La Comisión de Salud del Senado de Chile aprobó recientemente la idea de legislar sobre un proyecto de ley que busca despenalizar la eutanasia. Esta iniciativa, impulsada por el Presidente de la República, ha generado un amplio debate social y político en el país. En respuesta, el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh) emitió una declaración pública en la que expresa su preocupación y su rechazo a la medida, señalando que se trata de un quiebre con principios fundamentales de la ética y la fe.
“La eutanasia es moralmente inaceptable”
En el texto, los obispos recuerdan que la enseñanza de la Iglesia y de la razón natural ha sido clara en torno a la defensa de la vida humana, sin importar las circunstancias.
Citando a San Juan Pablo II, señalan que “la eutanasia sigue siendo un acto inadmisible, incluso en casos extremos, ya que constituye una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana” (Evangelium Vitae, n. 65).
El comunicado resalta que la compasión, aunque necesaria, no puede confundirse con la acción de poner fin a la vida: “La eutanasia se presenta a menudo falsamente como una forma de compasión. En cambio, la verdadera compasión significa ‘sufrir con’, acompañando y compartiendo la carga de las personas que enfrentan la última parte de su peregrinaje terrenal”, recordaron, citando palabras recientes del Papa Francisco.
Advertencia sobre las consecuencias de la ley
El documento hace referencia a la Carta Samaritanus Bonus sobre el cuidado de personas en fase crítica y terminal de la vida, donde se afirma que “la eutanasia es un acto intrínsecamente malo, en toda ocasión y circunstancia”.
Los obispos expresaron su preocupación por las consecuencias que una legislación de este tipo podría tener en el sistema de salud y en la sociedad chilena. Según la declaración, aprobar la eutanasia significaría “un quiebre radical con la praxis médica que, durante siglos, ha sido guiada por el respeto a la dignidad de la vida humana”.
Asimismo, señalan que la medicina tiene como misión natural la restauración y el cuidado de la vida, por lo que, cuando se orienta a terminarla, se desvirtúa su esencia: “Cuando la práctica médica se orienta a terminar la vida, pierde su misión esencial y se convierte en una extensión de un daño que es necesario denunciar con claridad”.
Llamado a fortalecer los cuidados paliativos
Los obispos, también advierten que la experiencia internacional muestra que, una vez legalizada, la eutanasia tiende a ampliarse progresivamente hacia más causas y casos, derivando en lo que llaman “medicina del deseo”, donde el valor de la vida se mide por la utilidad o por decisiones individuales.
Como alternativa, el Comité Permanente planteó el desarrollar y financiar programas de cuidados paliativos, los cuales tienen como objetivo aliviar el sufrimiento y mejorar la calidad de vida de las personas con enfermedades graves o terminales.
“Su objetivo principal es acompañar al paciente y a su familia, respetando la dignidad humana y ofreciendo una asistencia completa que incluye los aspectos físicos, psicológicos, sociales y espirituales”, señalaron.
Objeción de conciencia y legitimidad de la ley
La autoridades eclesiales instaron a que las leyes y los recursos estatales se prioricen en esta área: “Estimamos del todo necesario que las leyes destinen a esta finalidad los recursos que sean del caso, dándoles prioridad por sobre otros fines legítimos”.
El documento también reflexiona sobre la validez moral y jurídica de una ley que permita la eutanasia. “Una ley humana sólo es válida y legítima cuando está en conformidad con la razón natural. Cuando se opone a ella, deja de ser ley y se convierte en un acto de violencia”, expresaron.
Por esta razón, señalaron que, en caso de aprobarse, los profesionales de la salud y los ciudadanos tendrían el derecho a ejercer la objeción de conciencia, negándose a participar en prácticas que consideren contrarias a la ética y la vida.
Confianza en el rol del Senado
Pese a la aprobación inicial en la Comisión de Salud, los obispos manifestaron su confianza en que el Senado, como institución, asumirá su rol de resguardar la vida y el bien común.
“Confiamos en la sabiduría del Senado y en su responsabilidad de proteger la vida, por lo que esperamos que no se apruebe una legislación que permita la eutanasia”, sostuvieron.
Asimismo, recordaron la función mediadora del Senado en el sistema político chileno: “Es conocida su misión mediadora, que combina la representación de la pluralidad nacional, el control del Poder Ejecutivo y logra una síntesis de intereses en la defensa del bien común y la dignidad humana”.
Oración por la defensa de la vida
La declaración concluye con un pedido de oración, poniendo la situación en manos de Dios y recordando el quinto mandamiento: “Jesús mismo reafirmó el 5to mandamiento: no matarás, en el contexto de los demás preceptos morales” (Mt 19, 18-20).
Los obispos expresaron su deseo de que la nación se mantenga firme en la defensa de la vida: “Que Dios no permita que leyes injustas intenten regir a nuestra amada Patria”.
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