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Conferencia Episcopal de Antillas invita a los catequistas a ser “peregrinos de la esperanza” durante el Mes Catequético 2025

La Conferencia Episcopal de Antillas (AEC) dio inicio al Mes Catequético 2025 bajo el lema “Catequistas: Peregrinos de la Esperanza, alimentados por la Palabra y la Eucaristía”. En el contexto del Año Jubilar de la Esperanza. El mensaje, firmado por Mons. John D. Persaud, obispo de Mandeville y presidente de la Comisión de Doctrina y Formación en la Fe de la AEC, invita a reflexionar sobre el papel del catequista como guía y testigo en la comunidad eclesial.

En nombre de los obispos de la AEC, con profundo agradecimiento les saludo en estos momentos finales del Año Jubilar”, expresó Mons. Persaud, valorando este tiempo especial para revitalizar la vocación catequética en toda la región.

Camino compartido con Cristo

Inspirado en el relato bíblico de los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35), Mons. Persaud recordó que todo discípulo es un peregrino que nunca camina solo, pues Jesús siempre acompaña su recorrido.

Nunca caminamos solos porque Jesús, nuestro Maestro, siempre camina con nosotros”, aseguró. Señaló que este caminar implica un proceso de transformación espiritual, psicológico y comunitario.

El obispo explicó que la peregrinación cristiana es un viaje de reconciliación y conversión que conduce a la santidad: “Una peregrinación es un camino de descubrimiento y plenitud que nos lleva a vivir con mayor compromiso nuestra fe”.

Tiempo para discernir y renovar la misión

El presidente de la Comisión de Doctrina y Formación instó a que septiembre sea vivido como un tiempo de evaluación y discernimiento personal y comunitario.

“Los invito a que este mes sea un periodo de reflexión, para descubrir nuevas dimensiones de la vida bajo la luz de Cristo”, expresó, invitando a los catequistas a revisar su servicio y a identificar las áreas donde necesitan crecer.

Mons. Persaud advirtió sobre el peligro de caer en la rutina o en el desánimo: “Quizás descubras que dedicas menos tiempo a la oración o que tu compromiso social ha disminuido. Estos momentos son una oportunidad para renovar fuerzas y volver a la misión con alegría”, dijo.

La esperanza cristiana, fuerza para el camino

En su mensaje, Mons. Persaud reflexionó sobre la virtud de la esperanza, que consideró esencial para la vida del catequista y de la comunidad.

“La esperanza no es la virtud de último recurso. Nace de una relación de confianza y amor con Dios, que nunca abandona a su pueblo”, manifestó.

Explicó que esta virtud ayuda a ver la luz incluso en medio de los desafíos: “Las personas de esperanza son personas de fe y, aunque no tengan todas las respuestas, descubren la bondad en todas las cosas”.

Palabra y Eucaristía: fuentes de alimento espiritual

El lema de este año destaca dos elementos fundamentales para la misión catequética: la Palabra de Dios y la Eucaristía. “Cada vez que nos acercamos a la mesa de la Palabra y a la mesa de la Eucaristía, recibimos la gracia que nos transforma en discípulos misioneros”, expresó Mons. Persaud.

Recordó que la Sagrada Escritura debe ocupar un lugar central en la vida de los catequistas y animó a practicar la Lectio Divina y la oración constante: “Dejen que la Palabra de Dios resuene en ustedes y habite en sus corazones”.

Respecto a la Eucaristía, la describió como la “fuente y cumbre de la vida cristiana”:
“La participación frecuente en la Eucaristía permite al catequista nutrirse del Cuerpo y la Sangre de Cristo y convertirse en el Cuerpo de Cristo, partido y compartido para los demás”.

Catequesis, acompañamiento y comunidad

Mons. Persaud explicó que la catequesis no se limita a la enseñanza, y que debe acompañar a las personas en su encuentro con Jesús.

Inspirado nuevamente en el pasaje de Emaús, destacó que la misión catequética debe estar centrada en la escucha y en la comunidad: No debemos pensar que podemos alcanzar el cielo sin los demás; necesitamos que otros nos acompañen en este peregrinar que dura toda la vida”.

Agregó que la celebración eucarística es un momento privilegiado para la comunidad, pues en ella “somos enviados a amar y servir al mundo”.

Reconocimiento y gratitud hacia los catequistas

En la parte final de su mensaje, el obispo expresó su agradecimiento a todos los catequistas que, a pesar de las dificultades, permanecen firmes en su vocación: “Su entrega es de suma importancia para el sustento de nuestra Iglesia”, destacó y pidió la bendición de Dios sobre ellos y sus familias: “Que el Señor los bendiga y los guarde, que haga resplandecer su rostro sobre ustedes y les conceda su paz”.

Mons. Persaud concluyó recordando que la meta es caminar juntos como verdaderos peregrinos de esperanza, anunciando el Evangelio con alegría y viviendo como discípulos misioneros nutridos por la Palabra y la Eucaristía.

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