negociación, recordándoles que la violencia radicaliza la guerra y dificulta cualquier horizonte de futuro. “Se necesita sensatez en la guerra (…) Y si se trata de posicionar una idea de futuro, este lenguaje es el equivocado.”, dijo.
Por otra parte, mencionó que durante la Semana por la Paz que la extendió a un mes, la arquidiócesis realizó varios eventos enfocados en pedagogía y construcción de paz, pero lamentó que las respuestas hayan sido violentas. El arzobispo cerró su mensaje animando a abrirse a la esperanza en este Año del Jubileo de la Esperanza propuesto por la Iglesia universal. “Esta insensatez y esta desmedida proporción de actuar con la fuerza de las armas no se lee bien, no nos deja un sabor de futuro para ninguno”, concluyó.
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