La Iglesia en Ecuador, y de manera especial las comunidades amazónicas de Morona Santiago, viven horas de dolor y esperanza cristiana tras el fallecimiento del P. Enio Ramalho Esteves, salesiano misionero que perdió la vida el pasado lunes 26 de enero en un accidente aéreo ocurrido en la provincia de Morona Santiago, mientras realizaba un vuelo de carácter pastoral.
El siniestro ocurrió en la comunidad de Wishim, cantón Taisha, cuando una pequeña aeronave intentaba despegar tras culminar una jornada de servicio comunitario. En ella viajaban el P. Enio Estévez, párroco de la Zona Achuar; Danny Patricio López, piloto y gerente de AeroMorona; y Roberto Wisum Tsamaraint, secretario de la Misión Wasakentsa. Los tres tenían previsto pernoctar en la comunidad de Wasakentsa. Hasta el momento, las causas del accidente no han sido determinadas oficialmente.
Tras el impacto y la posterior explosión, habitantes de la comunidad acudieron para intentar brindar ayuda. La tragedia ha generado una profunda consternación en las comunidades de Taisha y en toda la provincia de Morona Santiago, donde las víctimas eran ampliamente estimadas por su vocación de servicio y entrega a los pueblos amazónicos.
“No murió, dio la vida”
El obispo del Vicariato Apostólico de Méndez, Mons. Néstor Montesdeoca, fue quien comunicó oficialmente la noticia y expresó el sentir de la Iglesia local: “Ponemos nuestra esperanza en el Señor que con seguridad les ha acogido en su Reino. Estamos conmovidos”. El vicariato, confiado a los misioneros salesianos desde 1891, es uno de los ocho territorios de misión presentes en Ecuador, la mayoría ubicados en la región amazónica.
El 28 de enero, Mons. Montesdeoca presidió la Misa de exequias en la Catedral Santuario Nacional Purísima de Macas. Al iniciar la celebración, dijo que la comunidad se reunía “a través de un misterio de dolor” por la partida inesperada del misionero salesiano, “venido desde tierras lejanas para testimoniar a Jesucristo y anunciar el Evangelio, especialmente a los pueblos Shuar y Achuar”.
Subrayó una convicción compartida por la Iglesia amazónica: “El padre Enio, al igual que Cristo, no solo ha muerto, ha dado la vida”, e invitó a vivir este momento como una Pascua, “ese paso de la muerte a la vida”, confiando en que desde la presencia de Dios continúe intercediendo por el Vicariato Apostólico de Méndez y por la misión que queda abierta.
Vida de Misión
El P. Enio Ramalho Esteves era originario de Timor Oriental, un pequeño país asiático católico y con una significativa presencia salesiana. Nacido en 1979 en una familia campesina, quedó huérfano de padre a temprana edad, experiencia que marcó su vida y su vocación. Tras la muerte de su padre, también ocurrida en un accidente, fue acogido en un orfanato salesiano, donde creció humana y espiritualmente. “Prácticamente toda su vida la vivió con los salesianos”, se recordó durante la homilía.
Realizó su Primera Profesión religiosa el 24 de julio de 2002 en Fatumaca. Estudió filosofía en Indonesia y, movido por una fuerte inquietud misionera, solicitó ser enviado como misionero ad gentes. En 2008, sus superiores aceptaron su petición y fue transferido canónicamente a la Inspectoría Salesiana del Ecuador, a donde llegó en 2009.
Luego de completar sus estudios de Teología en Colombia, fue ordenado sacerdote el 24 de mayo de 2014 en la Misión Salesiana de Bomboiza, por imposición de manos de Mons. Néstor Montesdeoca. Desde entonces, desarrolló su ministerio en diversas comunidades amazónicas: entre 2014 y 2017 en Bomboiza, donde fue vicario, consejero, párroco y ecónomo; entre 2017 y 2020 en la Misión Salesiana de Yaupi, como director, ecónomo y párroco; y desde 2023 en la Comunidad Beato Ceferino Namuncurá de Wasakentsa, donde ejercía como párroco y vicario.
Humildad, vocación y obediencia
Durante la homilía, el P. Marcelo Farfán, Inspector Salesiano del Ecuador, resaltó tres rasgos de la vida del P. Enio. El primero, su humildad: “Su grandeza fue su humildad”, dijo, subrayando su cercanía, su capacidad de diálogo y su manera sencilla de anunciar el Evangelio. “No había barreras con él”, recordó.
El segundo rasgo fue su vocación salesiana y misionera. Fue capaz de dejar su tierra, su familia y su cultura para servir al pueblo que Dios le confió. “Eso solo se entiende desde una auténtica vocación misionera”, señaló, remarcando cómo encarnó el carisma de Don Bosco a través del deporte, la animación comunitaria y su cercanía con niños y jóvenes.
El tercer elemento fue su obediencia: “Estuvo donde tenía que estar”, compartió el Inspector, señalando que las circunstancias de su muerte expresan la radicalidad de su servicio. Recordó una frase de Don Bosco: “Cuando un salesiano muere en el trabajo, ese es un día de gloria para la congregación”. El P. Enio, dijo, “murió sirviendo”.
Voces de la Iglesia y solidaridad panamazónica
La Inspectoría Salesiana de Ecuador agradeció a Dios “por su vida entregada, por su testimonio silencioso y fecundo”, confiando en que su memoria permanecerá viva en las comunidades y en los jóvenes que acompañó. El P. Enio contaba con 23 años de profesión religiosa y 11 años de sacerdocio.
La Red Eclesial Panamazónica (Repam) expresó también su pesar y solidaridad. En un comunicado firmado por Mons. Adalberto Jiménez, presidente de la Repam Ecuador, se agradeció a Dios “por su misión abnegada al servicio de los pueblos Shuar y Achuar, en el cuidado y defensa de la vida en la Amazonía ecuatoriana”, y se pidió consuelo y fortaleza para los familiares, amigos y la congregación.
El cardenal Luis Cabrera, arzobispo de Guayaquil, manifestó igualmente su cercanía, agradeciendo a Dios “por el don precioso de su vida y vocación sacerdotal” y expresando su solidaridad con la comunidad salesiana y los familiares del misionero.
REPAM ECUADOR nota solidaridad
Semilla de esperanza
En el marco de la celebración exequial, se recordó que el testimonio del P. Enio no se apaga con su muerte. “Su vida entregada será semilla”, se dijo, semilla de nuevas vocaciones y de un compromiso renovado con la misión en la Amazonía. “Nos muestra que también hoy, en el siglo XXI, hay auténticos cristianos y misioneros que siguen anunciando a Dios no solo con palabras, sino con la vida”.
La Iglesia confía ahora su vida al Señor, a quien sirvió con alegría, convencida de que descansa en sus brazos como “siervo bueno y fiel”, y acompaña con oración y esperanza a las comunidades Shuar y Achuar que hoy lloran a un hermano, un pastor y un misionero.
Fotos: Inspectoría Sagrado Corazón de Jesús
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