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El Corazón de Jesús late con fuerza por cada persona con discapacidad en Panamá

Foto: Episcopado panameño

La Parroquia Jubilar Nuestra Señora de Lourdes, fue epicentro de una emotiva celebración eucarística donde monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, arzobispo de Panamá proclamó este 27 de junio que “el Corazón de Cristo late con fuerza por cada persona con discapacidad”,

Fue una eucaristía cargada de simbolismo: la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y el Jubileo de las Personas con Discapacidad. Al respecto el arzobispo panameño señaló que la verdadera grandeza de la Iglesia se mide por su capacidad de integrar a los más frágiles, no de marginarlos. “El Corazón traspasado de Cristo sigue latiendo con ternura especial por quienes el mundo considera frágiles”.

Ternura divina y dignidad inquebrantable

Ulloa recordó que el Sagrado Corazón no es “una metáfora romántica”, sino el signo de un amor “herido y entregado” que prioriza a quienes el mundo considera “menos valiosos”. Desde esa mirada, aseguró que la discapacidad jamás disminuye la dignidad ni el llamado a la santidad. “Cada uno es sujeto de evangelización, no objeto de compasión”.

El líder religioso cuestionó prácticas pastorales que, aun con buenas intenciones, continúan levantando barreras invisibles. Pidió a revisar catequesis, liturgias y espacios parroquiales para garantizar participación real. “Decir ‘bienvenidos’ no basta; la casa debe estar pensada para todos”. El Jubileo, añadió, “no es gesto simbólico, sino acto de justicia y conversión eclesial”.

Pobreza y discapacidad, un círculo que urge romper

Citando cifras que superan las 400 000 personas con discapacidad en Panamá, muchas en pobreza extrema, el arzobispo puso en evidencia la falta de acceso a educación inclusiva, empleo y ayudas técnicas. Fue así como lanzó un llamado al Estado, la empresa privada y la sociedad civil a practicar “empatía y solidaridad” para que nadie quede fuera de los derechos fundamentales.

Ulloa resaltó el testimonio de familias y fieles con discapacidad, a quienes describió como “maestros del amor sencillo, sin máscaras”. Su ejemplo —dijo— purifica la comprensión cristiana del servicio y revela “lo esencial que a veces los fuertes olvidan”.

Al cierre de su homilía, el arzobispo pidió que la celebración marque “un antes y un después” en la vida de la Iglesia. “Que abracemos la fragilidad, transformemos la mirada y caminemos juntos hacia el Reino”. Instó a las personas con discapacidad a ofrecer su fe y su alegría, recordándoles: “Ustedes están en el centro del Corazón de Jesús”.

 

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