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Cristina Dos Anjos inicia labores en el Celam: “Escucha y reconocimiento de la diversidad son claves para lograr una Iglesia en salida”

El 2026 comenzó para Cristina Dos Anjos con un desafío continental. Después trabajar por más de tres décadas en Cáritas Brasil, la especialista en proyectos sociales y dimensión social de la fe, asume una nueva responsabilidad profesional y pastoral como asesora del Centro de Programas y Redes de Acción Pastoral (CEPRAP).

Dependencia del Celam que del 17 al 19 de febrero convocó a 63 personas de 27 redes y plataformas eclesiales en el Encuentro denominado “Hacia una Iglesia sinodal en red”; un espacio para trazar horizontes de trabajo en conjunto y que en su caso marca el comienzo de su gestión en el organismo.

Su llegada al Celam es un paso coherente con su identidad, trayectoria y compromiso con los pueblos históricamente excluidos. “Estoy muy contenta con esta nueva fase”, afirma.

Para ella, integrarse al equipo del Celam, significa entrar de lleno en el sueño cultural que propuso el Papa Francisco en “Querida Amazonía” y que, en el Ceprap, representa una forma de organizar el trabajo que agrupa a las redes y plataformas que se identifican con su propuesta.

“Es un proceso que pone en el centro a los pueblos afrodescendientes, originarios y comunidades como los garífunas que se les reconoce por su riqueza, desafíos y reivindicación de sus derechos dentro de la Iglesia y la sociedad”.

El encargo pastoral que recibe no es ajeno a su historia personal. Por el contrario, le permite articular la experiencia, fe y pertenencia cultural. “Es una oportunidad que enriquece mi identidad como profesional, creyente y mujer negra”.

Desde su mirada, “el trabajo con estos pueblos no puede hacerse desde la distancia, porque implica reconocimiento, escucha y respeto profundo por sus realidades territoriales”.

Servicio solidario

Su paso por Cáritas Brasil, donde ejerció ocho años como directora nacional, marcó profundamente su visión social y eclesial del territorio. Experiencias que cultivó desde su ingreso a la institución cuando tenía 29 años. De eso han pasado más de tres décadas trabajando en distintos frentes de la organización, siempre en vinculación directa con personas en condición de pobreza y vulnerabilidad.

Brasil, un país de dimensiones continentales y profundas desigualdades, fue su escuela de integralidad. “Aprendí a mirar las distintas dimensiones de la realidad y la acción social no podía reducirse a un solo enfoque. La pobreza, la exclusión, la migración y la defensa de los derechos exigían respuestas articuladas”.

En sus últimos años en esta organización, el tema migratorio ocupó un lugar central en su labor. Migrantes y refugiados se convirtieron en una causa que reconoce, la apasiona profundamente. Una sensibilidad por la realidad que ahora la acompañará en un escenario continental.

Aunque hay un cambio institucional, siente que el espíritu de Cáritas “vive en ella”. La perspectiva solidaria seguirá marcando su acción, ahora con un énfasis más pastoral al frente de la articulación con procesos eclesiales de alcance regional.

La experiencia sinodal

Cristina Dos Anjos reconoce que, durante mucho tiempo, la relación entre Brasil y el Celam no era tan cercana, por las diferencias lingüísticas y culturales. Distancia que con el tiempo se redujo.

“Veo el Celam como un espacio abierto y acogedor”, afirma al destacar el papel del organismo en la formación, intercambio y acompañamiento de los procesos eclesiales, especialmente durante el tiempo previo al sínodo que vivió de forma intensa y transformadora al ser madre sinodal.

De hecho, valora el apoyo que el Celam ofreció a los delegados del continente; especialmente a las mujeres que asumían por primera vez un rol determinante en este espacio eclesial. “La preparación, el acompañamiento y la seguridad ofrecida, fueron claves para vivir esa etapa con confianza”, recuerda.

La experiencia sinodal no fue solo un momento en su vida, sino un paso en un camino que influyó directamente en su decisión de asumir esta responsabilidad en el Celam.

Escuchar antes de actuar

Pensando en las expectativas que representa este rol, Cristina Dos Anjos considera que uno de los ejes centrales de su proyección pastoral en 2026, será la escucha. “Cualquier proceso con pueblos afrodescendientes, originarios o mujeres debe comenzar por el reconocimiento de las voces territoriales. No se trata de llegar con respuestas prefabricadas”, explica.

“El desafío está en comprender las necesidades y prioridades que emergen de las comunidades. Para ello, el equipo ha decidido utilizar la escucha y conversación espiritual, herramientas que permiten discernir colectivamente y abrir espacio real a la participación”.

En este sentido, la planificación de los próximos encuentros se ocupará de construir procesos verdaderamente participativos, donde las miradas territoriales definan prioridades y líneas de acción.

Se trata de un enfoque que prioriza lo intercultural. El objetivo es reconocer la diversidad que implica aceptar la existencia de distintas formas de vivir la fe, comprender la realidad y organizar la vida comunitaria. Para la socióloga el papel del Celam es acompañar y apoyar, no imponer.

Mujeres, centro del proceso

Además de trabajar con los pueblos Afro y originarios, Cristina también asumirá el acompañamiento del Eje de Mujeres en la Iglesia y la Sociedad, un ámbito profundamente personal.

La experiencia sinodal abrió nuevas puertas para la participación femenina en la Iglesia. Sin embargo, reconoce que aún existen desafíos estructurales. “El trabajo con las mujeres no se limita a promover su presencia, sino a fortalecer su liderazgo, formación y oportunidades reales de incidencia”.

Desde su propia experiencia, entiende que asumir responsabilidades en ámbitos eclesiales de alcance continental, implica también abrir caminos para otras mujeres. La visión que proyecta Cristina es la de un trabajo integrado: cultural, social y eclesial. No se trata de propuestas aisladas, sino de dimensiones que se cruzan y enriquecen mutuamente.

Un horizonte de integración

El 2026 aparece, como un año de consolidación de procesos, fortalecimiento de redes y construcción conjunta. Más que grandes declaraciones, el énfasis estará puesto en el discernimiento comunitario y el acompañamiento cercano.

Para Cristina, el nuevo encargo no es un punto de llegada, sino de continuidad. La solidaridad aprendida en Cáritas, la experiencia sinodal y su identidad como mujer negra convergen ahora en un servicio que busca ampliar la mirada y profundizar la escucha.

En tiempos de transformaciones eclesiales y sociales en América Latina, su apuesta es clara: “solo desde la escucha auténtica y el reconocimiento de las diversidades será posible caminar hacia una Iglesia verdaderamente intercultural, inclusiva y en salida”.

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