ADN Celam

Cuarenta años después, el ENEC sigue marcando rumbo pastoral de la Iglesia en Cuba

Cuatro décadas después del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC), convocado por la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba en febrero de 1986, el jesuita Raúl Arderí anima a valorar la actualidad de ese proceso que transformó la dinámica pastoral en la isla. Su reflexión deja ver que el verdadero legado del encuentro no reside solo en un acontecimiento del pasado, sino en el proceso participativo que continúa generando vida en la Iglesia.

Un proceso que involucró a todo un pueblo

Para Arderí, el verdadero fundamento del ENEC fue la Reflexión Eclesial Cubana (REC), un proceso participativo que involucró a la Iglesia en todo el país. Cuestionarios, encuentros locales y espacios de diálogo permitieron que numerosas comunidades se implicarÁn activamente. Así, las orientaciones surgieron de una experiencia colectiva de escucha y discernimiento.

A su juicio, sin ese tiempo previo de diálogo y oración comunitaria, el ENEC difícilmente habría tenido la misma proyección en los años posteriores. Ese proceso de escucha y discernimiento compartido permitió que sus propuestas no fueran ajenas, sino asumidas como propias por quienes habían participado desde el comienzo.

Encarnación y compromiso con la realidad

El sacerdote cubano pone el acento en que la encarnación fue uno de los ejes fundamentales del texto final del ENEC. La Iglesia en Cuba, señala, pertenece a la Iglesia universal, pero camina junto a su pueblo, compartiendo sus anhelos y también sus dificultades. Esto implica evitar posturas alejadas de la vida cotidiana o discursos desconectados de la realidad.

En consonancia con esta visión, cita la advertencia del Papa Francisco sobre el peligro de caer en una actitud autorreferencial. La Iglesia, insiste, está llamada a ser presencia solidaria, compartiendo el camino del pueblo en sus momentos de esperanza y también de dificultad.

Valentía, paciencia y humildad para el presente

Proyectándose hacia el futuro, Arderí señala que volver a encender la dinámica del ENEC implica asumir tres actitudes clave. En primer lugar, valentía, como el que animó a sus promotores iniciales a perseverar pese a las dificultades. Fue un proceso que maduró lentamente, fruto de un trabajo sostenido durante varios años.

En segundo lugar, plantea la paciencia porque hace falta escuchar e involucrar al mayor número de fieles posibles. Ningún miembro de la Iglesia —sea obispo, presbítero o laico— puede atribuirse en exclusiva la guía del Espíritu. Todos están llamados a contribuir con sus dones y experiencias.

Como tercera actitud, menciona la humildad para ser capaces de cambiar y evaluar críticamente el propio actuar y rectificar cuando sea preciso. «Si nos decidimos arrancar este proceso, no iremos solos porque Dios nunca abandona a su pueblo, puntualizó.

 

 

Le puede interesar: La Iglesia anunciará en Cartagena su participación articulada en el ICARRD+20 junto a redes de tres continentes

 

Suscríbete gratis por a nuestro canal de Whatsapp https://bit.ly/4hbWWN0

Descarga la versión popular de Rerum novarum, la encíclica primera encíclica que marcó la historia social de la Iglesia https://bit.ly/4q1aKho

Descubre la nueva oferta 2026 de cursos, diplomados y licenciaturas en el Cebitepal https://bit.ly/4aHAue1

Porque hay que cuidar a quienes protegen la creación, llega el podcast La Vida pende de un Hilo https://bit.ly/46cGUiB

Post a comment