Al concluir la CXIX Asamblea Plenaria, los obispos de Colombia presentaron un mensaje donde hicieron un llamado urgente al pueblo colombiano a transformar la mirada, reconocer la dignidad del otro y caminar como profetas, testigos y servidores de la esperanza, confiando en que, como lo afirma la Escritura, “tu futuro está cargado de esperanza” (Jer 31,17).
Durante su encuentro celebrado del 7 al 12 de julio en Bogotá, los obispos se dieron a la seria tarea de hacer una lectura y discernir la compleja realidad nacional. En su mensaje final, renovaron su compromiso de seguir acompañando al país con una presencia cercana y profética, aún en medio de los desafíos que plantea la fragmentación social, la polarización política y las heridas abiertas por la violencia y las economías ilícitas.
Unidad, justicia y defensa de la vida
Al expresar su honda preocupación por las divisiones sociales, políticas y económicas que se agudizan aceleradamente, los obispos enfatizaron la urgente tarea de recomponer el tejido social, promoviendo la unidad a través del diálogo pastoral y social y el respeto por las instituciones del Estado. Atendiendo el llamado del Papa León XIV, exhortaron a todos los actores, de manera particular a quienes empuñan las armas, a cesar los atentados contra la vida y la naturaleza, y a optar por caminos de reconciliación.
Igualmente, aseguraron su compromiso de seguir anunciado a Cristo vivo, fuente de toda esperanza, con gestos concretos que generen confianza y fomenten el encuentro. Aseguran que, desde sus comunidades, seguirán impulsando la dignidad humana y la justicia como pilares esenciales de la paz duradera.
Caminar con el pueblo, sostener su esperanza
En su mensaje, los obispos reafirman la presencia de la Iglesia en todo el territorio nacional, acompañando de manera cercana a las comunidades más afectadas por la violencia y la pobreza. Del mismo modo, asumen su misión como constructores de unidad y encuentro, favoreciendo un clima de diálogo y relaciones fraternas que ayuden a sanar heridas y a reconstruir los lazos sociales deteriorados.
A las comunidades sumidas en la desesperanza, los prelados les ofrecieron una palabra de consuelo “mirar a Cristo, caminar juntos y participar activamente en la construcción de una convivencia fraterna” . Animaron a cuidar las semillas de bien que Dios ya ha sembrado, y a no dejarse paralizar por los males estructurales que aquejan al país.
Finalmente, confiaron la misión de la Iglesia en Colombia a la intercesión de Nuestra Señora de Chiquinquirá. Como ella, dijeron, “están llamados a acoger la Palabra de Jesucristo y entregarla sin reservas al servicio del pueblo, en esta hora decisiva de la historia nacional”.
Comunicado-Asamblea-Obispos-Colombianos-AP-CXIX
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