Sebastián Sánchez, de Argentina, integrante de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular, sindicato que nuclea a trabajadores y trabajadoras de la economía popular, compartió la experiencia de su organización, su vínculo con la Iglesia y su mirada sobre los desafíos actuales del trabajo en América Latina.
Economía popular, trabajo territorial y articulación con la Iglesia
Sánchez explicó que la organización nació en el seno de la economía popular y del trabajo informal, con el propósito de representar a quienes históricamente quedaron fuera del empleo formal: “Dentro de la Economía Popular, del trabajo informal, se armó un sindicato hace algunos años que representa a los trabajadores de la Economía Popular”. Desde entonces, comenzaron a acompañar a trabajadores y trabajadoras no solo en la organización del trabajo, sino también en aspectos de su vida como la salud y la educación.
En el área de salud, su tarea está centrada en situaciones de alta vulnerabilidad. “Yo lo que hago es acompañar a personas con problemas de adicciones, con problemas de consumo y personas que están en situación de calle”, contó. Se trata de un trabajo territorial, de base, que definió como “acompañar muy altruista”, siempre en contacto directo con la gente.
El vínculo con la Iglesia se fue tejiendo a partir del trabajo en los barrios. Recordó que entre 2011 y 2012 comenzaron a encontrarse con parroquias y sacerdotes en distintos territorios. “Empezamos a hacer trabajo en conjunto”, relató. Para 2015 ya estaban impulsando una política pública que, tras años de esfuerzo y lucha, se convirtió en una experiencia inédita a nivel nacional en Argentina: una política implementada por organizaciones sociales junto con el dispositivo eclesial Hogares de Cristo. Según explicó, hoy es “la única política pública que hay en todo el territorio nacional” en ese ámbito.
Continuidad al proceso iniciado por el Papa Francisco
Al referirse a los encuentros de movimientos populares convocados por el Papa Francisco, resaltó su importancia histórica, recordó que hubo dos encuentros, y resaltó que el Papa Francisco “puso a los movimientos populares en un lugar importante ya que eso no sucedía antes”. Para Sánchez, ese reconocimiento permitió visibilizar “el trabajo que realmente se viene llevando adelante en distintos países de Latinoamérica”, un trabajo de base, “muy rústico con pocas condiciones, acompañando diferentes situaciones”.
De cara al pontificado del Papa León XIV, consideró que enfrenta una etapa compleja: “Entendemos que está en un lugar bastante difícil e incómodo”, sostuvo, al tiempo que valoró que esté asumiendo la responsabilidad de “consolidar un proceso que inició Francisco”.
Interpretó como un gesto significativo que su primer documento haya sido Dilexi Te, al entenderlo como “una continuación de lo que ya había escrito Francisco” y como una señal de continuidad en el camino iniciado.
Nuevas tecnologías y riesgo de exclusión social
En el plano social y económico, Sánchez abordó el impacto de las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial y la robótica en el mundo del trabajo. Señaló que el modelo laboral tradicional “dejó de serlo hace mucho” y cuestionó que durante años se haya denominado “desocupados” a quienes en realidad trabajan intensamente en la economía popular. “Nosotros le llamamos trabajadores y trabajadoras de la economía popular porque trabajan el doble de cantidad de horas de una persona asalariada que tiene un trabajo en blanco”, expresó.
Según los datos compartidos en el encuentro, cerca del 50 por ciento de la población en América Latina trabaja en la informalidad. En ese contexto, advirtió que las nuevas tecnologías pueden profundizar la exclusión si no se diseñan políticas adecuadas: “No se están pensando políticas que contengan a todo ese sector de la gente”. A su juicio, existen dos riesgos: que algunos no comprendan que el trabajo cambió estructuralmente o que “estén contemplando esos nuevos trabajadores como excluidos y excluidas de la patria”.
También señaló la preocupación por el avance del crimen organizado en la región, al que consideró otro factor crítico que debe analizarse en paralelo a las transformaciones tecnológicas y laborales.
Camino de crecimiento
Respecto a los aportes y aprendizajes del Tercer Encuentro de Redes, hizo hincapié en la riqueza del intercambio con organizaciones de otros países. Señaló que el espacio permitió conocer experiencias vinculadas al trabajo con migrantes, la minería y el trabajo de mujeres, y realizar “un análisis bastante grande de lo que viven otros países hermanos”. Para su movimiento, el aporte fue compartir la experiencia territorial y, al mismo tiempo, “sumar y aprender”.
Por otro lado, se refirió a la Red de Comunidades Organizadas y su proceso de consolidación. Valoró que se tenga en cuenta a los movimientos sociales, ya que “trabajamos en el territorio” y comparten una mirada común sobre el sujeto social y el desarrollo humano integral, en línea con la enseñanza del Papa Francisco.
Consideró que aún queda “un gran camino” para que la red siga creciendo en articulaciones y redes, convencido de que “juntos vamos a hacer mucha más fuerza de la que venimos haciendo”.
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