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El camino del Celam en 70 años de historia, misión evangelizadora y compromiso con el continente

Foto: ADN Celam

Se cumplen siete décadas desde que el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam) fue creado durante la I Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, realizada en Río de Janeiro en 1955. En el marco de esta fecha celebrativa, el organismo hace memoria de su historia como un largo proceso de comunión, discernimiento y compromiso pastoral con los pueblos de América Latina y el Caribe, todo ello animado por el impulso del Evangelio y los signos de los tiempos.

Recordar este acontecimiento eclesial permite releer la historia vivida y esta se puede hacer a través de cinco Conferencias Generales y una Asamblea Eclesial, que han marcado verdaderos puntos de inflexión en la configuración del rostro de la Iglesia latinoamericana y caribeña. Cada una de estas instancias ha respondido a momentos históricos puntuales y ha permitido profundizar la misión evangelizadora, la opción preferencial por los pobres y la sinodalidad como modo de ser Iglesia.

Conferencias que han marcado el rumbo pastoral y teológico

Desde la primera Conferencia en Río de Janeiro hasta Aparecida, transitando por Medellín, Puebla, Santo Domingo y la Asamblea Eclesial celebrada en 2021, el Celam ha brindado un espacio importante de comunión episcopal, donde la reflexión colectiva y la escucha se han visto plasmadas en acciones pastorales al servicio de los pueblos de manera especial con los más vulnerables . Estos espacios han permitido renovar el pensamiento teológico y la acción pastoral en la región, además de una renovada apuesta por la vida, el respeto a la dignidad humana y la construcción de justicia social.

Medellín (1968), en plena consonancia con el Concilio Vaticano II, aportó una interpretación profética de la realidad, que dio inicio a una etapa de fuerte compromiso con los más necesitados. Puebla (1979) profundizó esta misma opción, en un momento marcado por fuertes tensiones expresando un mensaje claro y contunden sobre el papel de la Iglesia en el presente y el futuro de la región . Por su parte Santo Domingo (1992) aportó una renovada perspectiva en lo cultural y social, mientras que Aparecida (2007), con un marcado impulso misionero, consolidó el llamado a una Iglesia en salida, centrada en la evangelización y el discipulado.

La Asamblea Eclesial: paso hacia una Iglesia sinodal

Su más reciente aporte fue a través de la Asamblea Eclesial celebrada en 2021, que significó un importante hito en la historia eclesial del continente. Esta fue convocada como una nueva propuesta a la Conferencia General, evento inédito —animado por el Papa Francisco— que permitió la participación por primera vez de miles de personas de diversos carismas, vocaciones y orígenes. Fue una experiencia que dejó denotar una Iglesia que escucha, discierne y camina en comunión, además llevó hacia un proceso de renovación y reestructuración del Celam y al camino recorrido del actual Sínodo de los Obispos.

Este proceso de escucha celebrado por primera vez ha permitido renovar la mirada sobre las urgentes necesidades pastorales y trayendo varias lecturas intuitivas de Aparecida aún sin atender, y abriendo nuevos senderos para ser una Iglesia en conversión misionera. Utilizando el signo de la sinodalidad, la Asamblea ha querido reafirmar que toda la comunidad eclesial tiene derecho a voz y la tarea responsable de hacer parte activa de la vida y misión de la Iglesia.

Una historia viva en comunión y servicio continental

A lo largo de 70 años, el Celam ha sido fiel a su propósito fundacional: “fortalecer la comunión entre las 22 Conferencias Episcopales de América Latina y el Caribe, y acompañar el caminar pastoral del continente”. Desde sus inicios en la sede de Bogotá, ha promovido el servicio, la colegialidad y el discernimiento compartido, siendo testigo de los grandes desafíos y esperanzas que marcan la historia de los pueblos latinoamericanos y caribeños.

Hoy, al observar el camino recorrido, el Celam ratifica su fiel compromiso de continuar siendo una voz profética, espacio de diálogo eclesial y motor de renovación pastoral al servicio de una Iglesia en la región que quiere ser cada vez más samaritana, cercana y sinodal, anunciando el Reino de Dios con alegría, audacia y esperanza.

 

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