Emilce Cuda, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina (PCAL), participó este 1.° de julio con los presidentes de las Conferencias Episcopales de América Latina, África y Asia en la rueda de prensa con la que presentaron el documento “Un llamado a la justicia climática y la casa común”.
Podría decirse que como buena orfebre, Cuda ha calculado cada uno de los pasos que la Iglesia universal ha venido dando en materia social y ecológica, entre estos, la COP 30 a realizarse en noviembre en Brasil.
Aseguró a Vatican News en español que el documento surgió de una inquietud nacida en América Latina, identificando estos indicios del cuidado de la casa común en la Conferencia General del Episcopado de Aparecida (2007).
Es así como invitaron a trabajar a los otros dos continentes y, por supuesto, el entonces Papa Francisco “estuvo muy contento y aprobó esta capacidad de organización”.
Organización y comunidad
Para esta laica argentina lograr una buena organización depende del “principio de la subsidiariedad” sustentado en la doctrina social de la Iglesia, porque ser Iglesia supone que somos primero comunidad de fieles.
“Nos olvidamos que somos cristianos católicos, no nos damos cuenta que la clave de la salvación es hacer comunidad”, aseguró. En ese sentido, como creyentes debemos tomar posición y organizarnos.
La Iglesia no es solo “un amontonamiento de personas en la fila para esperar un transporte”, también es una comunidad, es una organización, que combate el individualismo.
Justamente – explica – lo que “estamos haciendo ahora es esta organización intercontinental no es otra cosa que la catolicidad, como decía el Papa Francisco, un pueblo es aquel que tiene la capacidad de unirse para salvarse y esa unidad es tener una sola alma, todos como una sola alma”.
Reaccionar con amor
Cuda recordó que la catolicidad “no es solamente clero” también son las universidades, los gobiernos, los artistas. Por supuesto, “nuestros pastores están adelante, en el medio y atrás, ahora se han puesto valientemente adelante y han expresado la voz del sur global”.
Claro está, todo este gesto profético es simbólico, porque “no tenemos la capacidad de tomar decisiones políticas ni financieras”, pero sí de conversar con la gente y anunciar la buena nueva.
“El Evangelio de Jesucristo nos dice, ‘he venido para que tengan vida y vida en abundancia’, por ende, si la vida que tienen nuestros pueblos no es buena ni abundancia, entonces tenemos todo el derecho evangélico de reaccionar, pero reaccionar con el amor”, agregó.













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