La diócesis de Montería, ubicada en el departamento de Córdoba, al noroeste de Colombia, fue testigo este 14 de marzo, de la posesión canónica de monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya como su noveno obispo, en una Eucaristía marcada por la fe y la comunión eclesial.
La ceremonia se realizó en la Catedral San Jerónimo, acogiendo a obispos, sacerdotes, religiosos, autoridades civiles y fieles. Allí, el nuncio apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, presidió la Eucaristía y, en nombre del Papa León XIV, formalizó el nombramiento pontificio con los ritos propios de la posesión episcopal.
- Foto: Diócesis de Montería
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Una Iglesia que recibe y acompaña
Monseñor Farly Yovanny Gil Betancur, obispo de Montelíbano, al haber sido administrador apostólico durante la sede vacante, fue el cargado de dar la bienvenida al nuevo obispo, destacando la madurez de la diócesis y la alegría de la comunidad para acoger a su nuevo pastor.
El obispo señaló que la llegada del nuevo pastor se da en un momento de vitalidad social y eclesial, y describió a la Iglesia local como una comunidad viva. “Estas tierras son suyas mientras las camine, este cielo es suyo mientras lo contemple y estos corazones son suyos porque lo acogemos como nuestro pastor”, expresó, reflejando el sentir de los fieles.
En su intervención, también presentó el rostro pastoral de la diócesis, caracterizado por un presbiterio cercano, el dinamismo de las comunidades parroquiales, la riqueza de la vida consagrada y el compromiso de los jóvenes en formación. Igualmente, puso en relieve la solidaridad mostrada ante las recientes inundaciones.
- Foto: Diócesis de Montería
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Un canto de gratitud y misión
Inspirado en el salmo del cántico nuevo, monseñor Jaramillo Montoya inició su homilía elevando una acción de gracias a Dios por la nueva misión que asume en la región cordobesa.
El nuevo obispo indicó que asume su ministerio como enviado de Dios para anunciar a Cristo resucitado, viendo en su nombramiento un signo de amor y misericordia divina. Asimismo, saludó a autoridades, clero y fieles que caminarán con él en esta nueva etapa pastoral.
Iglesia en salida y testimonio vivo
En su reflexión, el prelado destacó la vocación misionera de la Iglesia, recordando que su misión fundamental es evangelizar y anunciar el amor de Dios en un mundo atravesado por conflictos y sufrimientos. En ese contexto, insistió en que no puede quedarse encerrado, como si tuviera una “parálisis misionera”, sino salir con valentía y alegría al encuentro de todos para cumplir la misión encomendada.
A la luz del magisterio del Papa Francisco, recordó que la Evangelización no es un tema de proselitismo sino de contagio, e instó a los fieles a dar ejemplo. «Necesitamos más testigos que predicadores y que administradores de riquezas fugaces», afirmó, asegurando que el verdadero tesoro de la Iglesia es Cristo resucitado.
En su reflexión, también abordó los retos del presente —la violencia, la corrupción y la pobreza—, señalando que la doctrina social de la Iglesia ofrece orientaciones para impulsar un desarrollo humano integral y una sociedad más fraterna.
- Foto: Diócesis de Montería
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Un pastor cercano a su pueblo
El obispo afirmó que quiere ejercer un pastoreo cercano, orientado a guiar, cuidar, y acompañar a su pueblo, siguiendo el modelo del buen pastor. «Que yo pueda oler a oveja y caminar con este pueblo en sus angustias y alegrías, que siempre puedan encontrar a un pastor cercano, amable que los defienda», apuntó.
El obispo evocó su paso por Buenaventura, donde durante casi nueve años acompañó a comunidades marcadas por la diversidad cultural y la pobreza, experiencia que afirmó ha fortalecido su sensibilidad pastoral.
Al asumir este nuevo servicio, el obispo llamó a la Iglesia de Montería a vivir un camino sinodal corresponsable y a mantenerse firme en la fe. «Hagamos un trasegar sinodal en donde caminando juntos podamos celebrar las maravillas del Señor», observó.
- Foto: Diócesis de Montería
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Continuidad, gratitud y esperanza
El líder religioso expresó su gratitud a sus predecesores, especialmente a monseñor Ramón Alberto Rolón Güepsa y a monseñor Farly Yovanny Gil Betancur, por su labor pastoral, y señaló que asume una herencia viva que deberá preservar con fidelidad.
En este camino cuaresmal, animó a los fieles a disponerse espiritualmente para la Pascua con la oración, el ayuno y la caridad, subrayando que el ministerio episcopal está configurado por la cruz y el servicio constante.
La celebración concluyó en un clima de comunión, donde los fieles manifestaron su acogida y esperanza ante el inicio de esta nueva etapa pastoral. El prelado confió su nueva tarea episcopal a la intercesión de la Virgen María y a san Jerónimo, padre y doctor de la Iglesia.
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