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Día Mundial para la Prevención del Abuso: Raquel Barreto motiva a los laicos a liderar la construcción de una Iglesia segura, fraterna y confiable

Cada 19 de noviembre, la Iglesia en América Latina y el Caribe se une al llamado para promover entornos seguros y denunciar toda forma de violencia contra niños, niñas, adolescentes y personas en situación de vulnerabilidad. En este contexto, la prevención, la escucha y la construcción de una verdadera cultura del cuidado se vuelven compromisos ineludibles dentro de las comunidades eclesiales.

En ocasión de esta jornada, conversamos con Raquel Barreto Castro, laica paraguaya, formadora del Instituto de Pastoral de Juventud y facilitadora en temas de adolescencia y juventud en diversos ámbitos eclesiales. Integra la Comisión Episcopal para la Protección de Menores y Personas en Situación de Vulnerabilidad de la Conferencia Episcopal Paraguaya y es miembro activo de la Red Latinoamericana para la Cultura del Cuidado. Desde estos espacios, acompaña procesos formativos, comunidades y equipos pastorales comprometidos con la prevención, la escucha activa y la creación de ambientes verdaderamente seguros en la Iglesia.

En esta entrevista, Barreto comparte aprendizajes, desafíos pastorales y claves espirituales para avanzar hacia un cambio cultural, haciendo hincapié en la necesidad de trabajar desde la corresponsabilidad y una espiritualidad centrada en las víctimas, que, como recuerda, deben ser siempre “el punto de partida y el centro de nuestro compromiso eclesial”.

La corresponsabilidad fortalece la prevención

Pregunta: ¿Qué aprendizajes pueden compartir de casos, procesos o iniciativas exitosas de diócesis o congregaciones que ya están implementando buenas prácticas de prevención y cuidado?

Respuesta: La experiencia nos enseña que un mayor avance ocurre cuando se trabaja desde la corresponsabilidad comunitaria. Las iniciativas más sólidas nacen allí donde laicos, consagrados, clero, profesionales y agentes pastorales unen sus esfuerzos hacia un mismo propósito. Las buenas prácticas vienen favoreciendo ambientes de confianza, relaciones transparentes y procesos formativos permanentes que fortalecen la prevención.

Oración y espiritualidad pilares del cuidado

P.: ¿De qué manera la oración y la espiritualidad contribuyen a sanar heridas, prevenir abusos y sostener un cambio cultural profundo en nuestras Iglesias particulares?

R.: La oración y la espiritualidad son pilares imprescindibles para la sanación y conversión eclesial. Nos permiten volver a Cristo como fuente de toda justicia, verdad y reparación. Sin esta espiritualidad profunda y centrada en Jesús, cualquier medida preventiva se puede volver solo jurídica o administrativa. La verdadera cultura del cuidado nace de una espiritualidad de compasión, escucha, reparación y sinodalidad.

Trabajar por la Cultura del Cuidado es un camino que recién comenzamos, y solo podrá crecer si es acompañada por una espiritualidad sólida, una actitud orante permanente y un discernimiento comunitario que nos mantenga centrados en el Evangelio y en las víctimas, que deben ser siempre el punto de partida y el centro de nuestro compromiso eclesial.

Acciones prioritarias para espacios seguros

P.: ¿Qué acciones consideran prioritarias para asegurar que los espacios educativos, sociales o de atención administrados por la Iglesia sean realmente seguros para niños, adolescentes, personas vulnerables y comunidades enteras?

R.: Son varias y todas relacionadas entre sí, como la necesidad de sensibilización y formación permanente, la implementación y actualización de Líneas Guía claras para la prevención, actuación ante denuncias y acompañamiento a víctimas. Posibilidad de evaluación periódica de los ambientes físicos, pedagógicos y pastorales. Consolidar las Comisiones y equipos interdisciplinarios, las oficinas de escucha y recepción de denuncias, la promoción de relaciones libres de clericalismo, con liderazgo horizontal y corresponsable, entre otras.

Camino de verdad y protección

P.: Las Jornadas Internacionales de Oración, ¿cómo puede convertirse en un punto de inflexión para fortalecer el compromiso continental con la cultura del cuidado?

R.: Estas jornadas pueden transformar nuestras comunidades porque nos llaman a mirar con verdad el dolor de las víctimas, pedir perdón y reconocer errores y omisiones. Nos permiten cultivar una memoria sanadora y renovar públicamente el compromiso de prevención. Las Jornadas Internacionales de Oración nos sitúa como Iglesia de todo el continente, en un camino común de justicia, verdad y protección.

P.:  Algún mensaje que le gustaría transmitir.

R.: Quisiera dirigirme especialmente a los laicos. Nuestro bautismo nos compromete a participar activamente en la construcción de una Iglesia segura, fraterna y confiable, donde toda persona se sienta valorada y acompañada, especialmente los que atraviesan una situación vulnerable. Debemos evitar el clericalismo, promoviendo relaciones sanas y caminos de corresponsabilidad y sinodalidad como parte esencial de nuestra misión.

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