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El V Congreso Nacional de la Comisión Pastoral de la Tierra de Brasil concluye con una invitación a “romper las cercas y tejer redes”

Con la publicación de una carta concluyó el V Congreso Nacional de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), donde más de 1.000 participantes proclamaron su palabra profética desde Upaon-Açu, Isla de São Luís, con el lema: “¡Rompiendo cercas y tejiendo redes! ¡La tierra es de Dios!”, celebrando su 50 aniversario, del 21 al 25 de julio.

Red viva de pueblos, espiritualidad y compromiso

Desde asentamientos rurales hasta comunidades quilombolas, indígenas, campesinas, ribereñas, del sertão y del Pantanal, las voces reunidas en este encuentro se alzaron para denunciar los cercos del agronegocio, la violencia estructural del capital, y para anunciar con poesía y espiritualidad otra forma de habitar la tierra: en comunión, justicia y esperanza.

“Llevamos la tierra de nuestra tierra en las suelas de nuestras sandalias”, dice la carta final del Congreso. A través de ese símbolo, los y las congresistas quisieron expresar que no llegaron solos: llegaron con sus territorios, sus dolores y su fe ancestral. Fueron campesinos, mujeres, jóvenes, obispos, sacerdotes, agentes pastorales, chamanes, madres de santos, pastores y pastoras, todos impulsados por “el aliento de la sabiduría divina”.

La carta afirma que los 50 años de la CPT son también 50 años de “Presencia, Resistencia y Profecía”, y con ello, se asume un compromiso renovado por una conversión que haga de la acción pastoral una “levadura sazonada con coherencia”. A través de los testimonios recogidos en São Luís, se denunció que la tierra sigue siendo cercada, explotada, herida: “El agronegocio vino a matar el planeta, y somos parte del planeta”, se lee en uno de los testimonios.

La palabra profética de las mujeres y los jóvenes

Los participantes denunciaron el avance del monocultivo, las fumigaciones tóxicas, los megaproyectos eólicos, la minería extractiva y el trabajo esclavo, todos como rostros del capital que quieren transformar a las comunidades en “un monocultivo”. La CPT lo expresa con crudeza: “Nos enfrentamos a los cercos del latifundio que asfixian, matan y dañan nuestras vidas y las de todas las vidas de nuestra Casa Común”.

Las mujeres fueron mayoría en el congreso, y su voz se escuchó con fuerza: “Nuestros cuerpos se alimentan de la savia del planeta. No tememos morir, nuestros descendientes son semillas sembradas en la lucha”, declararon. Reivindicaron su rol como puente entre la ancestralidad y el futuro, como profetisas de la vida que caminan “hombro con hombro con los hombres”.

Las juventudes, por su parte, asumieron su rol como protagonistas del presente: “¡No somos el futuro, somos el presente!”, manifestaron, comprometiéndose a mantener viva la memoria de los territorios y a resistir la seducción del capital que ofrece falsas promesas. “Desde el duelo, luchamos. Solo romperemos cercas si tejemos redes”, afirmaron con contundencia.

Espiritualidad que brota de la tierra

El congreso también estuvo impregnado de una espiritualidad plural y encarnada, con rituales y símbolos de distintas tradiciones. La carta final menciona la bendición de Doña María Roxa, chamana Akroá-Gamella, el uso del aceite de coco babasú y del aceite de andiroba, así como la presencia de Santa María Magdalena, figura del amor convertido en comunión: “Mientras haya mujeres en el mundo, no nos vencerán”, fue una de las frases resonantes del encuentro.

El mensaje final también incorpora un recuerdo de Pedro Casaldáliga, uno de los profetas de la tierra en América Latina: “¡Malditas sean todas las vallas que nos impiden vivir y amar!”. Con esa consigna, la CPT ratificó su compromiso con la reforma agraria popular, la defensa de los territorios tradicionales y la construcción de una sociedad en la que la tierra no sea mercancía, sino don de Dios compartido.

A 50 años de su fundación, la CPT mira al pasado para honrar a sus mártires, pero también para reafirmar la resistencia colectiva y anunciar que otra forma de vida es posible: “Somos un gran esfuerzo colectivo, formado por vivos y muertos, fuerzas encantadas y santos, aguas y vientos, árboles y campos, abejas y hormigas”, proclama el texto, en una bella metáfora de comunión cósmica y solidaridad espiritual.

“Si avanzamos hacia el apocalipsis, recordamos que el Apocalipsis de Juan es el Libro de la Esperanza: es el fin del mundo de los poderosos y el comienzo del tiempo de Justicia y Paz”, afirma el mensaje que desde Maranhão, invita a toda la Iglesia, a los movimientos sociales y a los pueblos: a seguir rompiendo cercas, tejiendo redes, defendiendo la vida y celebrando el jubileo de la tierra: “Para siempre”.

Carta-V-Congresso-da-CPT

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