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Curso de predicadores: padre Carlos Arias llama a predicadores a resistir manipulación política y anunciar auténtica esperanza

“Si la fe se deja permear por los poderes del mundo, pierde su esencia”, señaló contundentemente el padre Carlos Arias, director del Departamento de Doctrina de la Conferencia Episcopal de Colombia, en la homilía dirigida a los participantes del curso para predicadores “Profetas de esperanza en el mundo”, que se lleva a cabo en Bogotá del 24 al 29 de noviembre.

Recordó el sacerdote que, la liturgia de fin de año, unida al ambiente social del país, obliga a dar una mirar hacia atrás y discernir el camino. Inspirándose en las lecturas de Daniel y de san Lucas, indicó que las crisis y las incertidumbres han acompañado siempre a la humanidad, pero ninguna tiene la capacidad de disminuir la luz del Evangelio ni su exigencia de autenticidad.

El sacerdote subrayó que la fe enfrenta hoy presiones similares a las vividas por los pueblos bíblicos. Agregó que, con el país inmerso en debates políticos, retos sociales y un ambiente electoral en ascenso, existe el riesgo de que la comunidad creyente sea seducida por proyectos que se sirven del lenguaje religioso. “Corremos el riesgo de entrar en el juego de las conveniencias políticas y económicas”, señaló, llamando a detectar cuando la religión es usada como herramienta electoral.

Entre la denuncia y el anuncio

Afirmó que la respuesta cristiana a los poderes del mundo no consiste únicamente en protestar, sino en presentar la alternativa que inspira el Evangelio. Aunque la denuncia tiene su lugar, dijo, la vocación cristiana se cumple plenamente cuando se anuncia el Reino como horizonte que restablece la dignidad y nutre la convivencia.

“El cristiano no se rinde al miedo ni a la manipulación; su palabra es esperanza”, aseguró, con esta afirmación animó a los predicadores a ejercer su misión desde la libertad que otorga la fe, sin permitir que agendas externas los utilicen en detrimento de la dignidad humana o de la vida comunitaria.

Una esperanza que se construye en la vida diaria

El directivo, subrayó que la Eucaristía es el núcleo de esa esperanza cristiana, al mostrar una forma nueva de relación humana. “En el mundo predominan las relaciones basadas en intereses; el Reino nos invita a mirarnos como hermanos”, dijo. En consecuencia, señaló que el anuncio del Evangelio exige una vida que confirme, con gestos concretos, que otra manera de vivir juntos puede hacerse realidad.

Señaló que el predicador no es un referente mediático ni un actor en busca de aplausos, sino un mensajero del Reino que habla y actúa desde la fe. “No predicamos sistemas ni ideologías; predicamos el Evangelio”, mencionó, insistiendo que el Reino de Dios se hace visible hoy a través de obras de fraternidad, solidaridad y justicia.

Antes de concluir su reflexión, el director de Doctrina recordó a los asistentes que la auténtica predicación reclama una vida transparente y fiel al mensaje proclamado. Añadió que la Eucaristía alimenta esa fidelidad y anima la misión de ser discípulos y misioneros en medio de un país necesitado de voces que siembren esperanza.

 

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